14 de junio de 2026

Crimen perfecto

11 de junio de 2017
Por John Sajje
Por John Sajje
11 de junio de 2017

Por John Sajje

Jean Baudrillard escribió hace unos años un ensayo titulado El crimen perfecto (Anagrama, 1996) en el que mantenía la tesis de que en nuestra época se producía el asesinato de la realidad.  Donde sostenía  la historia de un crimen y del exterminio de una ilusión, la ilusión vital, la ilusión radical del mundo. Pregonando la tesis de que  lo real no desaparece en la ilusión, es la ilusión la que desaparece en la realidad integral. Resaltando que si las consecuencias del crimen son perpetuas, es que no hay asesino ni víctima. Si existiera alguna de las dos cosas, un día u otro se despejaría el secreto del crimen, y se resolvería el proceso criminal. El secreto, finalmente, consiste en que uno y otro se confundan «En último término, el asesino y la víctima son una misma persona. Sólo podemos concebir, decía, la unidad de la raza humana si podemos imaginar, en todo su horror, la verdad de esta equivalencia esencial.»

¡¿Asesinato de la realidad?!¿Cómo es eso del asesinato de la realidad?

Podría ser, por ejemplo,  malecones que caen por el aneurisma de un río y la indolencia de una interventoría de bolsillo. Restaurantes escolares que buscan las minutas en los estrados judiciales. Uniformes deportivos que se juegan el erario en el picadito del barrio. Fiestas, ferias, bacanales y saturnales que dan, desde amnesia, hasta alcaldías. Predios que se lotean  con posición dominante y cuota de participación. Pavimentos revestidos de sudor y asfalto de los más pobres que votan como mano de obra descalificada. Acueductos que llevan por sus alcantarillas molicie, clientelismo, sobrecostos y las aguas negras de la corrupción. Es eso que se repite, al considerar que el mal funcionamiento de las instituciones públicas es un aspecto que evidencia la ineficiencia estatal y hace del clientelismo no un mero problema administrativo, sino también político, cultural y comportamental. Comprenderlo sin judicializarlo, satanizarlo o patologizarlo puede contribuir a desarrollar mecanismos democráticos que adopten viejas formas de hacer política en el país.

¡Nada más preocupante que una buena noticia! El decreto 940 del 5 de junio de 2017 podría ser el asesinato de una realidad. Reglamentar la Ley de Presupuesto general de la Nación para darle 84 mil 768 millones de pesos a Caldas por la venta de Isagen,  es entender que ¡Guido si fue el chico del gran mandado! y que  los sendos 6 mil y tantos millones que entraran a las arcas de los 7 municipios de la confluencia del embalse hidroeléctrico, producto de los por 6,5 billones de pesos  en que  vendieron –a la  filial del canadiense Brookfield Asset Management– la generadora, podrían generar alegría de festín. ¿¡Irrisorio! Cierto? Pero eso es el asesinato de la realidad. ¡¿Cuantas orquestas, artistas y contratistas se podrán contratar?, ¿Cuántos muritos podemos hacer? ¿Cuántos lotes con sobrecostos podremos comprar? ¿Cuántas verdaderas carreteras podrán  sustituir trochas en Caldas? ¡Son más  de 6 mil millones! ¡Bah! ¡Qué ilusión! El crimen perfecto.

¡Nada más preocupante que una mala oposición! La oposición del chisme! De esos policastros que en los cafés juegan al chisme, al murmullo. Que se consideran enemigos en vez de contradictores. De los que no dan soluciones y a todo dicen NO! Y es que los cambios políticos de las últimas décadas, desdibujaron  las ideologías, rompieron las fronteras de la decencia, los partidos se llenaron de gases, porque se empezó a hacer política de estómago; impactando no sólo al Estado, sino también a las concepciones de las ciencias sociales sobre lo público, la democracia, la ciudadanía, la participación, la transparencia y la corrupción, entre otros aspectos. Son algo más de 42 mil millones para seguir con los mecanismos de inclusión vertical en los municipios del oriente, hegemonía del poder con el mejor ventrílocuo y la minuciosa repartija burocrática entre quienes les apoyaron como espacio de clientela. Ahora sí ¡el crimen perfecto! Pero ¿acaso no es un crimen verdaderamente perfecto que el principal municipio del oriente: La Dorada no tenga participación en el negocio, ni siquiera con Bellavista? ¡Súper perfecto, no tiene doliente! Hubo una época en la cual La Dorada estaba en el mapa de Caldas. Tan perfecto que ¡no tiene dirigencia!

Terminaba diciendo Jean Baudrillard, “Vivimos en la ilusión de que lo real es lo que más falta, cuando ocurre lo contrario: la realidad ha llegado a su colmo” ¡la plusvalía del CVY!

A propósito, ¿cuál cree usted que es el colmo de la corrupción en su municipio? Si no existe, fue ¡un crimen perfecto! ¿Tan perfecto como el de la Dorada?