5 de mayo de 2021
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El centenariio de Fernando Londoño Londoño

19 de diciembre de 2010
19 de diciembre de 2010

Los otros dos fueron Gilberto Alzate Avendaño y Silvio Villegas. Pero, ¿Quién fue Fernando Londoño Londoño? Como es posible que las nuevas generaciones de caldenses no lo sepan, aquí vamos a decirles quién fue este hombre que le dio lustre a Caldas por haber sido uno de los tribunos más fogosos que tuvo el Partido Conservador.

Fernando Londoño Londoño fue un brillante abogado egresado de la Universidad del Cauca en 1932, que a la edad de 18 años, cuando apenas iniciaba sus estudios universitarios, debutó como diputado de la Asamblea del Cauca, en calidad de suplente de Guillermo León Valencia. Y a los 23 fue escogido como presidente del Directorio Conservador de Caldas. ¿Por qué comenzó a figurar en la vida pública a tan temprana edad? Hay que aclarar que no fue por el caudal de votos con que contaba. Comenzó a brillar porque estaba dotado de cualidades superiores. En ese tiempo la política se hacía motivando a los electores con el evangelio de la palabra. Y él era un demiurgo que sabía manejar el lenguaje para cautivar a las masas.

Fernando Londoño Londoño se encumbró en la vida pública por la consistencia de su formación humanística. Fue un verdadero esteta de la palabra. En su oratoria se destacaba, además del timbre magnífico de la voz, su versación literaria; el verbo resplandecía en sus labios. Su elocuencia, matizada de una erudición poco común en un tribuno, le granjeó la admiración de sus conciudadanos. Este manizaleño recorrió a Colombia embrujando con su verbo encantado auditorios que ovacionaban sus intervenciones. En el foro, en la plaza pública, en el parlamento, dejó la impronta de su pasión por la estética. De su garganta privilegiada brotaron catilinarias que demostraban su jerarquía en la oratoria. La palabra fue su arma de combate en la arena política.

Su trayectoria en la vida pública lo muestra como un líder a quien sólo le faltó coronar su periplo vital luciendo en su pecho la banda tricolor que lo identificara como Presidente de la República. Desde luego, tenía la formación para alcanzar este honor. Londoño Londoño fue Concejal de  Manizales, Representante a la Cámara, Senador de la República, Juez del Circuito, Embajador,Gobernador de Caldas, Alcalde de Manizales y Magistrado de la Corte Suprema. En el gobierno de Mariano Ospina Pérez desempeñó el Ministerio de Relaciones Exteriores. Y en el de Alberto Lleras Camargo el Ministerio de Gobierno. En todos estos cargos públicos demostró su celo en el manejo de los recursos del Estado. Para él, los dineros públicos eran sagrados.

Como escritor, fueron muchas las páginas que con la firma de Fernando Londoño Londoño convocaron a los caldenses alrededor de la belleza literaria. La magia de su palabra quedó sin firma en cientos de editoriales que escribió para el periódico La Patria. De su amor por el lenguaje henchido de esteticismo queda el libro "La palabra iluminada", publicado en 1999. Sin embargo, le quedó debiendo a la literatura colombiana un gran libro de ensayos; tuvo el bagaje intelectual para escribirlo. En sus discursos abordó los grandes temas nacionales y, sobre todo, afloró su devoción por la estética. Desafortunadamente, Caldas no tiene hoy líderes políticos de su talla, con formación humanística, que alcancen renombre por su talento como oradores.  

La conmemoración de los cien años del natalicio de Fernando Londoño Londoño nos invita a reflexionar sobre la verdadera esencia formadora de la política. Sobre todo porque desaparecieron los líderes con altura intelectual, formados en múltiples lecturas. La de Londoño Londoño fue una época distinta. Se llegaba a esta actividad por convicción, no por conveniencia. Para alcanzar los honores que la democracia brinda a sus mejores hijos no pesaba el dinero. Es decir, no se compraban, con plata, los respaldos políticos. Las dignidades se ganaban por el brillo de la inteligencia. Cuánta falta hacen líderes como Londoño Londoño. Ahora cualquiera puede ser Padre de la Patria. Sólo necesita aliarse con los delincuentes. Eso nos dejó la parapolítica. Dirigentes que hicieron pactos para asegurar, mediante la coacción armada, una curul. ¡Qué Tristeza!