Los zapatos del abuelo
Ayer, en los fastos de la instalación del nuevo gobierno, rondaban un reportero gráfico y un camarógrafo con la esperanza de poder cumplir una misión específica: captar con sus lentes los zapatos del debutante ministro de Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, y atreverse a preguntarle si el calzado que llevaba había pertenecido a su ilustre abuelo, el presidente Carlos Lleras Restrepo, uno de los colombianos más recordados del siglo XX por su enorme dimensión intelectual y su indiscutible principio de autoridad. La sobriedad de los actos impedía el rito de suela llerista al marmóreo piso palaciego.
Contraplano estableció que el jefe de Cambio Radical suele meterse en los zapatos que heredó de su ídolo en ocasiones memorables en las que desea tener suerte y salir airoso en sus empeños partidistas. Los tiene como especie de talismán. Parece que el agüero le ha dado, hasta ahora, buenos resultados. Sus asistentes le atribuyen al singular amuleto la suerte de haber salido con vida de dos atentados dinamiteros lanzados por sus enemigos para tratar de sacarlo del camino al poder con el que sueña desde cuando de niño correteaba por pasillos, vericuetos y escritorios del Palacio de San Carlos, donde su cariñoso abuelo trabajaba, en largas jornadas, como tercer Mandatario del Frente Nacional.
No tenemos pistas sobre el color, número y estado de los zapatos. Ignoramos si son mocasines o de atar con cordones y si han sido remontados en alguna zapatería remendona de las que quedan en los viejos barrios bogotanos. Nos falta por averiguar, asimismo, si el calzado que heredó el ex senador Vargas fue utilizado por su entrañable ancestro cuando habitó, como Presidente, en Palacio, entre 1966 y 1970, o en la recta final de su fecunda existencia, que concluyó el 27 de septiembre de 1994.
Los viejos zapatos hicieron parte del equipaje de la pasada campaña presidencial radicalista, en la que alcanzó el tercer lugar en los guarismos electorales, detrás de Santos y Mockus. Vargas se los ponía cuando la masa fervorosa se hacia presente en plazas públicas. No los repetía en recintos cerrados por la rigurosidad de los actos programados. Además, desentonaban con sus camisas, camisetas y pantalones que componían el vestuario moderno del candidato. Cuando el cambio de calzado era demasiado notorio, nadie de la comitiva se atrevía a preguntar sobre el asunto. Entre el legado de su abuelo, escogió los zapatos por varias razones, vale decir agoreras y premonitorias. Admite que le imprimen firmeza a su humanidad y al pensamiento. En el fondo, el político bogotano ha creído que el espíritu de su abuelo lo acompaña, circunstancia que es mayormente notable cuando usa sus calzados que cuida con particular esmero, como a las niñas de sus ojos.
El Ministro debutante espera no convertirse en una piedra en el zapato para Santos, su nominador. En la gestión que acaba de iniciar, al frente de las carteras de Interior y de justicia, les dirá a los parlamentarios de la coalición santista que cada cual sabe dónde le aprieta el zapato. Espera repetir con el poeta argentino Homero Expósito que “en la vida se cuidan los zapatos, andando de rodillas” y al evocar la herencia del Gran Lleras, dirá con el bardo cartagenero Luis Carlos López, El Tuerto, en el canto a su ciudad nativa: “… Mas hoy, plena de rancio desaliño/ bien puedes inspirar ese cariño/ que uno le tiene a sus zapatos viejos”.
La apostilla: Cuando el difunto senador Víctor Renán Barco vislumbró que el nieto heredero de los zapatos del Presidente Lleras Restrepo tenía garra y futuro promisorio en la política colombiana, dijo: “Ese muchacho tiene mucho de Vargas, pero tiene más de Lleras”.