17 de mayo de 2021
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De Guatemala a «Guate»…»

26 de agosto de 2010
26 de agosto de 2010

Claro está que no todos corren con buena suerte, como el caso de una colombiana a quien encontré en Madrid y uno de los botones del hotel me la presentó como oriunda de Medellín.

En efecto, conocí a una mujer de treinta o treinta y cinco años de edad, con una apariencia muy agradable y al invitarla a almorzar de contó su historia: era de Bucaramanga y no de Medellín, en donde se desempeñaba como empleada de una corporación bancaria, tenía una pequeña hija de ocho años y estaba separada. Unos amigos que vivían en España (Barcelona) la ilusionaron para que viajara y entonces vendió muebles, un carro y dejó a su hija con la abuela. Tomó todos sus recursos, los convirtió en euros y se marchó a Barcelona. Y allí comienza su calvario: sus mismos amigos le roban el dinero y queda en el asfalto. Recurre entonces a una tía que era juez en Bucaramanga y ésta “negocia” con un ciudadano español la custodia de un hijo que ha tenido con una bumanguesa: si le ayuda a su sobrina que se encuentra en Barcelona, le otorga la custodia del hijo. Dicho y hecho.

El empresario español llega a España, se pone en contacto con la sobrina de la juez y la lleva a Madrid, donde le paga tres meses de hotel y le entrega dinero para su comida durante dos meses, mientras consigue trabajo. Me decía que la única oferta que recibía era para prostitución. Después de muchos trabajos y de recibir el apoyo de Caritas, consiguió empleo para cuidar a una anciana, sólo que era de medio tiempo y con ese ingreso apenas se sostenía. De sus ojos brotaron algunas lágrimas cuando me leyó una carta que le había enviado su pequeña hija en donde le decía que “cuando yo sea grande quiero ser una mujer importante como tú…”

Tal como lo expresa José Izquierdo Alzuyet en un trabajo titulado “España: inmigración y trabajo, ilusiones y realidades”, el mercado de trabajo español no sólo está enfermo sino en cuidados intensivos. Las cifras que cifra son contundentes: “¿La ilusión de un pleno empleo se ha conseguido?, no. Se recurre a trucos para no reconocer el fracaso de un pleno empleo, como el de difuminar la realidad. ¿Cómo? El primer dato que se daba hasta el 2007, último año de la gloriosa “bonanza”, era que la tasa de desempleo era del 8 o 9%, más o menos. Pero era un dato “pantalla”, un dato “telón” en el cual se van ocultando otros que dibujan mejor la realidad: la temporalidad (léase precariedad) de los contratos que pueden ir desde unas horas a unos meses, cuya cifra triplica la media europea. Es decir, de un 33% de personas en edad de trabajar, hay un 15% que laboran medio tiempo o cuatro horas, especialmente mujeres. Las cifras no pueden ser más contundentes: un 8% de desempleo, un 33% de temporalidad y un 15% de medias jornadas.” Todo ello lleva a José Izquierdo a plantear que el mercado laboral español está enfermo, pese a todas las reformas laborales sucesivas que tratan de remediar los errores de las anteriores.

Hace ya algunos años cuando me encontraba en Santiago de Compostela asistí a un Seminario sobre Inmigración en donde había dos puntos de vista enfrentados: de un lado el de los empresario de la construcción que pedían mano de obra extranjera no calificada y la postura de unos empleados del gobierno que consideraban que una política de apertura en ese campo traería consecuencias nefastas para la economía española. La verdad es que los empresarios se pueden dar el lujo de pagar sumas por debajo de lo legal a los inmigrantes, porque como decíamos antes, las condiciones de miseria de tanto trabajador en Colombia, Ecuador y otros países, hace posible que se presente esa situación. La situación para el gobierno es bien sencilla: cuando los inmigrantes legalicen su situación, podrán llevar a España a sus hijos, su esposa y sus padres; como quien dice: una demanda en salud y en educación que tendrá que sobrepasar a la capacidad del Estado. Pero, aquí como allá y “acullá”, las riendas del Estado la tienen precisamente los empresarios, los negociantes del sudor de la clase trabajadora.
Y¿ qué pasa con los sindicatos?: ese será otro tema en próxima ocasión.