Europa o la tragedia de los países empobrecidos
Por: Albeiro Valencia Llano
Terminada la Segunda Guerra Mundial Europa quedó en la absoluta miseria. Mientras tanto Estados Unidos se consolidó como la primera potencia y acudió en “apoyo” del pauperizado Viejo Continente. En la posguerra, cuando llegó la Guerra Fría con el fortalecimiento de la Unión Soviética, las corporaciones transnacionales norteamericanas trazaron un plan para repartirse los mercados, mientras se producía la reconstrucción de Europa Occidental.
La estrategia se llamó “Plan Marshall” y estaba orientada a ofrecer ayuda económica a Europa, mediante un programa de préstamos a largo plazo y con inversiones directas en todos los países. Se fueron endeudando las naciones europeas, se impusieron los conceptos de libre comercio, apertura económica, globalización y neoliberalismo. Como consecuencia se llegó al “capitalismo salvaje” y a la interconexión y dominio de los mercados por las transnacionales.
El euro en la encrucijada
Los políticos crearon la Unión Europea (UE), la integración de 27 países, con el ánimo de formar un bloque de “mejor familia” que los Estados Unidos y para apartarse, un poco, de los dictados de Wall Street y de la arrogancia de los mandatarios norteamericanos. Pero el continente no estaba preparado para adoptar la moneda única. De otro lado, aunque se eliminaron barreras legales para el movimiento de trabajadores y se creó un solo mercado laboral, aparecen los problemas de los idiomas y las diferencias culturales. Varios de los países que ingresaron a la UE presentaron unas cuentas fiscales muy buenas, pero maquilladas, pues necesitaban gozar de los beneficios que otorga la comunidad europea. Además, se permitió el ingreso de países como Grecia, Rumania y Bulgaria, por razones políticas, y sin cumplir con los requisitos en el campo económico.
La crisis que se desató en 2008 puso a prueba el euro y la cruda realidad es preocupante, porque se afectó toda la banca europea. Los países que tienen la deuda soberana con mayor riesgo son: Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España. Pero como la cadena se rompe por el eslabón más débil, la crisis financiera griega puso en peligro la supervivencia del euro. La llamada Tragedia Griega se precipitó en octubre de 2009, cuando se conoció la realidad de su crisis. Para la fecha tenía una deuda pública cercana al 120 por ciento del PIB y un déficit fiscal superior al 13 por ciento del PIB. El Gobierno había ocultado la verdadera magnitud pero no pudo maquillar más las cifras, porque tenía vencimientos inmediatos que superaban los 11 mil millones de dólares. En medio de la tragedia los dirigentes quedaron de rodillas ante la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), en procura de un salvavidas.
Por último, la UE creó un fondo por 750 mil millones de euros para prevenir moratorias de otros países y de este modo proteger su moneda. Pero con esto sólo se logró ganar tiempo, pues siguen en fila varios estados con economías sospechosas.
Países ricos contra países pobres
La aguda pugna por la crisis griega enfrentó a los países. En Alemania, la mayor economía de Europa, sus dirigentes defendieron el paquete de ayuda para Grecia; sin embargo les queda la duda sobre la capacidad del Gobierno para aplicar medidas de austeridad y frenar el déficit. Por su parte la mayoría de los alemanes se opuso al “rescate de Grecia” (El programa de salvamento incluía créditos por 110 mil millones de euros de la UE y 30 mil millones del FMI). Pero hay una pregunta que se hacen los países empobrecidos ¿por qué pueden invertir miles de millones de euros para salvar a los grandes bancos y les da dificultad ofrecer créditos para rescatar a una nación de once millones de personas?
Los países más pequeños de la UE vienen aprendiendo la lección: si no reducen sus déficits presupuestarios y sanean las economías no habrá ayuda adecuada por parte de los vecinos. Por ejemplo, Grecia se comprometió a bajar el déficit fiscal, del 13,6 por ciento al 3 por ciento del PIB, para el 2014; aceptó un exagerado programa de ajustes, que incluye la reducción de salarios y pensiones, y su congelamiento por tres años, eliminará las primas salariales, aumentará impuestos e incrementará el ahorro interno.
Los problemas de la Madre Patria
España está al borde del abismo. No ahorró en época de las vacas gordas y es el sexto país más endeudado del mundo. El desempleo superó el 20 por ciento, o sea que tiene 4,6 millones de desocupados. Entre los cinco millones de inmigrantes hay una tasa de desocupación del 30 por ciento.
El problema más serio radica en el vencimiento de la deuda. En mayo debió pagar 9 mil millones de euros, en junio 8 mil millones y en julio deberá cumplir con 25 mil millones. Para enfrentar la difícil situación y cumplir con las exigencias de la UE y del FMI, aplicó las siguientes medidas: congelación de pensiones por dos años, rebaja del 5 por ciento de los salarios oficiales, reducción de un 10 por ciento de la planta de trabajadores del sector oficial y eliminación del cheque bebé (una ayuda de 2.500 euros por cada recién nacido). Los empresarios aplauden las medidas pero dicen que es demasiado tarde.
La lucha de clases
La clase política y los empresarios pretenden que la catástrofe que ellos desataron sea financiada por los trabajadores. Pero los asalariados y el movimiento sindical no están dispuestos a soportar todo el peso de la crisis, lo que se demuestra con el movimiento huelguístico de Grecia. La huelga general, convocada por el sector público y privado como protesta por las duras medidas impuestas por el gobierno de Yorgos Papandreu, muestra hasta dónde puede llegar la lucha de clases. Los trabajadores gritaron duras consignas contra la junta del FMI, lo que significa que tienen claro el fondo del problema.
Las gigantescas manifestaciones en Atenas, los incendios, barricadas y muertes, atemorizaron a los sectores dirigentes de España, Portugal, Italia e Irlanda y, en general, a toda la comunidad europea, porque el incendio puede abrazar otros países.