El negocio de las armas
Las armas personales o la ley del más fuerte
Por: Albeiro Valencia Llano
La Corte Suprema de Estados Unidos decidió, hace poco, que los estados federados no pueden prohibir a los ciudadanos poseer armas de fuego. El fallo se apoya en la Segunda Enmienda de la Constitución (1791) que dice: “Siendo necesario una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.
De este modo los norteamericanos obtienen el respaldo legal para defenderse por sí mismos. En este país hay un promedio de 30 mil muertes al año por armas de fuego, de las cuales 12 mil son asesinatos. Pero las cifras producen escozor: 90 millones de personas poseen 200 millones de armas; la tasa más alta del mundo. En el 40 por ciento de los hogares hay un arma de fuego, que reposa en la mesa de noche o debajo de la almohada.
El Centro de Política de Violencia, con sede en Washington, sentenció sobre el fallo de la Corte Suprema: “Va a morir gente por esta decisión” y consideró que el hecho es una victoria para la industria de las armas de fuego.
Lo anterior se explica por el peso económico y político de los monopolios que producen las armas, de los comerciantes y de las organizaciones de cazadores y amantes de las armas de fuego, agrupados en un poderoso grupo de presión: la Asociación Nacional de Rifles, que mueve millones de dólares en defensa de sus intereses. Pero también es un triunfo para millones de ciudadanos, atormentados por la violencia cotidiana, que no pueden vivir sin un arma para defender la familia, en una nación donde impera la ley del más fuerte y la pistola más rápida.
El armamentismo en América Latina
El tercer milenio empezó con una desenfrenada carrera armamentista, estimulada por los monopolios de la industria militar y favorecida por el ambiente que creó el gobierno de Bush, en su lucha contra el terrorismo. Una de las disculpas para el rearme fue la ayuda militar que recibía nuestro país para el Plan Colombia, además de otras tensiones que calentaron las fronteras y crearon un ambiente de “guerra fría” en América Latina.
Los puntos neurálgicos fueron: el ataque del ejército colombiano al campamento de Raúl Reyes, en Ecuador, y el uso de las bases militares de nuestro país por las fuerzas de los Estados Unidos. De otro lado el gigante Brasil busca consolidar su liderazgo en una inmensa región de 12 naciones con 360 millones de habitantes.
De acuerdo con el Instituto Internacional de Investigación para la Paz, de Estocolmo, el siguiente es el estado de la carrera armamentista en América Latina, para el año 2009:
– Brasil, encabeza el gasto militar con 27.124 millones de dólares (1,5 por ciento del PIB). Aumentó el 16 por ciento con relación al año 2008. Además, quiere convertirse en la primera potencia militar de América Latina y en esta dirección se entiende el acuerdo firmado entre Lula da Silva y Nicolás Sarkozy, para una alianza estratégica en seguridad. También impulsó la creación del Consejo Suramericano de Defensa; hechos que no fueron del agrado de Estados Unidos.
– Colombia, ocupa el preocupante segundo lugar, con 10.055 millones de dólares (3,7 por ciento del PIB). Aumentó el 11 por ciento. Tiene un pie de fuerza de 500 mil militares.
– Chile, gastó 5.683 millones (2,8 por ciento del PIB). Bajó el 5 por ciento.
– México, gastó 5.490 millones. Aumentó el 11 por ciento, debido a la violencia generada por el tráfico de drogas.
– Venezuela, ocupa el quinto lugar con 3.254 millones (1,4 por ciento del PIB). Bajó el 25 por ciento.
– Argentina, con un gasto de 2.608 millones. Bajó 6, 5 por ciento.
– Cuba, 2.177 millones para el año 2008.
– Ecuador, con 1.821 millones (2,8 por ciento del PIB). Aumentó 18 por ciento.
– Perú, con 1.502 millones. Aumentó el 8,3 por ciento.
– Uruguay, con 496 millones (1,3 por ciento del PIB). Aumentó 24 por ciento, pero tiene el gasto militar más bajo de la región.
Casi todos los gobiernos justifican los gastos por la urgente necesidad de modernizar los equipos militares. En su momento el presidente Chávez pensaba en una invasión de los Estados Unidos, a través del mandatario Álvaro Uribe, a quien había bautizado con el llamativo nombre de “Cachorro del imperio”; esta fue la disculpa para firmar un gigantesco negocio de armas modernas, con la Federación Rusa. De otro lado, no se puede negar que el envío de tropas al Ecuador, para asestarle un golpe a la guerrilla, prendió las alarmas en los países vecinos.
¿Por qué se arma Colombia?
Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz, Colombia es el país que más dinero destina al gasto militar, con relación a su PIB, en América Latina. El crecimiento del gasto militar en la última década se elevó al 111 por ciento. La política de seguridad democrática, aplicada durante el gobierno Uribe, asestó duros golpes a los grupos guerrilleros, pero no los pudo vencer. Lo mismo sucedió con el paramilitarismo: extraditó a los capos pero se multiplicaron los grupos emergentes y las bandas criminales. La inseguridad se trasladó a las ciudades.
De otro lado Colombia no se siente amenazada realmente, por ninguno de los países vecinos. Pero, a pesar de su enorme gasto militar, es el tercer país del mundo en recibir ayuda norteamericana, después de Irak y Afganistán. Además de lo anterior posee, en su territorio, siete bases militares compartidas con Estados Unidos. Por lo anterior es posible plantear dos preguntas: ¿Por qué se arma Colombia? ¿Contra quién se arma Colombia?
Nuestro país no se puede convertir en plataforma de agresión contra naciones vecinas o lejanas. Colombia no se debe transformar en el Israel de América Latina.