18 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La bonanza petrolera y carbonífera

26 de junio de 2010
26 de junio de 2010

Es más, dentro de estas cifras pesimistas solo se habla de la perforación, exploración y explotación de pequeños pozos. Cuando haya encuentros de pozos gigantes las cifras crecerán asombrosamente, sin duda alguna.

Frente a estos hechos la situación fiscal cambia por completo y debemos prepararnos para afrontar con éxito los retos de un país que por muchos años ha sido pobre y dentro de muy poco amanecerá como rico.
A nuestro juicio, conviene la reflexión seria y contundente para aprovechar la bonanza y procurar derivar en desarrollo productivo estos gigantes ingresos fiscales inesperados. Pasamos, ciertamente, de un país, abocado en el 2002 a demandar importaciones de petróleo, en pocos años, a ser autosuficientes., y ahora a disfrutar de una gran bendición en su condición de creciente exportador.
En toda nuestra historia, hemos sido víctimas de los préstamos, de sus intereses altos, que de una u otra forma apalancaron los gastos públicos y el desarrollo nacional. El aforismo proverbial sostiene que el que recibe prestamos es siervo de su prestamista, es decir que en muchos casos esta bajo la jurisdicción y mando de su amo. Esta condición es muy clara en el derecho internacional de nuestro tiempo. Muchos afirman que es una maldición estar en la situación de prestar y tener que asumir créditos, al tiempo que agregan que realmente es una maldición ser víctima de préstamos con intereses, en algunos casos, que hipotecan el futuro de las naciones en desarrollo. Para combatir esta maldición, entonces, seria valioso pagar anticipadamente la deuda y liberarnos de este cáncer malévolo que aqueja a nuestra economía tormentosamente.
Actualmente nuestra deuda externa atisba los 48 mil millones de dólares. Buen esfuerzo hace el gobierno Uribe en intentar prepagar la deuda. Creemos que se debe hacer un plan de pagos ordenado y sistemático que sin afanes y consultando la realidad de los ingresos, consolide la cancelación de la deuda, para que una vez cancelada, podamos dedicar esos 30 % o más de ingresos que se destinan hoy a su pago, para apalancar grandes mega obras en el país, entre ellos puertos en ambos océanos para impulsar las exportaciones, inclusive de los minerales indicados, además de zonas francas, obras de infraestructura, puentes, túneles y un desarrollo vial para desembotellar nuestras regiones productivas de minerales e hidrocarburos, preferentemente.
Otros expertos quieren crear fondos de estabilidad para el manejo de la crisis futura, tal como se hizo en Chile o un sistema parecido al Fondo Nacional del Café para efectos de combatir con éxitos épocas duras de vacas flacas.
Cualquier experiencia internacional al respecto es bienvenida, empero, si nos podemos libar de la deuda externa otro será el panorama. Seremos un país libre de cargas fiscales y de imposiciones extranjeras, gritaremos nuestra libertad financiera, empezaremos a implementar un nuevo modelo financiero, al tiempo que podemos convertirnos en el tercer país en Suramérica después de Brasil y Chile que jalonan un excelso desarrollo en beneficio de sus economías.   
El problema de creación de fondos provoca el apetito de los gobernantes de turno y de la ambición de los políticos, por ello tendrá que blindarse el proceso y el instrumento institucional para evitar desmanes y la corrupción, el principal flagelo que amordaza y ahorca a la Nación. Insistimos en pagar toda la deuda externa para dejar el camino despejado a las nuevas generaciones, totalmente ajenas del yugo de cargas pesadas de créditos insalvables, exentas de gravámenes políticos o sociales extranjeros, y lo que es más trascendente, de continuar siendo siervos dóciles de las imposiciones de los dueños del capital y de las autoridades monetarias en el ámbito internacional.
La nueva mentalidad de ser libres en cuanto al pago de deuda externa, derivara increíbles satisfacciones al país, liberara financieramente nuestros rubros presupuestales, generará un nuevo país deseoso de construir una democracia con mayor igualdad, pleno de oportunidades, con crecimiento permanente, justicia social y con descanso en cuanto al absurdo incremento de nuestra deuda, que por poco, -si no es por la expectativa de la abundancia en la explotación de minerales e hidrocarburos-, llega al 50%. ¡ Qué horror..!