23 de septiembre de 2021
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Auschwitz: 70 años de una infamia

20 de junio de 2010
20 de junio de 2010

Después de la invasión alemana del 1 de septiembre de 1939 a Polonia, que fue el detonante de la Segunda Guerra Mundial, los militares alemanes convencieron a Adolfo Hitler de que era necesario acondicionar un espacio para encerrar a los prisioneros de guerra. Se dio inició, así, a lo que la historia registra como el holocausto nazi. Que no fue otra cosa que el exterminio de los judíos. El campo de concentración fue manejado con crueldad por las SS.

A Auschwitz fueron conducidos millones de hombres, mujeres y niños que luego encontraron la muerte en las cámaras de gas o en los hornos crematorios. Muchos de ellos fueron utilizados por los médicos nazis como ratones de laboratorio para los experimentos que buscaban alcanzar la pureza de la raza aria, una de las obsesiones de Adolfo Hitler. La historia no ha podido establecer la cifra exacta de los muertos en este campo de concentración. Pero se asegura que durante los casi cinco años en que operó, allí encontraron la muerte cerca de tres millones de judíos. Auschwitz funcionó hasta el 27 de enero de 1945, cuando el ejército rojo logró liberar a 7.600 prisioneros. El campo, que hoy es patrimonio de la humanidad, está ubicado a 43 kilómetros al oeste de Cracovia.

Auschwitz fue una afrenta a la dignidad humana. Las mujeres judías allí recluidas fueron utilizadas por el médico nazi Joseph Mengele en experimentos de esterilización. Cuando demoraban para reponerse, les aplicaban una inyección letal. Las tropas aliadas mostraron al mundo fosas repletas con cadáveres en descomposición, prisioneros que parecían esqueletos andantes, hombres demacrados sin esperanza de vida. El oficial nazi responsable de su manejo, Rudolf Hóss, fue condenado a la horca el 16 de abril de 1947, por el Tribunal de Nuremberg. Su sentencia se cumplió frente a los hornos crematorios, en el propio campo de concentración.

Las tropas aliadas tuvieron conocimiento sobre la existencia de Auschwitz después de que dos prisioneros lograron escapar. Ellos  entregaron descripciones y mapas que permitieron una primera ofensiva militar. Bombarderos de Estados Unidos atacaron, el 13 de septiembre de 1944, la fábrica de armas que allí funcionaba, destruyéndola parcialmente. Además, la resistencia polaca a la ocupación alemana logró convencer a un soldado de esta nacionalidad para que se fuera como prisionero a Auschwitz. A través de él, obtuvieron información sobre los excesos que allí se cometían contra ciudadanos indefensos. El campo de exterminio  llegó a tener cien mil prisioneros.

El mundo jamás olvidará  las cercas electrificadas de Auschwitz donde cientos de prisioneros decidieron suicidarse. Tampoco los trenes que llegaban al campo de exterminio cargados con seres humanos para ser depositados directamente en las cámaras de gas. Ni los cientos de judíos encerrados entre cercas de alambre que con mirada impotente veían cómo los iban conduciendo hacia la muerte. Auschwitz es una herida que no sana. Sobre todo porque la literatura y el cine se han encargado de mostrar las horrendas escenas que muchos judíos tuvieron que vivir antes de ser conducidos a las cámaras de gas. Los sobrevivientes de este campo de concentración jamás pudieron reponerse de semejante barbarie.

El descubrimiento de Auschwitz mostró las atrocidades cometidas por el nazismo. Y fue otro de los hechos que llevaron a la culminación de la Segunda Guerra Mundial. El mismo día en que el ejército aliado muestra las fotografías, el 30 de abril de 1945, Hitler se suicida. Seis meses antes de su descubrimiento, en junio de 1944, se había producido el desembarco de las tropas aliadas en las playas de Normandía. Y seis meses después, el 6 de agosto de 1945, el bombardero estadounidense Enola Gay lanza sobre Hiroshima la bomba atómica. ¿Resultado? Los japoneses se rinden el 15 de agosto. Y el 2 de septiembre firman, a bordo del acorazado Missourí, la rendición incondicional que pone punto final a una conflagración que dejó devastada a Europa.Por JOSE MIGUEL ALZATE        

Hace poco se cumplieron 70 años de la puesta en  funcionamiento del Campo de Concentración de Auschwitz, una de las infamias más grandes que recuerde la historia. En efecto, el 20 de mayo de 1940, hombres del Tercer Reich abrieron las puertas de este complejo para encerrar a millones de judíos. Después de la invasión alemana del 1 de septiembre de 1939 a Polonia, que fue el detonante de la Segunda Guerra Mundial, los militares alemanes convencieron a Adolfo Hitler de que era necesario acondicionar un espacio para encerrar a los prisioneros de guerra. Se dio inició, así, a lo que la historia registra como el holocausto nazi. Que no fue otra cosa que el exterminio de los judíos. El campo de concentración fue manejado con crueldad por las SS.

A Auschwitz fueron conducidos millones de hombres, mujeres y niños que luego encontraron la muerte en las cámaras de gas o en los hornos crematorios. Muchos de ellos fueron utilizados por los médicos nazis como ratones de laboratorio para los experimentos que buscaban alcanzar la pureza de la raza aria, una de las obsesiones de Adolfo Hitler. La historia no ha podido establecer la cifra exacta de los muertos en este campo de concentración. Pero se asegura que durante los casi cinco años en que operó, allí encontraron la muerte cerca de tres millones de judíos. Auschwitz funcionó hasta el 27 de enero de 1945, cuando el ejército rojo logró liberar a 7.600 prisioneros. El campo, que hoy es patrimonio de la humanidad, está ubicado a 43 kilómetros al oeste de Cracovia.

Auschwitz fue una afrenta a la dignidad humana. Las mujeres judías allí recluidas fueron utilizadas por el médico nazi Joseph Mengele en experimentos de esterilización. Cuando demoraban para reponerse, les aplicaban una inyección letal. Las tropas aliadas mostraron al mundo fosas repletas con cadáveres en descomposición, prisioneros que parecían esqueletos andantes, hombres demacrados sin esperanza de vida. El oficial nazi responsable de su manejo, Rudolf Hóss, fue condenado a la horca el 16 de abril de 1947, por el Tribunal de Nuremberg. Su sentencia se cumplió frente a los hornos crematorios, en el propio campo de concentración.

Las tropas aliadas tuvieron conocimiento sobre la existencia de Auschwitz después de que dos prisioneros lograron escapar. Ellos  entregaron descripciones y mapas que permitieron una primera ofensiva militar. Bombarderos de Estados Unidos atacaron, el 13 de septiembre de 1944, la fábrica de armas que allí funcionaba, destruyéndola parcialmente. Además, la resistencia polaca a la ocupación alemana logró convencer a un soldado de esta nacionalidad para que se fuera como prisionero a Auschwitz. A través de él, obtuvieron información sobre los excesos que allí se cometían contra ciudadanos indefensos. El campo de exterminio  llegó a tener cien mil prisioneros.

El mundo jamás olvidará  las cercas electrificadas de Auschwitz donde cientos de prisioneros decidieron suicidarse. Tampoco los trenes que llegaban al campo de exterminio cargados con seres humanos para ser depositados directamente en las cámaras de gas. Ni los cientos de judíos encerrados entre cercas de alambre que con mirada impotente veían cómo los iban conduciendo hacia la muerte. Auschwitz es una herida que no sana. Sobre todo porque la literatura y el cine se han encargado de mostrar las horrendas escenas que muchos judíos tuvieron que vivir antes de ser conducidos a las cámaras de gas. Los sobrevivientes de este campo de concentración jamás pudieron reponerse de semejante barbarie.

El descubrimiento de Auschwitz mostró las atrocidades cometidas por el nazismo. Y fue otro de los hechos que llevaron a la culminación de la Segunda Guerra Mundial. El mismo día en que el ejército aliado muestra las fotografías, el 30 de abril de 1945, Hitler se suicida. Seis meses antes de su descubrimiento, en junio de 1944, se había producido el desembarco de las tropas aliadas en las playas de Normandía. Y seis meses después, el 6 de agosto de 1945, el bombardero estadounidense Enola Gay lanza sobre Hiroshima la bomba atómica. ¿Resultado? Los japoneses se rinden el 15 de agosto. Y el 2 de septiembre firman, a bordo del acorazado Missourí, la rendición incondicional que pone punto final a una conflagración que dejó devastada a Europa.