17 de mayo de 2022
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Señalética, por parte de, lenguaje incluyente

13 de mayo de 2010
13 de mayo de 2010

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA
Por Efraín Osorio López (*)
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El uso puede también influir, pero son  tantos los ejemplos de ‘voces disparatadas’ que la gente inventa, que, muchas veces, es mejor no hacerle caso, para no caer en la chabacanería y para no contribuir al deterioro del lenguaje.

Los neologismos son los vocablos, acepciones o giros que llegan por primera vez a una lengua. Según mi criterio, son tres las condiciones que se necesitan para que uno de esos neologismos sea aceptado como castizo: Necesidad (que alguna circunstancia lo exija para con él expresar una idea nueva); formación (que se haga de acuerdo con la naturaleza del idioma que lo recibe); y bendición (de la autoridad correspondiente o de un autor de muchos quilates).  El uso puede también influir, pero son tantos los ejemplos de voces disparatadas que la gente ‘inventa’ (‘riatón’, la semana pasada; ésta, ‘aguatón’), que, muchas veces, es mejor no hacerle caso, para no caer en la chabacanería y para no contribuir al deterioro del lenguaje. El 26 del mes pasado, en Revista, en una sección dedicada al bilingüismo en instituciones educativas, su redactor informaba: “En sus instalaciones, además, fijaron señalética para ese idioma” (LA PATRIA). Desconozco la fecha de nacimiento de esta palabra, ‘señalética’ (galicismo sobrante, de ‘signalétique’), que, de todas maneras, nació prematura, pues vino a este mundo mal formada: La raíz es buena (‘seña’ o ‘señal’), pero la desinencia nada significa (¿tica?, ¿ética?, ¿lética?). Razón más que suficiente para que no se encuentre en ninguno de los diccionarios tradicionales. La definición que de ella dan sus creadores reza: “La ‘señalética’ es una actividad perteneciente al diseño gráfico que estudia y desarrolla un sistema de comunicación visual sintetizado en un  conjunto de señales o símbolos que cumplen la función de guiar, orientar u organizar a una persona o conjunto de personas en aquellos puntos del espacio que planteen dilemas de comportamiento, como por ejemplo dentro de una gran superficie (centros comerciales, fábricas, polígonos industriales, parques tecnológicos, aeropuertos, etc.)”. No les sirve, dicen, ‘señalización’, ésta sí una ‘actividad’, cuya definición, simple y expresiva, es: “Acción de señalizar. Sistema de señales colocadas en las carreteras y ferrocarriles. También en otros lugares: ’La señalización de una biblioteca pública’ ”, o de un centro comercial o de un parque o de cualquier cosa, añado yo.  Lo mismo, sin tanto recumbambeo, sin tanta palabrería y sin tanto concepto innecesario. Ahora bien, si, de todas maneras, no ‘quieren’ emplear ‘señalización’, ciento por ciento apropiada para dicho fin, ¿por qué no, entonces, ‘signografía? Este vocablo, por lo menos, tiene dos componentes de alcurnia, latino (signum), el primero; griego (grafía), el segundo. La innovación es buena cuando significa progreso.**

Hace cincuenta años, quienes escribían para los periódicos y quienes velaban por la casticidad del lenguaje escrito conocían a la perfección el oficio de las preposiciones ‘de’ y ‘por’, y sabían que ellas solas lo desempeñaban a cabalidad. Por esto, me pareció raro leer lo que sigue, de la edición de El Tiempo del 27 de abril de 1960: “…llegó la restricción del crédito bancario, que fue decretada por parte de las casas centrales…”. La explicación posible es que el encargado actual de la sección “Hace 50 años” de ese diario ‘corrigió’ lo que estaba bien redactado: “…que fue decretada POR las casa centrales…”. Lo mismo pudo ocurrir con esta frase de hace 25 años: “Doris Eder de Zambrano, ministra de Educación, afirmó que este acuerdo constituye un hecho fundamental, que se basa en la convicción por parte de ambas entidades” (El Tiempo, IV-26-1985). El articulista original tal vez redactó de esta manera: “…que se basa en la convicción DE ambas entidades”. Estoy seguro, sí,  de que la de hoy (IV-30-10) sí es de su autor, Jorge Enrique Pava Quiceno: “Pero la improvisación por parte de los solicitantes…”. ¿No le parece mejor, Jorge Enrique, “Pero la improvisación DE los solicitantes…? ¡Sin duda!**

Estamos ya encañengados con el “lenguaje incluyente” y absurdo de las feministas recalcitrantes. Y no se vislumbra la manera de desencartarnos de él. Todo lo contrario. Uno de los 15 puntos, el séptimo, del programa de gobierno del candidato verde de moda dice: “Niños y niñas, nuestra prioridad”. Y la frase siguiente, ¡atérrese, señor!, la escribió el padre Efraín Castaño: “…y de seguro que sería la salvación para muchos y muchas jóvenes generaciones” (LA PATRIA, IV-28-10). ¿Qué cavilaciones lo embargaban en el momento, padre? La “Nueva gramática de la lengua española” (2009), que admite vicios gramaticales, dizque porque “están documentados”, dejó para la posteridad lo siguiente: “Es habitual en las lenguas románicas, y también en las de otras familias lingüísticas, usar en plural los sustantivos masculinos para designar todos los individuos de la clase o el grupo que se mencione, sean varones o mujeres. Así, pues, el llamado USO GENÉRICO del masculino es consecuencia del carácter no marcado de este género” (2.2b). Sin redundancias tontas, el “punto” aquel hubiera quedado perfectamente bien redactado así: “Los NIÑOS, nuestra prioridad”. Y, padre Castaño, en su frase, ‘jóvenes’ es un adjetivo que califica a ‘generaciones’, que es femenino. Esto es gramática, no fisiología.