30 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

«No queremos volver al parque».

20 de mayo de 2010
20 de mayo de 2010

Los viejos fueron a ver la hermosa obra italiana Carrillón, estuvieron en la plaza de toros, admirando esta monumental presentación que presenta el vuelo del tiempo desde la génesis del universo hasta nuestros días. También disfrutaron del Festival iberoamericano de teatro apreciando bailes de flamenco en el auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, hoy regentada por el erudito manizaleño José Fernando Isaza.

Los abuelos y padres decidieron unánimemente compartir las mañanas con los hijos ya que las tardes y noches estaban programadas en grandes escenarios.
Ciertamente, el amanecer es refrescante y se presta para que los infantes corran y se desplacen alegremente entre los árboles y las zonas verdes del distrito capital.
El martes santo, precisamente, muy temprano, los abuelos en compañía de sus nietos iniciaron sus desplazamientos por el parque del vecindario. Encontraron a lo ancho y largo malos olores, desechos o "residuos del bienestar", y lo que es aún peor, excrementos de perros, por doquier.
Los amos de los caninos no se preocupan por las huellas orgánicas que dejan sus mascotas. Abarcan casi todo el parque y provocan miedo a los demás transeúntes, situación que pone en peligro a los pequeños, pues todos nos atemorizamos frente a una mordida de un mastín.
"Los perros han ocupado el lugar que nos pertenece", aducen los pequeños. Deberían existir determinados sectores para que allí se mantengan los perros y dejarnos otros lugares para que nosotros sin riesgos podamos disfrutar el parque, es el pensamiento de los niños.
El número de canes crece geométricamente en sus visitas a las zonas verdes. A su vez, aritméticamente está decreciendo el número de niños visitantes, en las mismas.
Los niños no quieren enfrentarse a caninos ni mucho menos quieren sufrir quebrantos de salud por tantos olores nauseabundos.
Los abuelos están preocupados por este problemática y no saben cómo afrontarla favorablemente. Ninguna autoridad, ni nadie asume el tema, ni responde por nada.
Las cosas siguen igual. Mas perros en el parque se extienden sin fronteras y los lugares se achican para los niños. Ya no pueden ir al parque. No vale la pena. Ojalá, no solo las autoridades capitalinas sino también las nacionales, entiendan y promuevan, cuanto antes mejor, la restitución, para la niñez colombiana, del aire puro y de la limpieza de los parques.
Finalmente, ellos con absoluta perplejidad y en el entendido de que los parques han sido creados para los niños, dan a entender a sus mayores: "Déjennos en estas cuatro paredes. Por ningún motivo queremos que nos lleven al Parque". Qué horror…