24 de julio de 2021
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La conjunción o; la obra de Cervantes; fundir-fungir; carretera

20 de mayo de 2010
20 de mayo de 2010

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En la novela “El casamiento engañoso”, de don Miguel de Cervantes, se encuentran estas dos frases: “…blasoné, hendí, rajé, ofrecí, prometí y hice todas las demostraciones que me pareció ser necesarias para hacerme bienquisto con ella”. “-También habrá visto o oído vuesa merced –dijo el alférez- lo que de ellos se cuenta”. Creo no equivocarme si afirmo que Cervantes nunca sustituyó la ‘o’ por la ‘u’ ni la ‘y’ por la ‘e’ en los casos en que lo pide la eufonía, y que hoy es norma gramatical obligatoria, a saber, cuando se encuentran la conjunción ‘o’ con la ‘o’ inicial del vocablo que la sigue, y la ‘y’ con la ‘i’ inicial de la palabra que une, aunque se interponga una ‘hache’. Entre paréntesis, la conjunción ‘o’ viene de la latina ‘aut’, que, primero, perdió la ‘te’ y, luego, convirtió el diptongo ‘au’ en ‘o’, fenómeno que ocurrió después del siglo XVII. En la siguiente oración, el señor Pedro Felipe Hoyos Körbel desacató la susodicha norma y, en lugar de “Las lecturas (…) son heterogéneas u homogéneas”, escribió “heterogéneas o homogéneas” (LA PATRIA, IV-28-10). ¿Enmendará la plana, como lo hace de seguido el señor Mockus?**

En apuntaciones anteriores, al hablar de la obra de Cervantes, mencioné, entre las Novelas Ejemplares, “El casamiento engañoso y coloquio de los perros”.  Un lector cualquiera metió la cuchara para decir que ésta no era una sola novela, sino dos: “El casamiento engañoso” y “Coloquio de los perros”. En realidad, Cervantes se valió del engaño de que fue víctima el alférez Campuzano como introducción a su obra “El coloquio de los perros”. Cuenta el autor que, recién salido del hospital, el alférez Campuzano se encontró con un su amigo, el licenciado Peralta, a quien le confió la causa de su estadía en el hospital, para “sudar -le dijo- catorce cargas de bubas que me echó a cuestas una mujer que escogí por mía, que no debiera”. En unas siete páginas de la edición de las Obras Completas del genio español, de la renombrada edición Aguilar, Cervantes despacha las desventuras del enamorado soldado, su matrimonio con “mi señora doña Estefanía de Caicedo”, y el desenlace infortunado de esta situación. Aprovecha entonces el alférez la oportunidad y el tiempo que de sobra tienen para comentarle a su amigo que, mientras estuvo recluido, y durante dos noches seguidas, a través de una ventana del hospital, fue testigo de la conversación que tuvieron los perros Cipión y Berganza, y que había copiado, para no dejárselo a la memoria, en un cartapacio que traía consigo. Esta introducción termina con estas palabras: “Recostóse el alférez, abrió el licenciado el cartapacio, y en el principio vio que estaba puesto este título: “COLOQUIO QUE PASÓ ENTRE CIPIÓN Y BERGANZA”, diálogo que ocupa unas treinta páginas de la edición mencionada. Es saludable anotar aquí que en la primera parte de EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA, Cervantes incluye en el capítulo XXXIII una que él llama novela, y que nada tiene que ver con el Caballero de la Triste Figura. Titula el dicho capítulo así: “Donde se cuenta la novela del Curioso Impertinente”. El mismo don Miguel observa en el capítulo III de la segunda parte, cuando el Bachiller narra a don Quijote y a su escudero las aventuras que de ellos están escritas (se refiere a la primera parte): “Una de las tachas que ponen a la tal historia –dijo el Bachiller- es que su autor puso en ella una novela intitulada “El curioso impertinente”; no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor Don Quijote”. Las novelas de Cervantes tienen cada una su peculiaridad. Por ejemplo, la eglógica “Galatea” abunda en poesía; y “El licenciado Vidriera” tiene muchos apotegmas y citas en latín de los poetas clásicos de ese idioma.**

Cuatrocientos años después, el señor Jorge Carmona Morales escribe: “Si la tecnología funde como medio para mostrar una mirada sensible y pletórica de belleza, saludemos…” (LA PATRIA, Papel Salmón, V-2-10). El verbo ‘fundir’ (derretir, moldear, fusionar) tiene muchos significados, pero no el de ‘fungir’ (ejercer, desempeñar, ocupar), que es, según el contexto, el verbo que el autor debió emplear, así: “Si la tecnología funge como medio…”, vale decir, “si la tecnología se desempeña o hace las veces de…”. Y así, se entiende el texto.**

Por las mismas calendas, el doctor Juan Camilo Restrepo le da a ‘carretera’  el carácter de adjetivo: “…el campo de las concesiones parece haber sido más fértil para el litigio que para la modernización carretera del país” (LA PATRIA, V-3-10). El adjetivo ‘carretero-a’ no es castizo. ‘Carretera’, sustantivo, es “Camino ancho, pavimentado, destinado al paso de vehículos”; y ‘carretero’, “Hombre que conduce un carro” o “un constructor de carros”. Es lo que dicen los diccionarios. Así que, en lugar de la forma empleada por el redactor, debe utilizarse un complemento u otro adjetivo: “…para la modernización de las carreteras…”, o “…para la modernización vial, o viaria,  del país”. ¡Mejor, mucho mejor!