23 de julio de 2021
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EL MITO MOCKUSIANO

4 de mayo de 2010
4 de mayo de 2010

Decía el doctor Páramo: “Los mitos son historias del pasado que nunca fueron presentes”. Adicionalmente habría que decir que los mitos no se refieren exclusivamente a los grupos humanos de la antigüedad sino que se siguen reeditando en las sociedades modernas.

Gaitán y Galán han pasado a ser parte de los mitos que en política ha tenido el país, precisamente porque no fueron nunca presente, porque sus proyectos no se pudieron cristalizar en la medida que sus vidas fueron cegadas por aquellas fuerzas recalcitrantes que no admiten ningún cambio en el orden social y político.
En Antanas Mockus se ha reencarnado un nuevo mito que crece de una manera desproporcionada a medida que sus detractores lo atacan.
Sobre la génesis de ese mito quisiera hacer algunas reflexiones. La figura de Antanas Mockus, una vez que pasó por la alcaldía de Bogotá, no tuvo mayor importancia en la media que se presentó sin éxito a un proceso eleccionario para el Congreso, sin haber logrado el umbral exigido para tener presencia en dicho organismo. Entonces llegó el doctor Uribe con su propuesta de “Seguridad democrática” y el país entró en la era de la confrontación armada y verbal que ha hecho famoso a este gobierno. Se puso de moda el “te rompo la cara, marica”, “sea varón”, “el presidente macho”, “el frentero”, y toda una clase de epítetos cargados de machismo que fueron el pan de cada día de dos períodos presidenciales.
Pero lo que parecía una meta alcanzable de un país en paz, en progreso, se tornó en un vendaval de hecatombes: la yidispolítica, los falsos positivos, el espionaje del DAS, los escándalos por los negocios de los hijos del presidente, los permanentes conflictos con Venezuela y el Ecuador, el desempleo, Carimagua, Agro Ingreso Seguro y otras  muchas plagas entre las cuales no podía faltar el de la enorme corrupción.
Entonces el hastío hizo su aparición y en medio de una parálisis generalizada por un referendo que no fue posible, llegó el momento de elegir el heredero al trono y aparecieron los aspirantes. Cosa curiosa: el doctor Santos juraba y jura que será en materia de seguridad, más duro que el mismo Uribe, Arias posaba y sigue posando de más uribista que Uribe, la doctora Noemí no se quiere quedar atrás y asegura que si es necesario bombardear a los terroristas cuando se encuentren en otros países, lo hará. De Germán Vargas Lleras, ni hablar: considera que el doctor Uribe es un blandengue en materia de seguridad. Petro y Pardo se apartan del discurso oficial pero no logran convencer, trasmitir emoción a sus propuestas. En cambio Mockus, que empieza su carrera como candidato un poco tarde, no habla de armas, ni de guerra; en lugar de blandir fusiles levanta girasoles y propone un país verde, de esperanza, de reconciliación, de permitir que los colombianos dejemos aflorar lo mejor de sí, e incluso llora de la emoción ante una manifestación de estudiantes en una universidad caleña. Es decir, es un candidato que se sale del molde tradicional, que se sintoniza con el público y es capaz de trasmitir una gran emoción en la medida que hace soñar con un país libre de guerra.
El mito, en síntesis que se consolidado alrededor de Antanas, tiene que ver con el antihéroe que en su momento fue el chapulín colorado que desterró a Batman y a Superman, los héroes que todo lo podían, para los cuales no había nada imposible. Este nuevo chapulín colorado de la política colombiana, se vista de héroe sin serlo para señalar contaminación visual, falta de educación en el tema vial, pero no utilizando la fuerza sino la razón, el símbolo y por ello ataca con un girasol en la mano. Un antihéroe que se enferma y es muy humano, en contraposición con nuestro actual presidente que no descansa, que no se enferma, que no se agota, que todo lo sabe y que todo lo puede.
Esperamos que ese mito desaparezca cuando esa historia del pasado se haga presente para iniciar la construcción de un país en donde la esperanza reverdezca.