28 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La dieta de Jesús

8 de abril de 2010
8 de abril de 2010

Para redondear su trabajo, incluyeron pinturas de Leonardo da Vinci, El Greco, Lucas Cranach, el Viejo, y Rubens, según crónica que bajé con horqueta de internet.

Conclusión: desde 1500 hasta 1900, en sus cuadros, los pintores han ido aumentando la cantidad de comida que, imaginan, fue servida ese día. Seguramente, después de la cena -que no debió merecer ninguna estrella Michelín-, los invitados se fueron a comer a otra parte.

La elemental conclusión de los investigadores dirigidos por los hermanos Wansink, avalados por una dietista, Charlene Shonneye, es que con el paso del tiempo nos hemos vuelto más glotones debido a que hay mayor producción y disponibilidad de alimentos.

Gracias a los investigadores, pero se quedaron a mitad de camino. Tampoco los colegas evangelistas que cubrieron a posteriori el viacrucis de Jesús, arrojan luz sobre lo que comieron, aparte de pan y vino. Estas profanas líneas apuntan a llenar el vacío, mientras un auténtico chef aborda el asunto.

Nadie da pistas sobre lo fundamental: la dieta que llevaba el Galileo. Para una actividad como la desplegada por el yupi Jesús a sus 33 años, la comida debía ser altamente nutritiva. Y baratonga, aunque él se hacía invitar.

De la lectura de textos sacros se deduce que Jesús y su tribu consumían fundamentalmente esta trinidad gastronómica: pan sin levadura, pescado -cero cerdo- y vinillo, que "alegra el corazón". De postre, dátiles o ciruelas.

En las bodas de Caná sacó vino de la escasez. En dos ocasiones hizo el milagro de multiplicar panes y peces. Como se ve, la trinidad alimenticia se repite monótonamente. No habría sido el cliente para aceptarle una invitación a Jesús.

Apoyado en otros investigadores diría que el fuerte de la dieta del Nazareno era la oración que alimenta sin engordar. Así la vanidad no fuera su fuerte. En ningún cuadro, Jesús aparece con michelines (gorditos).

Había que comer y beber muy bien para soportar el estrés de ser Dios, discrepar de los doctores de la ley, expulsar mercaderes, ayudarle a papá José en la carpintería, alimentar el burrito, traer leña para el fogón, perdérsele a mamá para ir a defender a la mujer deliciosamente adúltera.

Tampoco debía ser fácil vérselas con escribas y fariseos que le buscaban la caída, andar de la ceca a la meca reventando infantería, o caminando sobre las aguas. Y desmintiendo chismes de farándula como que le echaba los perros a María de Magdala.

Si algún restaurantero quiere forrarse en oro, basta con repetir la sencilla dieta de Jesús y de sus alegres apóstoles. Con variantes locales. Acepto el modesto 10% de las utilidades.