30 de julio de 2021
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El sexo y la Iglesia Católica

18 de abril de 2010
18 de abril de 2010

Normas, control social y tecnología

PAPA
El Papa expresó su 'verguenza y pesar por lo sufrido a víctimas de pederastia' en Malta

Cada sociedad ha tenido que desarrollar normas para regular comportamientos que considera como posibles generadores de costos sociales. Estos comportamientos van desde el porte de armas o la conducción de automóviles hasta los juegos de azar o el disenso político y religioso y, por supuesto se extiende a las relaciones sexuales, la reproducción y la familia. Los comportamientos que se regulan varían en el tiempo y el espacio y reflejan tanto la cultura o el  ethos de cada sociedad como las condiciones tecnológicas de la época

Todas las normas sociales son funcionales y surgen en respuesta a problemas y situaciones específicas. Una vez establecidas, las normas tienden a interiorizarse de manera que a las personas les parecen "naturales" y se convierten en dogmas indiscutibles. Así, nadie cuestiona que el incesto sea malo y no debe ser tolerado, los musulmanes no dudan que consumir cerdo y alcohol son grandes pecados, muchos estadounidenses consideran un derecho humano fundamental poseer armas de fuego, y así sucesivamente.

El consenso sobre una norma determinada con frecuencia se traduce en su sanción como ley: por eso por ejemplo, los países musulmanes prohíben legalmente el consumo de alcohol. Sin embargo, en otras ocasiones la ley se utiliza para lo contrario vale decir, para forzar el respeto de normas que se oponen a las prevalecientes en la sociedad o entre algunos de sus grupos.

Por otra parte el cambio tecnológico altera las condiciones bajo las cuales surgieron las normas y hace que muchas de ellas dejen de ser funcionales. Por ejemplo, la prohibición al consumo de cerdo tenía una razón de salud pública cuando éste propagaba la triquinosis pero hoy ha perdido esa función.

El sexo católico

Durante toda la historia de la especie y hasta hace muy pocas generaciones, la población creció a tasas muy bajas y en ocasiones disminuyó sustancialmente como resultado de plagas o de guerras. La supervivencia de las sociedades siempre estuvo en peligro, y por eso durante milenios se sostuvo que la función principal del sexo era asegurar la reproducción, a punto tal que la Iglesia Católica, entre otras religiones, sentó la doctrina de que esta era su única función aceptable. Además, ésta debía ocurrir solamente dentro de la familia como base fundamental de la organización social.

La doctrina adoptada consideraba que las relaciones sexuales y la masturbación eran comportamientos "sucios" que alejaban al ser humano de Dios y de las metas más altas que ellos debían tener en la vida. De hecho, el sexo se presenta como una expresión de los instintos animales y más bajos de los seres humanos, a pesar de que difícilmente se encuentra una mayor diferencia en los comportamientos de los humanos y los animales que en lo sexual.

Toda relación que no buscara la reproducción o que tuviera lugar fuera del matrimonio viola las normas y es pecado. Más aún, la homosexualidad, las relaciones con animales y la masturbación terminan siendo clasificadas como contra natura. Además, para asegurar la supervivencia, la función principal de la mujer era la reproducción, lo que limitó las funciones sociales de las mujeres fuera del hogar.

El celibato y la abstinencia

En la Iglesia Católica se ha utilizado el Evangelio de San Mateo (Capítulo 19, versículo 12) para exaltar una vida de abstención sexual y el celibato: "En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!". La Iglesia también invoca otros pasajes de las escrituras para implantar el celibato: "Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna" (Lucas 19: 27-30). O también: "El hombre le respondió: ‘Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud'. Jesús lo miró con amor y le dijo: ‘Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme'" (Marcos 10:20-21). Estos pasajes se interpretan en el sentido de que quien aspira al sacerdocio ha de alejarse del mundo y de la carne, seguir a Jesucristo y "casarse" con la Iglesia.

La restricción de la mujer al ámbito de la familia ayuda a comprender la oposición de la Iglesia Católica al sacerdocio femenino. Y aunque por mucho tiempo la Iglesia aceptó el matrimonio de los sacerdotes, siempre consideró superior el celibato y se lo exigió a la mayoría de sus obispos. Por otro lado, los escándalos sexuales en su seno siempre han sido frecuentes.

No hay un consenso sobre la historia del requisito del celibato sacerdotal en la Iglesia Católica. Sin embargo, en el rito latino ésta ha sido la tradición desde el siglo XI aunque las Iglesias Católicas de rito oriental excepto la Iglesia Católica Etíope han ordenado a varones casados. En estos ritos los obispos deben ser célibes y ningún sacerdote puede casarse después de ordenado. El sacerdocio de hombres casados es tan común en esos entornos que en el Líbano el apellido más común entre católicos es hijo de cura (Aljure, Curi, Khoury, etc.). Por eso me puedo jactar de descender de varios sacerdotes católicos casados, puesto que mi abuela tenía ese apellido.

Sexo y cambio tecnológico

La exigencia del celibato y la abstención sexual fuera del matrimonio podían funcionar razonablemente, aunque con problemas, mientras la sociedad fuera muy religiosa, enfocada en lo espiritual, la gente se casara muy joven y muriera en promedio entre los 40 y 50 años.

La revolución tecnológica que la humanidad ha experimentado en los últimos dos siglos y medio alteró fundamentalmente esa situación. Para empezar, los avances en psiquiatría y psicología cambiaron la concepción que se tenía sobre el sexo. Simultáneamente por primera vez la población creció de manera dramática al punto de que el problema actual es de sobrepoblación, no de supervivencia. Los aumentos en los niveles de nutrición hacen que la gente madure sexualmente a edades menores y los requisitos de educación para obtener trabajos satisfactorios hacen que la gente posponga su matrimonio muchas veces hasta después de cumplir 30 años.

Todo esto ha hecho que las funciones no reproductivas de las relaciones sexuales sean cada vez más importantes y que las reproductivas pierdan peso. Los avances en formas de control de natalidad reforzaron fuertemente estas tendencias, de manera tal que no sorprendería que historiadores futuros afirmen que la píldora anticonceptiva fue el cambio tecnológico con mayores consecuencias sociales durante la segunda mitad del siglo XX.

La revolución tecnológica y social ha movido el mundo hacia una concepción mucho más secular acerca del sexo y de las relaciones sexuales. Además, la masificación de las comunicaciones ha permitido que la sociedad sea bombardeada por mensajes de alto contenido erótico que justifican y promueven la actividad sexual.

La Iglesia atrapada

En este ambiente la Iglesia Católica está atrapada en su dogma basado en verdades eternas o inmodificables. ¿Cómo hacer que comportamientos por los cuales la Iglesia sentenciaba al infierno a la gente en el pasado ahora sean tolerados? Infortunadamente para la Iglesia, esta trampa no le permite aceptar que el sexo tiene funciones muy importantes diferentes de la reproducción, en un mundo donde la gente percibe que su satisfacción y autoestima dependen de tener un empleo agradable y una buena relación de pareja (con buen sexo).

La Iglesia ha caído en otra trampa. Como la homosexualidad ha sido rechazada consuetudinariamente, una organización que mantenga a los hombres y a las mujeres separados es muy atractiva para los homosexuales. Por eso la Iglesia y las organizaciones militares han tendido a tener una proporción mayor de homosexuales que la sociedad en general. Además, una organización que considere el sexo como algo animal, inferior y sucio también atrae a quienes tienen problemas con su propia sexualidad. No sorprende entonces la presencia de pedófilos en su seno.

La crisis burocrática

La crisis de abuso sexual y pedofilia que la Iglesia está experimentando es resultado de los factores descritos, e infortunadamente era un problema predecible. Lo que realmente da pena es la forma como la Iglesia se ha enfrentado a la crisis: ha respondido como una organización burocrática que defiende sus conveniencias aún por encima de lo moralmente correcto.

Y es que la Iglesia en efecto es una burocracia muy fuerte y muy bien organizada. Basta que el peregrino desprevenido visite su sede, la basílica de San Pedro en Roma, para encontrar una muestra de poder y de lujo con muy pocos espacios de recogimiento y reflexión espiritual; la experiencia parece menos una visita a un templo que a un museo sobre la historia de la poderosa Iglesia.

Por eso la reacción de la burocracia religiosa ha consistido en defender primero a los sacerdotes involucrados con argumentos como que "nadie debe juzgar a los pecadores", y luego en atribuir las denuncias a "herejes" y enemigos que buscan sacar ventaja de la situación, en vez afrontar la  verdad de una organización que manejó de manera totalmente errada la información acerca de la pedofilia. Es claro que la Iglesia es la antítesis de una democracia o de una sociedad anónima moderna, donde el jefe y otros altos ejecutivos o políticos deben renunciar en casos semejantes.

La Iglesia Católica en la sociedad moderna ha perdido relevancia para muchos feligreses. Las iglesias evangélicas exigen una correspondencia mucho más estrecha entre las conductas  individuales y la identidad religiosa, y atraen a más y más personas que buscan guías de comportamiento fuertes, donde la solución no es confesarse para seguir pecando. Por otro lado la Iglesia tiene que enfrentar un mundo donde la sexualidad tiene expresiones y funciones distintas  de las que ella considera como únicas aceptables. Dentro de la Iglesia es imperativo establecer sistemas creíbles de manejo del sexo que generen confianza en la sociedad.

¿Podrá cambiar la burocracia?

El celibato en la Iglesia no se impone por dogma sino como una disciplina útil para el buen funcionamiento de la organización. En la práctica esto ha demostrado no ser funcional. Es interesante que por ejemplo los católicos maronitas en el Líbano -muchos de los cuales  descienden de sacerdotes- sean mucho más practicantes y comprometidos con la religión que los latinoamericanos.

El control de la natalidad presenta otro desafío enorme. La doctrina de la Iglesia Católica ha chocado con la realidad y ha aceptado algunos comportamientos que contradicen al menos parcialmente sus principios. La aceptación del método del ritmo para controlar la natalidad dentro de los matrimonios católicos implicó aceptar funciones del sexo diferentes de la reproducción. Implícitamente esto permite poner en duda la exigencia de abstinencia extramatrimonial para adultos solteros. El hecho es que la Iglesia tiene que responder a un mundo donde hay exceso de población y a la naturaleza del ser humano para quien las relaciones sexuales solo ocasionalmente tienen como propósito la reproducción.

La homosexualidad presenta otro desafío porque requiere aceptar que dado que todo ser humano necesita afecto y que el sexo tiene funciones psicológicas no reproductivas, es perfectamente razonable que personas del mismo sexo se amen. Más aún se podría sugerir que en un mundo con exceso de población la madre naturaleza produciría un mayor número de homosexuales como mecanismo para contrarrestar la sobrepoblación. Esto obviamente es solamente una hipótesis.

La pedofilia es problema mayor porque no es una relación consensuada entre adultos y tiene consecuencias horribles sobre los niños y niñas víctimas. En esto la Iglesia debe ser drástica en su intolerancia aunque ésta genere mala publicidad y tenga algunos efectos que la Iglesia perciba como negativos en el corto plazo. Si la Iglesia no toma una posición fuerte al respecto pagará con creces en el mediano plazo su tolerancia en términos de su relevancia en la sociedad.

Lamentablemente la Iglesia está atrapada en un paradigma que la hace tender a ser menos efectiva en el mundo moderno y las reformas que la harían más relevante en el mundo moderno representan desafíos que probablemente la Iglesia no podrá ni tendrá intenciones de llevar a cabo.