3 de marzo de 2021
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Primer consorte de la nación

4 de marzo de 2010
4 de marzo de 2010

Este año podría resultar elegido también primer hombre un español, si los criollos le dicen sí a la candidata conservadora Noemí Sanín.

Se supone que el posible agraciado, don Javier Aguirre, ha estado tomando cursos para no desentonar.

No existe un manual sobre "cómo ser primer consorte y no fracasar en ese destino". Pero en Londres, donde Noemí repitió embajada para mejorar su inglés clonado del presidente Uribe, don Javier ha podido aprender de dos clásicos del oficio: los esposos de la Reina Isabel y de la ex primera ministra, Margaret Tatcher.

El eventual futuro primer marido que le echaba los perros a Noemí desde la campaña que llevó a Uribe a Palacio, se aparta del viejo cliché de privilegiados maridos que embolatan el tiempo jugando golf y despachando escocés "mil" años. Así alivian el estrés que produce el hecho de ser pareja de fémina importante.

Todo depende de que los colombianos decidamos darnos -o no- merecidas vacaciones del ritmo y talante paisas que ha impuesto el infatigable del Ubérrimo.

Biógrafos fugaces que se han tuteado con el ilustre chapetón lo encuentran agradable, inteligente, bien informado. "Con charme", dirían los franchutes. Le cabe el mundo en la cabeza. Es bajito pero para la ceremonia de posesión podría alquilar -o comprar- tacones elevados.

Aguirre es discretamente arrogante. Un encantador de serpientes. No le robaría protagonismo ni le ocultaría el sol a su dama quien, por si las moscas, frecuenta el gimnasio. Mostró considerables bíceps en una aparición por televisión. ¡Ay de don Javier si se sale del libreto!

Como exquisito conversador, sabe escuchar. Es de ideas claras, sincero, respetuoso del criterio ajeno. No lo patea la economía, así que podría dar certeros consejos.

El exitoso ejecutivo, bogotano adoptivo por generosidad de la alcaldía, es crítico inteligente de España y Colombia. Porque te quiero te aporrio. Es un colombiano de corazón.

No tiene problemas de chequera. Si su "dulce enemiga" es de aquellas compradoras compulsivas que arrasan con los descuentos en el exclusivo Harrods londinense, "no problem". (Además, la liberación femenina empieza por pagar la cuenta, y ella lo puede hacer. La liberación masculina consiste en permitir que lo hagan).

Los tortolitos han patentado un mecanismo exquisito para eternizar su amor: viven en ciudades separadas. Sólo hay reencuentros para faenas gratas. Las urnas tienen la palabra. No Uribe, quien ya hizo guiños con los dos ojos abiertos por Juan Manuel Santos y su doble, Uribito.

Ojalá la Iglesia no se salga de la sotana porque el dueto no está arropado en ninguna epístola. Pero interpretan a la perfección la gramática del amor que pregona san Pablo en alguna de sus cartas. ¿Para qué más?