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Colombia no es ajena

21 de marzo de 2010
21 de marzo de 2010

AFP.
AFP.Las placas tectónicas cercanas a Bogotá han aumentado su movimiento, lo que alerta frente a la posibilidad de un sismo. Aunque hay avances en normatividad y en la preparación del Distrito, solo el 20% de las construcciones de la capital son sismorresistentes. Foto:Andrés Felipe Castaño/Unimedios.

Las placas tectónicas cercanas a Bogotá han aumentado su movimiento, lo que alerta frente a la posibilidad de un sismo. Aunque hay avances en normatividad y en la preparación del Distrito, solo el 20% de las construcciones de la capital son sismorresistentes. Foto:Andrés Felipe Castaño/Unimedios.

Uno de los problemas que hace vulnerable a la capital ante un posible sismo es que alrededor del 60% de las construcciones son informales: hechas por “maestros”. Víctor Manuel Holguín/Unimedios

Uno de los problemas que hace vulnerable a la capital ante un posible sismo es que alrededor del 60% de las construcciones son informales: hechas por “maestros”. Víctor Manuel Holguín/Unimedios

Coyuntura

MAGDA PÁEZ TORRES, Unimedios
Universidad Nacional de Colombia

Las placas de Nazca y la Suramericana, causantes del reciente terremoto en Chile, también son un riesgo para Colombia. El occidente del país y la zona de las cordilleras, donde se ubica la capital de la República, son las más vulnerables frente a un posible sismo. El 80% de las viviendas bogotanas no cumplen con normas de sismorresistencia.

Colombia no solo es peculiar por su gran biodiversidad, por tener salida a dos océanos o por su variedad climática. También se destaca por ser el único país del continente ubicado sobre cuatro placas tectónicas: la de Nazca, la de Cocos, la del Caribe (pertenecientes a la corteza oceánica) y la continental (de Suramérica). Así mismo, por contar con una de las tres zonas de mayor sismicidad en el mundo: la Mesa de los Santos, en Santander, después de Afganistán y Siberia.

Hoy, cuando vecinos como Chile y Haití sufren una de las mayores tragedias naturales de su historia, causada por terremotos, las alarmas de Colombia se encienden, no porque los sismos sean un mal contagioso, sino por la importancia de que un país se prepare frente a un posible fenómeno de esta naturaleza.

Aunque es cierto que no se puede predecir el día ni la hora en que ocurrirá un sismo, geólogos y geofísicos colombianos han seguido de cerca el comportamiento interno de la Tierra, lo que les da herramientas para pensar que es factible la posibilidad de un terremoto en el país.

 

Ómar Agudelo, del Centro de Estudios para la Prevención de Desastres (Ceprevé) de la Universidad Nacional, señala que un país andino y costero se expone más a este riesgo, por las fallas geológicas que allí actúan.

Las fallas son una especie de herida o ruptura que la Tierra sufrió en el pasado, aptas para que se libere la energía que produce el movimiento constante de las placas (fragmentos de tierra o divisiones de la corteza) o su choque en el subsuelo.

“Colombia tiene zonas sometidas a riesgo sísmico permanente. En algunas es bajo y en otras más alto, como en el occidente del país, particularmente en áreas cercanas a Urabá y a la costa Pacífica. Además, hay volcanes activos que pueden generar sismos”, sostuvo Agudelo, quien añadió que el 86% de la población colombiana vive en zonas de riesgo natural a eventos hidrometeorológicos o geológicos.

El occidente colombiano (Nariño, Cauca, Valle y Chocó) está sufriendo el mismo fenómeno de Chile, Perú y Ecuador, es decir, que está siendo afectado por la subducción (hundimiento) entre la placa de Nazca y la continental, dice el geofísico Luis Alberto Briceño. “La gran placa oceánica (Nazca) se mete por debajo de la placa continental (Suramericana). Durante ese proceso, en las zonas de contacto se genera energía que se va acumulando poco a poco en las zonas de debilidad, en la gran cantidad de fallas que se producen o que ya existen”, sostuvo.

En Tumaco, por la actividad de esta zona de subducción, se han registrado dos tsunamis en menos de un siglo, lo que no es muy frecuente: el primero en enero de 1906, el segundo en diciembre de 1979.

Alerta en Bogotá

Uno de los puntos de mayor atención es la capital del país, por estar cerca de la falla del Piedemonte Llanero, cuya actividad es estudiada por expertos, entre ellos el geólogo y profesor de la Universidad Nacional Thomas Cramer, quien advierte que las placas circundantes a Bogotá han aumentado su movimiento desde  tiempo atrás.

“Hay un gran número de fallas en el país, pero debemos observar más las del Piedemonte Llanero, pues la diferencia de topografía no es arbitraria, hay un rompimiento, un límite. Sobre eso deberíamos tener más datos, más estaciones”, enfatizó Briceño. El geofísico considera necesario observar parámetros como la variación de los campos eléctricos, las deformaciones superficiales o el nivel del agua subterránea. “Los rompimientos de la zona alcanzan más de 100 kilómetros, lo que podría determinar la magnitud de un sismo”, explicó.

Sumado a ello, se habla de un silencio sísmico. El último gran terremoto ocurrido en la ciudad fue en 1917. Desde entonces solo se han producido temblores de baja y mediana magnitud. Ello es indicio de que hay mayor energía acumulada en la Tierra, dice Cramer.

“Lo que más preocupa ante un posible sismo en la capital es que cerca del 80% de las viviendas de la ciudad no cumplen con las normas de sismorresistencia”, llama la atención Ómar Cardona, de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica.

Y es que el 16% de la población colombiana vive en Bogotá. Como enfatizó el profesor Ómar Agudelo, son 8 millones de personas concentradas en una sabana, donde un alto porcentaje de lo construido no respeta códigos de sismorresistencia.

Si bien hay avances en normatividad y se aproxima una nueva actualización de la ley –solo falta la firma presidencial–, la tarea en el país empezó tarde, apenas en 1984. En esta se han contemplado gran parte de las nuevas edificaciones, sin embargo, no todas han acatado la norma. El ingeniero Cardona afirma que el 60% de las viviendas han sido construidas de manera informal, no por ingenieros sino por oficiales de la construcción, los llamados “maestros”.

Después de un estudio realizado entre el 2000 y el 2003, con ayuda del Ceprevé de la UN, la Agencia Internacional de Cooperación del Japón (Jica) encontró que un sismo con epicentro cercano y magnitud superior a los 7,5 grados sobre la escala de Richter afectaría un 89% de las construcciones de Bogotá, causando desde fisuras hasta colapso de la edificación.

Otro estudio de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica revela que con un terremoto de 7,6 grados sobre la escala de Richter se podría destruir entre el 10% y el 15% del valor de la capital. “En México, en 1985 se destruyó cerca del 5% del valor de la ciudad, y ello lo recordamos como uno de los fenómenos más brutales que ha ocurrido en una megaciudad”, dijo Cardona.

Con base en datos como este, el Distrito está diseñando un Plan de Reconstrucción de la capital, en caso de terremoto. De igual manera, se ha venido haciendo un trabajo de reforzamiento de edificios públicos, en especial de hospitales y colegios, puntualizó el ingeniero.

Viviendas sismorresistentes

Para que una construcción se considere sismorresistente debe cumplir con tres condiciones: resistencia, disipación de energía (ductilidad) y estructura suficientemente rígida (que no se deje mover de forma demasiado flexible). La normatividad colombiana ha tomado el modelo estadounidense, adaptándolo a las necesidades locales.

Una construcción con estas características no supera el 5% del valor del edificio. Por el contrario, si los ajustes se hacen después de finalizada la obra, sí se incurriría en gastos mayores.

Es vital que la vivienda se construya según las condiciones del suelo. Por ejemplo, si un terreno es muy blando, las edificaciones deben ser de 1 ó 2 pisos. Si los suelos son rígidos lo ideal son construcciones de varios pisos.

Cardona señala que en el caso de los cerros de Bogotá hay varias casas de 1 ó 2 pisos, lo que las haría vulnerables porque ese terreno es muy rocoso. Por otra parte, zonas como la calle 86 con carrera 15 tienen suelos muy blandos con edificios muy altos que se verían afectados en caso de un posible sismo. El sur de Bogotá, de darse un terremoto con epicentro cercano, podría convertirse en una especie de Haití durante la tragedia. La afectación mayor o menor de las zonas, aclaró Cardona, dependería de lo lejano o cercano que fuera el fenómeno.

Estas variaciones se deben principalmente a que la Tierra no es homogénea, por su misma naturaleza y proceso de formación. “Es como un magma que se enfrió hacia adentro”, explicó el geólogo Cramer. Parte de sus capas, que son como pedazos de piel de la corteza, pueden ser semilíquidas, otras sólidas.

Cuando las placas tectónicas terrestres están mejor lubricadas, es decir, tienen líquido o magma entre los cristales, o son más blandas, se mueven mejor, pero cuando esto no se da, el movimiento se produce sin que se pueda escapar la energía. “Llega un momento en el que no aguantan más y se libera la energía en movimiento instantáneo. Cuando la cantidad de energía es mayor y sale en menos tiempo, el terremoto es más fuerte, de ello y del lugar del epicentro depende su magnitud”, dijo el docente Cramer.

El momento de un sismo no puede predecirse, dice Briceño, pero si se observaran las deformaciones de la corteza, se encontrarían indicios. “Todos estos rompimientos tienen un proceso. Si uno pudiera estar cerca de donde se va a romper, se podrían tener aproximaciones. El problema es decir que no se puede y no invertir dinero. Eso depende de cómo se mire el fenómeno”, argumentó.

Qué hacer

Más allá de la acción de las autoridades, es importante que la población no se alarme sino que se tome conciencia sobre la posibilidad de un sismo y se prepare para afrontarlo. Como paso previo, hay que verificar cómo está la estructura de las casas y, de ser posible, adquirir un seguro de vivienda.

En el momento en que suceda un terremoto, es importante salir a un lugar despejado, sin muchos postes o cables. Si no existe un sitio con estas características, lo mejor es permanecer en casa, refugiado bajo una estructura resistente. Si la persona se encuentra en un piso alto, es preferible que no salga para no correr el riesgo de sufrir daños mayores. Como lo expresó el profesor Agudelo, los padres deben hacer la tarea de preparar a sus hijos, por si están solos en un evento como este.

El solo hecho de pensar en un sismo es suficiente para “poner a temblar” a la población, pero la Tierra, en su transformación interna, a veces sorprende hasta a la misma naturaleza, enfrentando al ser humano con su propio entorno.