25 de septiembre de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Libertario-libertador; mejor, peor; indistinguible

3 de febrero de 2010
3 de febrero de 2010

Los sinónimos de ‘libertario’ son ‘anarquista’ y ‘ácrata’, y su definición es: “Adj. Que defiende la libertad absoluta y, por lo tanto, la supresión de todo gobierno y de toda ley” (El Diccionario). El de María Moliner dice: “Partidario de la libertad absoluta: de la no existencia de gobierno y leyes”. Lo mismo. Por esto, me pareció extraño ver este adjetivo con distinta acepción en el artículo del doctor Mario Calderón Rivera, “El infortunio venezolano”. Dice así: “Y su alcance simbólico pasa por lo que Caracas y Santa Fe de Bogotá significaron como escenarios siempre articulados e inseparables en el proceso libertario” (LA PATRIA, I-17-10). “…en el proceso ‘libertador’ o ‘liberador’ ”. Servirían también, aunque no con la misma propiedad, ‘librador’ y ‘emancipador’. La explicación de esto se encuentra en las desinencias o terminaciones de estos adjetivos. Ello es que la desinencia ‘–dor, dora’ (del latín ‘tor-toris’), que se convierte en ‘–ador’, ‘-edor’ e ‘–idor’ (primera, segunda y tercera conjugaciones, respectivamente) se usa, según la Academia, para señalar el “agente” (organizador); el “instrumento” (climatizador); y “para formar derivados de sustantivos” (libertador). La desinencia ‘–ario, -aria’ (del latín ‘-arius’), en cambio, se emplea para “formar adjetivos que indican relación con la base derivativa” (nombre), por ejemplo, ‘libertario, arbitrario, embrionario’, etc. Más cerca de ‘libertario’ se puede poner el adjetivo ‘libertino-a’, aplicable a la persona que no respeta las leyes morales o éticas en su comportamiento. Sea como fuere, estas diferencias semánticas hay que respetarlas, porque en ellas se fundamentan la unidad y la comprensión del lenguaje. Otra cosa, doctor Calderón: Cuando un verbo tiene dos participios pasivos (regular e irregular), este último se usa sólo como adjetivo, verbigracia, “el presidente electo”. Para la formación de los tiempos compuestos debe echarse mano del regular. Usted escribió en el mismo artículo: “Porque después de ser electo dos veces (José Antonio Páez) quiso hacerse nuevamente al poder…”. La forma castiza es: “…después de ser elegido dos veces…”. Quisquillas, doctor, pero de alguna importancia.

Como también me causó extrañeza grande esta frase del doctor Carlos Enrique Ruiz: “Si los mayores esfuerzos de un país, de las comunidades, se orientaran a formar lectores, desde el compromiso de la educación, las cosas irían menos peor” (LA PATRIA, I-17-10). ‘Menos peor’, expresión redundante, que me hizo recordar el gracejo del mejicano aquel que, corrigiendo a un su paisano, le dijo que no se decía “más mejor” sino “mejor”, porque así sonaba… “¡más mejor!”. Ya en serio, todos sabemos que los adjetivos ‘bueno’ y ‘malo’ forman sus grados comparativo y superlativo regular e irregularmente: de ‘bueno’, sus comparativos son ‘más bueno que’ y ‘mejor que’; sus  superlativos, ‘buenísimo’, ‘muy bueno’, ‘bonísimo’ y ‘óptimo’; los comparativos de ‘malo’ son ‘más malo que’ y ‘peor que’; sus superlativos, ‘muy malo’, ‘malísimo’ y ‘pésimo’. En estas apuntaciones, me referiré sólo a los comparativos irregulares ‘mejor’ y ‘peor’, los cuales, para desempeñar su oficio gramatical, no necesitan ningún adverbio, sólo la partícula ‘que’ cuando no son ‘comparativos orgánicos’, por ejemplo, “este candidato es mejor (más bueno) que aquél”, “este concejal es peor (más malo) que su predecesor”. Como ‘comparativos orgánicos’, ‘mejor’ y ‘peor’ entrañan el carácter de superlativos, por ejemplo, cuando decimos “es lo mejor, o lo peor, que me ha sucedido este año”, queremos expresar que el acontecimiento de que se trata supera, en fortuna o desgracia,  todos los anteriores. Finalmente, los adverbios ‘menos’ y más’ se emplean con los adjetivos positivos, verbigracia, ‘menos bueno’ y ‘más malo’. Y ¡menos mal!, exclamación de alivio.

Escribe el señor Carlos Mario Vallejo Trujillo: “William Ospina usó la palabra ‘inconseguible’ en su última columna dominical, pero en el Diccionario no se ‘consigue’ ni siquiera ‘conseguible’ ” (I-11-10). La desinencia ‘-ble’ (-able’ o ‘-ible’, según la conjugación) es muy peculiar. Quiero decir que se puede añadir a cualquier verbo para “expresar la posibilidad de realizar en el objeto de que se trata la acción expresada por el verbo a que corresponde la raíz, o merecimiento de ella” (Diccionario de María Moliner). La palabra ‘acechable’, por ejemplo, no está en los diccionarios, pero es castiza; lo mismo ‘convivible’, ‘maneable’, ‘perdible’ (que no asienta el Diccionario) e ‘imperdible’ (que sí se encuentra en él); como también su ‘conseguible’, señor Vallejo, y el ‘inconseguible’ de William Ospina, el autor de “Ursúa” y de “El país de la canela”. El secreto del uso correcto o incorrecto de tales adjetivos está en la mesura con que se haga y en la oportunidad que para ello se aproveche, porque hay expresiones que los pueden reemplazar: “Digno de ser amado” (amable), “fácil de conseguir” (conseguible), “imposible de conseguir” (inconseguible), “sencillo de manear” (maneable), etcétera.