28 de septiembre de 2020
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La poesía de Augusto León Restrepo

1 de febrero de 2010
1 de febrero de 2010

Por JOSE MIGUEL ALZATE                          

augusto leon restrepo

Augusto León Restrepo

“Las palabras que no tienen coraza”, el libro de Augusto León Restrepo que va por la segunda edición, invita a revaluar el trabajo poético de este abogado que ha trasegado por el periodismo sin abandonar nunca a su fiel cómplice, la poesía. Leído treinta años después, el libro confirma los valores estéticos que los lectores descubrieron cuando vio la luz pública por primera vez, en 1980. Que no son otros que la musicalidad de unos poemas que al leerlos erizan la piel por su lenguaje erótico, por el tono romántico del poeta cuando canta a la mujer amada, por la belleza de las metáforas que fluyen por sus versos como agua cristalina.

Hay en la poesía de Augusto León Restrepo un torrente de sensibilidad. El río de su poética fluye por las páginas de este libro como expresión vívida de sus preocupaciones de hombre enamorado. Es un poeta que encuentra en la mujer su complemento para ser feliz, que descubre en esa piel de manzana de la amada motivos para cantarle a la vida, que ofrece sus versos como expresión de esas alegrías plenas que proporciona el amor correspondido. El autor se sinceriza con la amada cuando dice: “Quedan en el aire tus ojos con el brillo/ que en las noches la alcoba iluminaban/ y tus dedos buscando mis espaldas/ con la ardiente presencia de todo lo que fuiste/.

“Eros”, el libro que Augusto León Restrepo publicó en 1988, es un poemario trabajado con los elementos de la entrega apasionada. No hay en estos versos erotismo de mala factura. Lo que el lector descubre es una forma artística de evocar el cuerpo de la mujer, de recordar las noches de pasión cuando los cuerpos se confunden en un solo abrazo, de reconstruir con las palabras el momento de la entrega. En el poema “El sueño”, dice: “Duerme serenamente/ que si velo tus sueños, te presiento/. El cansancio nos ata/ pero hace que reunamos de nuevo los deseos/, para volvernos a amar/, como una tenue espuma/ que llega a la caricia/.

 La poesía de Augusto León Restrepo tiene acentos nerudianos en algunos de sus versos. Por ejemplo cuando dice: “La noche está plena de ti/ y me ata a tu recuerdo/. El vino me acaricia la piel/. Las sombras reflejadas en el cuarto/  y tus muslos agrestes/ me amarran a la tierra/”. Pero también tiene asombros vallejianos. Sobre todo cuando habla de la soledad, de la tristeza, de la amargura. En el poema “La esperanza” dice: “Hay que apurar el paso/. Anclar la ruta/ en algo que no sea la bebida del tiempo/, es desertar/”. Hay en estos versos la expresión de una angustia existencial. A veces el poeta libera su inspiración para decir: “Te miré, y en el tiempo vibró un abismo eterno”.

La voz de este hijo de Anserma que dice: “Mi abrazo circundó tus caderas y te agitó como aspa dominando huracanes”,  tiene finas resonancias líricas. No es un poeta de esos retóricos que utilizan lugares comunes para hablar de su soledad, o de su enamoramiento, o de su tristeza. Su lenguaje se caracteriza por la sobriedad en las palabras. No cae Augusto León Restrepo en los símbolos sin sentido para cantar su alegría interior cuando comparte el lecho con la amada. Como lo dice Hernando Salazar Patiño, el poeta no le tiene miedo a la dulzura. Al contrario, recurre a ella para expresar toda esa pasión contenida que lleva en el alma.

Tiene que ser un gran poeta alguien que escribe con fuerza huracanada estas palabras: “He deambulado por la misteriosa noche de tus hombros en busca de lo agreste de tus senos”. Versos como estos transmiten al lector el embrujo del enamoramiento. Este libro, “Las palabras que no tiene coraza”, obliga a volver la mirada sobre la obra de un poeta que no se ha dejado arrastrar por la intemporalidad de la política para desdeñar su vocación lírica.  Sus versos tienen, al decir de César Montoya Ocampo, “turgencias frutales, cansancios de sábanas, onirismos fantasmales, ruegos desgarrados”. La de Augusto León Restrepo es, definitivamente, una poesía con aroma de mujer.