22 de junio de 2021
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Las nuevas relaciones militares entre Estados Unidos y América Latina

6 de diciembre de 2009
6 de diciembre de 2009

palanqueros

¿Una presencia militar creciente? 

El reciente acuerdo entre Estados Unidos y Colombia sobre el uso de bases militares ha causado una ola de preocupación en toda América Latina. El acuerdo fue negociado en secreto y en principio se acordó en el mes de agosto, pero su firma se produjo el pasado 30 de Octubre.

Tanto Estados Unidos como Colombia hicieron esfuerzos para describir el acuerdo como una prolongación inofensiva de la actual cooperación militar entre los dos países. Pero otros gobiernos latinoamericanos lo vieron de manera diferente – como un paso adicional en el proceso de involucramiento militar creciente de Estados Unidos, no sólo en Colombia, sino en toda la región. Examinando este acuerdo a la luz de otros eventos que incluyen a las fuerzas estadounidenses, muchos han expresado preocupación de que la diplomacia está siendo reemplazada nuevamente por a una posición agresiva de los Estados Unidos en América Latina.

El caso de la IV Flota

El Comando Sur de Estados Unidos, que es el “Comando Combatiente” cuya “Área de Responsabilidad” – o para utilizar el término más amistoso, “Área de Foco”– incluye a toda América Latina y sus aguas con excepción de México, ha sido parte de otros cambios recientes en el contexto militar de la región.

El 24 de abril de 2008, después de 58 años de inactividad, y nuevamente, sin ningún aviso previo a los gobiernos de América Latina, el Departamento de Defensa anunció el restablecimiento de la IV Flota de la Armada estadounidense. Según dijo la Armada, la nueva Flota, que opera en el Área de Foco del Comando Sur, se justifica entre otras por razones de asistencia humanitaria y entrenamiento bilateral, y en todo caso no tendría navíos especialmente asignados.

Sin embargo, en un comunicado de prensa la Armada precisó que “La reconstitución de la IV Flota reconoce la enorme importancia de la seguridad marítima en la parte sur del Hemisferio Occidental, y envía una fuerte señal a todos los servicios civiles y marítimos de América Central y América Latina”[1]. Y añadió que “Alinear la IV Flota con nuestras otras múltiples flotas y proveerla de capacidades y personal es la ejecución lógica de nuestra nueva Estrategia Marítima”[2].

Estas señales aparentemente contradictorias causaron una confusión inmediata. El Parlamento del Mercosur, cuyos miembros son Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, se reunió y votó en contra de la reactivación de la IV Flota. Brasil se mostró particularmente cauto respecto de las explicaciones ofrecidas para la renovada presencia en la región. Habiendo descubierto recientemente lo que parecen ser importantes yacimientos de petróleo sobre su costa marítima, el Presidente Lula da Silva alertó, “Me preocupa la IV Flota. ¿Por qué? Porque la IV Flota va ir exactamente donde nosotros acabamos de descubrir petróleo.[3] 

Por otra parte -y sólo siete meses después del anuncio estadounidense- la Armada rusa condujo ejercicios conjuntos y efectuó escalas en puertos de Venezuela, lo cual contribuyó al aumento aparente en las tensiones militares. La supuesta alianza entre Rusia y Venezuela, corroborada por las ventas de armas en el momento mismo cuando    Estados Unidos consolida su alianza con Colombia, continúa causando temor y desconfianza entre los países de América Latina. 

El caso de las bases en Colombia  

En la percepción de algunos, el acuerdo entre Estados Unidos y Colombia complica aún más la cuestión de la presencia e intereses militares de Estados Unidos en América Latina.

El acuerdo se da en el contexto de la pérdida de acceso norteamericano al aeródromo de Manta, tras una campaña electoral exitosa de Rafael Correa que exigía no renovar el acuerdo entre Estados Unidos y Ecuador, que expiraría en Noviembre de 2009. Por otro lado, en una iniciativa liderada por el Presidente Lula, la Unión de Naciones Sudamericanas -UNASUR- estableció el nuevo Consejo de Defensa Sudamericano, una organización notable por su intención de tratar los asuntos de defensa independientemente de los militares estadounidenses en la región.  Y en todo caso el acuerdo de las bases colombianas también se ha visto sometido a varios vaivenes aparentemente contradictorios.

Un documento explosivo sobre las bases

Hace algún tiempo se divulgó un documento del Departamento de Defensa que tuvo gran impacto en América Latina. El documento, originalmente presentado por la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Mayo de 2009 -y redactado bastante antes de esa fecha- es una justificación del pedido de $46 millones de dólares como fondos de “construcción militar” para mejorar la Base Aérea de Palanquero[4].

El documento habría podido pasar como parte de un aburrido trámite administrativo, pero  en efecto causó gran conmoción. El acceso de Estados Unidos a la base mejorada en Colombia proveería “la oportunidad de realizar operaciones de amplio espectro a lo largo de Sudamérica,” y apoyaría “misiones de movilidad al proveer acceso a todo el continente, excepto a la región del Cabo de Hornos…”. A continuación, el documento detallaba las amenazas presentes en la región, incluyendo “insurgencias terroristas financiadas por el narcotráfico, [y] gobiernos anti-americanos…”.  Y por último se refería a “aviones estadounidense anticipados en el área para requisitos de misiones futuras.”[5]

Este documento desclasificado apareció en un momento particularmente sensible, dado que el Departamento de Defensa acababa de anunciar el acuerdo por el cual Estados Unidos tendría mayor acceso a Palanquero y a otras seis Bases Aéreas y Navales en Colombia.

El anuncio del acuerdo ya de por sí había causado revuelo: UNASUR convocó a una reunión que tuvo lugar en Bariloche, Argentina, para discutir sus inquietudes respecto de las intenciones inciertas de las fuerzas armadas de Estados Unidos en la región. Varios países expresaron su oposición o su preocupación respecto del acuerdo, incluyendo Brasil, Argentina y Chile, como también países cuyas relaciones con  Estados Unidos ya eran tensas, como Bolivia, Ecuador, y por supuesto, Venezuela. El recién descubierto documento de justificación presupuestaria vino justamente a confirmar las razones de preocupación de los miembros de UNASUR .

Ambigüedad sobre el uso de las bases en Colombia

El acuerdo de la bases es en sí mismo decididamente ambiguo. Establece que mucho del contenido será definido a través de acuerdos futuros. Esto dejaría la puerta abierta a un sinnúmero de actividades militares “acordadas mutuamente” para enfrentar cualquier tipo de amenaza, militar o no, que sea percibida como tal por los dos países.

Si bien Estados Unidos ha declarado que tiene la intención de respetar los principios de soberanía y no intervención en los asuntos internos de otros Estados, la mención de estos principios no suple la falta de roles y misiones claramente definidos, como sí habían sido establecidos en acuerdos previos, incluyendo aquí el acuerdo con Ecuador sobre la base de Manta (ver el análisis de Diego Otero en la próxima edición de Razón Pública).

Por regla general en el derecho, aquello que no ha sido expresamente prohibido está permitido. La “intención” de respetar aquellos principios y la potestad real que el acuerdo otorgada a Estados Unidos son cosas muy diferentes, y las intenciones -especialmente aquellas declaradas por una nación que en el pasado reciente ha realizado varias intervenciones militares en el hemisferio pueden cambiar dramáticamente en el plazo de diez años que durará el acuerdo.

El texto suavizado del Pentágono

El 6 de noviembre pasado, el Departamento de Defensa volvió a presentar el documento de justificación de los fondos para Palanquero, si bien el presupuesto ya había sido aprobado y convertido en ley[6]. El nuevo texto elimina la provocativa frase “operaciones de amplio espectro” y en su lugar emplea el lenguaje de “soberanía” y “no intervención”. Esto podría ser aplaudido si en realidad la variación del texto correspondiera a un cambio radical en el pensamiento estratégico y táctico del Departamento de Defensa. Pero de hecho no ha habido ningún cambio en cuanto a las amenazas regionales, de suerte que la nueva redacción parecería obedecer más bien a  un gesto de las relaciones públicas de Estados Unidos – y en todo caso los congresistas que apoyaron la solicitud de fondos seguramente pensaron que se trataba de los objetivos descritos en el documento inicial. Por lo tanto, continúa habiendo un mar de sospechas sobre todo el proceso y especialmente sobre el propósito de los militares estadounidenses en la región.

Una “hoja de ruta” para Estados Unidos

La Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos – a al cual pertenecemos los autores – considera que el aumento de las tensiones militares en América Latina es una tendencia perturbadora que debe ser revertida. En una parte del mundo que durante los últimos años ha sido testigo de relaciones pacificas entre los Estados, estamos asistiendo al comienzo de lo que parece ser una carrera armamentista, sea o no determinada por los factores arriba mencionados. Venezuela ha estado comprando armas de Rusia, Brasil está iniciando la construcción de submarinos con tecnología francesa, y también se están poniendo en marcha otras iniciativas de adquisición de armas.

Estados Unidos puede ayudar a frenar esta tendencia si refuerza sus intenciones de no intervención mediante un anexo al acuerdo de las bases colombianas donde se precisen  y se hagan explícitas las restricciones. Además puede firmar otros “Acuerdos de Cooperación de Defensa” en América Latina, especialmente con los países limítrofes  con Colombia, donde consten los límites para las actividades de los militares estadounidenses o donde se establezcan restricciones de construcción de confianza.

El paso más importante que Estados Unidos puede tomar sería entender que las raíces de los problemas de seguridad en América Latina no son militares y no se solucionarán con intervenciones militares. Las autoridades del Comando Sur, tanto el General Fraser como su predecesor, el Almirante Stravidis, han insistido sobre este punto en sus discursos y testimonios ante el Congreso. Sin embargo, todo lo positivo que ofrecen a la región los ejercicios conjuntos, los equipos de preparación médica, las misiones de asistencia humanitaria y el barco hospital USNS Comfort -que es bastante- no se condice con programas de desarrollo que deberían ser un esfuerzo más sostenido y liderado por agencias civiles.

El Departamento de Defensa debería dar marcha atrás en la postura crecientemente agresiva que está desempeñando en la región y permitir que los elementos del poder nacional de Estados Unidos, que efectivamente pueden mejorar vidas en América Latina -desarrollo y diplomacia- tomen la delantera en América Latina. El Secretario de Defensa Robert Gates ha dicho esto varias veces y más recientemente, en un discurso  ó sobre las Américas en la Conferencia de Seguridad del Fondo Alemán Marshall en Nueva Escocia, Canadá. Ahora es el momento de poner las palabras en acción y comenzar a deshacer la desconfianza y el temor que han sido producto de la política militar de Estados Unidos en América Latina.

* George Withers es Investigador Asociado de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos y por más de diez años trabajó para la Comisión de Servicios Armados de la Cámara de Diputados de los Estados Unidos.

 ** Lucila Santos es Investigadora de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, y está realizando una maestría en estudios de políticas de seguridad en la Universidad George Washington.

*** La Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA por sus siglas en ingles) es una organización no gubernamental, con base en Washington, DC, que lleva más de 30 años promoviendo los derechos humanos, la democracia y la justicia social en América Latina.

Notas de pie de página


[1] Comunicado de Prensa de la Armada de Estados Unidos, 24 de abril de 2008, en http://www.navy.mil/search/display.asp?story_id=36606

[2] Ibid.

[3] Citado en Clarín, Buenos Aires, 10 de Septiembre de 2008

[4] Departamento de la Fuerza Aérea, “Military Construction Program, Fiscal Year (FY) 2010, Budget Estimates,” Mayo, 2009. http://www.saffm.hq.af.mil/shared/media/document/AFD-090511-049.pdf

[5] Ibid.

[6] Departamento de la Fuerza Aérea, “Military Construction Program, Fiscal Year (FY) 2010, Budget Estimates.  Addendum to reflect terms of the U.S.-Colombia Defense Cooperation Agreement as signed on 30 October 2009.” http://www.saffm.hq.af.mil/shared/media/document/AFD-091110-02