20 de junio de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La importancia del tres raspao

12 de diciembre de 2009
12 de diciembre de 2009

Lo he contado. Entré a la U. en una escasez que "hubimos". Debía tres materias. No era bachiller. Perdí los exámenes de admisión. Al año, alguien interrumpió mi ocio creativo: "Tenés cupo".

Había facultad, clases, de todo. No había alumnos. Me convocaron para rellenar. Acepté irrevocablemente. No sabía qué hacer con mi vida. La vida tampoco sabía qué hacer conmigo. Estábamos en paz.

"Confieso que he vivido". También confieso que no me alcanzó la ropita para graduarme. Estudié cuatro semestres, máximo. No gané ninguno.

Como en los años sesenta padecía exquisita angustia existencial (= despiste sicológico-espiritual), estudiaba un semestre, lo perdía, "descansaba" el otro y regresaba. Nunca me sentí más angustiado. Ni más vivo. Mi solidaridad -y envidia- con quienes hoy padecen idénticas tribulaciones. Sáquenle el mejor partido a sus enriquecedoras ollas.

Mis taitas me preguntaban cómo iban mis estudios. Les mentía sin piedad para que no me cortaran el chorro de la financiación.

Durante el tiempo que hice turismo existencial en la U perdía hasta las materias afines a mis habilidades. Pasaba con sospechosos treses raspaos.

Esos regalados treses me salvaron la vida. Me señalaron un puesto bajo el sol. Me aferré al periodismo como un pulpo a su "inminente almuerzo".

Vivo enculebrado con quienes me calificaron con tres raspao que considero mi "magna cum laude". En el poeta Elkin Restrepo suelo agradecerles a todos mis maestros. Como el azar se da sus licencias, Elkin asistiría al lanzamiento de un libro mío editado por la "invicta" U. de Antioquia.

(Así no venga al caso, informo a mis desocupados lectores que las columnas que he escrito para El Colombiano, desde 1989, las envío anualmente, empastadas, a la Biblioteca Pública Piloto. Reciprocidad obliga con la institución que nos prestaba libros a los niños).

Deserté de la Escuela de Periodismo la mañana que me levanté enguayabado pero lúcido. Me dije: Llevás aquí mucho tiempo, no has ganado un semestre, no conocés un periódico ni una emisora por dentro, estás engañando a tus taitas. No jodás, abrite, pintica.

Y arranqué para Bogotá. De la mano de mi amigo y mecenas, Alvarito Vasco, exitoso restaurantero ya fallecido, visité al "Loco" Alberto Giraldo, uno de los directores de Todelar . Me puso a madrugar a las cinco de la mañana con salario mensual de 900 pesitos.

Desde entonces me dedico a este oficio de nunca acabar. De siempre empezar y aprender. Entiendo que el periodismo no es punto de llegada, sino de partida. Por eso disfruto haciendo siempre lo mismo.