22 de junio de 2021
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La encrucijada del alma

8 de noviembre de 2009
8 de noviembre de 2009

Esa frase, pronunciada antes de que el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo dijera que el mandatario debería repetir presidencia, se ha prestado para que los analistas políticos sostengan que Uribe si quiere quedarse cuatro años más orientando los destinos del país. Aunque el gobierno buscó apoyo político para la aprobación del referendo, el Presidente no ha expresado abiertamente su intención de lanzarse como candidato para aspirar a un tercer mandato. 

¿Es bueno que un mandatario se perpetúe en el poder? Definitivamente, ¡no! La independencia de los poderes es el sustento fundamental de una democracia. Cuando los otros órganos de poder se convierten en instituciones de bolsillo, que pueden ser manejadas por el mandatario, se pierde la independencia que debe caracterizar a estos organismos. Que es lo que sucedería en el caso de que Alvaro Uribe sea reelegido por segunda vez. Los entes de control quedarían en manos de sus aliados políticos. Se pierde, así, el contrapeso que debe existir en una democracia para que no se cometan excesos. Un Fiscal General de la Nación salido de la entraña del Presidente no es garantía de imparcialidad.

La encrucijada en el alma de Alvaro Uribe Vélez no es causada por su deseo de eternizarse en el poder. El mandatario lo ha repetido varias veces: debe elegirse un Presidente que continúe con sus programas de seguridad democrática, de confianza inversionista y de cohesión social. Lo que al actual mandatario le preocupa es que otro candidato que no defienda sus políticas en este sentido desmonte estos programas si llega a la presidencia. Así las cosas, todo lo que su gobierno ha logrado en materia de mejoramiento de la seguridad, de reducción de los índices de pobreza y de incremento en la inversión extranjera, no se sostendrían en el tiempo.

No puede negarse que el mandatario de los colombianos es un líder que quiere construir un país con equidad social, incluyente, con calidad de vida. Alvaro Uribe Vélez es un colombiano que ha sacrificado su tranquilidad por ese deseo que tiene de servirle a Colombia. Otro dirigente, en sus circunstancias, optaría por terminar el mandato, no aspirar nuevamente a la presidencia y dedicarse a escribir sus memorias. Pero su compromiso con la patria lo está llevando a querer seguir sirviéndole a costa de su propia paz interior. Aunque no lo ha dicho públicamente, todo indica que el Presidente quiere apostarle a una nueva reelección. Su favorabilidad en las encuestas ayuda a que su encrucijada sea cada día mayor.

Si Alvaro Uribe Vélez quiere salir con honores del Palacio de Nariño debe renunciar a la posibilidad de un tercer mandato. Históricamente, los Presidentes que se han atornillado a su silla han terminado cuestionados. Mírese no más el caso de Alberto Fujimori en el Perú, o de Augusto Pinochet en Chile. El primero, que prácticamente acabó con Sendero  Luminoso, cometió excesos que hoy está  pagando. Y el segundo, que hizo posible el milagro chileno,  terminó siendo juzgado por las cortes de su país. Uribe Vélez, que es un demócrata, no debe correr el riesgo de  convertirse en dictador. Si quiere que la seguridad democrática sea una política de Estado debe hacerle el guiño a uno de sus hombres de confianza para que recoja sus banderas.

El Presidente debe dejarse aconsejar por su conciencia. Y convencerse de que debe abrirle espacios a otros dirigentes, tan capacitados como él para regir los destinos de Colombia. Un tercer mandato suyo frustraría a toda una generación que se ha venido preparando para asumir el reto de gobernar al país. Esa encrucijada en el alma lo debe llevar a tomar la determinación de decirles a los colombianos que no tiene aspiraciones de repetir mandato. Y no esperar a que la Corte Constitucional declare exequible o inexequible el referendo. Así su nombre quedará incrustado, con honores, en la historia de Colombia. Porque se constituyó en el mandatario que arrinconó a un grupo guerrillero para hacer posible el crecimiento económico.