3 de agosto de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Asesinar, números cardinales, poterna

17 de septiembre de 2009
17 de septiembre de 2009

El redactor de “Al correr de las horas", de LA PATRIA, escribió: “Tras la intensa polémica que desató en el país el asesinato de un hipopótamo…” (VIII-31-09). De ‘asesino’ anota Juan Corominas: “1526. Del árabe ‘hassasi’, bebedor de ‘hasis’, bebida narcótica de hojas de cáñamo, nombre aplicado a los secuaces del sectario musulmán conocido por el Viejo de la Montaña, s. XI, que fanatizados por su jefe y embriagados de ‘hasis’, se dedicaban a ejecutar sangrientas venganzas políticas; aunque empleado antes varias veces y con muchas variantes, el vocablo no queda fijado y no se generaliza en el uso castellano hasta el s. XVIII. Derivados ‘asesinar’ (1535) y ‘asesinato’ (hacia 1700). De un hipopótamo, por enorme y pesado que fuere y, a pesar del revuelo periodístico que causó su muerte provocada, no puede decirse, pues, que fue ‘asesinado’. Ni ‘ejecutado’. ‘Muerto, eliminado, matado’ y, mejor, ‘sacrificado’, son los participios pasivos apropiados en esta historia. Nota: ‘Asesinar’ tiene también otros significados, entre estos, el figurado de “representar, interpretar, copiar o repetir una cosa muy mal”, por ejemplo, “la orquesta asesinó la Novena Sinfonía de Beethoven”.
De los adjetivos numerales cardinales, como lo he anotado en oportunidades anteriores, el número uno y los que van del doscientos al novecientos son variables en género (uno-una, doscientos-doscientas, etc.). Es ésta una norma que atropellan tiro por tiro locutores, comentaristas deportivos y periodistas de todas las tendencias, matices y edades. La comentarista de golf de ESPN, cuyo nombre desconozco, en su última intervención, dijo: “Un golpe de ciento cuarenta y un yardas” (VIII-28-09). El señor Carlos Arboleda González escribe: “Hasta la fecha ya tiene digitalizados 1,500.000 páginas” (LA PATRIA, IX-1-09). Y en el mismo diario manizaleño, Paula Andrea Toro Santana, dice: “…estando dispuestos a contestar las mil y un preguntas que pueden tener los estudiantes que quieren recorrer ese mismo camino” (VIII-28-09). “Ciento cuarenta y ‘una’ yardas”, señora; “…tiene ‘digitalizadas’ un millón ‘quinientas’ mil páginas”, don Carlos, teniendo en cuenta que aquí ‘digitalizadas’ es participio pasado que, como tal, sigue las normas de los adjetivos; “…las mil y ‘una’ preguntas”, doña Paula. Aunque, para ser claros, no es ‘las mil y una’ sino ‘las mil una’, porque contamos así: mil, mil uno, mil dos, mil tres, etc. La inclusión de la conjunción ‘y’, dicen, comenzó con el título del libro “Las mil y una noches”, por eufonía, añaden. Y, valga la verdad, suena bien. Disonante sería decir “Las mil y un noches”, como ‘mil y un preguntas’.
Algunos políticos de antaño, y muchos oradores de turno de la misma época, se valían con frecuencia de la frase “Hay luz en la poterna y guardián en la heredad” para con ella manifestar que la nación, el departamento, el municipio, la vereda o alguna institución contaban con la persona que, día y noche, velaba por los intereses y el bienestar de sus pobladores. Recordé esa frase al leer en El Tiempo la siguiente del General Álvaro Valencia Tovar: “La imagen de un tanque derribando la pesada poterna de bronce (del Palacio de Justicia, en Bogotá)…” (VIII-28-09). Me parece que es errado y desafortunado el uso que el buen escritor le da al término ‘poterna’. Éste, en efecto, procede del latín ‘posterula’, que significa ‘puerta posterior, postigo, pasadizo, puerta menor’, etc. La enciclopedia Uteha define ‘poterna’ de la siguiente guisa: “En las fortificaciones permanentes, puerta menor que cualquiera de las principales, y mayor que un portillo, que da al foso o al extremo de una rampa”. Por ahí, por ejemplo, podían escapar los asediados en caso de acoso insoportable. Para corroborar mi afirmación, transcribo la información que acompaña la fotografía del momento en que el tanque llega al Palacio de Justicia: “Un tanque Cascabel del Ejército ingresa por la puerta principal del Palacio de Justicia durante la operación de retoma”. Según cálculos imaginarios e infundados (porque no tengo las medidas de una poterna), un tanque de ese tamaño no hubiera cabido por el espacio de una abertura de esas. Nota: Como lo anoté anteriormente, la operación del Ejército no fue una ‘retoma’, pues no fueron los militares colombianos quienes se ‘tomaron’ a sangre y fuego el Palacio de Justicia, sino los criminales del M 19, pagados por el narcotráfico. Con más propiedad, ‘recuperación’, con la siguiente acepción: “Regreso a un estado de normalidad después de haber pasado por una situación difícil”.