1 de agosto de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El olvido de nuestros municipios

23 de julio de 2009
23 de julio de 2009

Como decían los abuelos, la razón natural enseña. De manera pues que, para resolver cualquier dificultad, por compleja que esta sea, son necesarias tres cosas: partir de premisas ciertas y verificables, no tratar de endilgarle las mismas a ningún tercero y enfrentar la situación con decisión y realismo. Tampoco se puede seguir divagando en foros inocuos donde el DANE intenta explicar sus asuntos estadigráficos y justificar su metodología, ni centrando sólo la atención en el Área Metropolitana y especialmente en Pereira, ignorando o infravalorando la situación de los otros municipios en materia social y económica que es, a todos ojos, dramática. El ingreso por habitante para los municipios diferentes al Área Metropolitana es de menos de 300 dólares por año, lo que indica que la mayoría de sus habitantes se ubica por debajo de la línea de pobreza.
Pueblos como La Virginia, Marsella, Santuario, Belén de Umbría, Quinchía, Santuario, Apía y Santa Rosa de Cabal, han visto cómo sus economías se han venido a menos y han caído en un profundo letargo sin que ninguna institución política o gremial haga nada al respecto. Ya es usual ver cómo las gentes de esos municipios no tienen, literalmente, nada qué hacer diferente a tomar tinto en los cafés de la plaza pendientes de algún trabajo a destajo o a que les den un contrato o un cuasi nombramiento en la administración municipal o en el departamento.
Es urgente cambiar el modelo de desarrollo económico expresado en odiosas prácticas de asistencialismo y politiquería social que hay que erradicar de nuestra estructura y de nuestra cultura. Estas políticas sólo han producido pobreza y un cierto tipo de mendicidad donde la gente depende de las ayudas estatales o de algunos “buenos samaritanos” encubriendo de esta forma la cruel realidad que viven nuestros conciudadanos, colocando un velo sobre lo que debería significar un indicador de desarrollo humano en  materia de ingreso, empleo y seguridad social.
Lo rentable, socialmente hablando, es invertir los recursos públicos en activar el aparato y sus fuerzas productivas e incentivar sectores nuevos tales como la agricultura alternativa, la floricultura, los follajes y el turismo. No es un  axioma económico ni una verdad de Perogrullo, es un asunto de humanidad y de ética de lo público: la  vida económica y la paz social se construyen sobre el aumento del ingreso y su mejor distribución.