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Mató el Tiburón, y se asustó con…

23 de junio de 2009
23 de junio de 2009

Diario Deportivo

CALI. Por increíble que parezca, el Deportivo Cali tuvo en su bolsillo el tiquete a la final del Apertura 2009 y por descuido, negligencia, ingenuidad o como le quieran llamar, permitió que Junior terminara sacándole la billetera con el boleto ganador.

No hay explicaciones válidas para que un equipo como el Cali, con jugadores de primer nivel y argumentos colectivos suficientes, no sea capaz de administrar dos goles de diferencia en sólo 45 minutos.
Y ese pecado, el mismo que arrastró el equipo durante el semestre, nunca tuvo un acto de contrición que le permitiera pasar de ese limbo de la incertidumbre al dulce momento de acariciar las mieles de la gloria.

Ganaba el cuadro 'azucarero' con autoridad el primer tiempo. Era quien imponía las condiciones en la cancha, maniatando a un Junior que no encontraba el hilo conductor para zafar esa presión que se ejercía desde su propio campo. Y consecuencia de ese absoluto control del juego, los dos golazos del argentino Pablo Martín Batalla para poner a temblar el cemento del Pascual Guerrero y alimentar una nueva ilusión de título.

Todo parecía cantado. Un solo equipo en la cancha y un serio postulante a la final se fue al descanso del primer tiempo con un contundente y favorable 2-0. 'Cheché' Hernández asegura que dio claras instrucciones a sus hombres para seguir presionado a Junior en su zona y mantener una clara vocación ofensiva. Julio Comesaña relató que, antes de hablar de fútbol, le dijo a sus hombres que por encima de cualquier cosa estaba el carácter, la determinación y el respeto a una profesión (ver en esta misma edición: "No soy un mago").

Parece, a juzgar por lo acontecido en el segundo tiempo, que el discurso del técnico colombo-uruguayo fue más persuasivo.
¿Pero qué hizo futbolísticamente Julio Comesaña para cambiarle la cara al partido? Un par de relevos que finalmente dieron resultado: después del segundo gol del Cali ingresó un hombre de avanzada, Luis Carlos Ruiz, y mandó al banco a un defensor, Braynner García.
A los 20 minutos del segundo tiempo entra a la cancha otro delantero, Carlos Bacca, y se marcha un volante de marca, Alex Jaramillo. Mejor dicho, a Santa Rosa o al charco. O el descuento o la goleada. Los riesgos que deben tomarse en situaciones postreras.

Y como arriesgar también ayuda a la suerte, una jugada fortuita, el tiro libre de Ciciliano, hace que el balón pegue en la mano de Batalla que hacía parte de la barrera. El árbitro Wilmar Roldán castiga con la pena máxima y Teófilo Gutiérrez la convierte en el esperanzador 1-2.

Y vuelve el Cali a sus andadas. Mentalmente se vuelve un fardo, un manojo de nervios, se pierden las marcas, los rebotes, aparecen las imprecisiones y para colmo se olvidan que en la cancha hay un tipo que cuando se le prende la lámpara hace fiestas. Y eso pasó. Giovanni Hernández hizo lo que quiso con todo el espacio que le abrieron y fue el autor del empate que dio a los 'tiburones' el disputado tiquete de clasificación.

Junior se clasificó bien. Buscó la igualdad y la encontró. Nunca perdió la calma y cuando las oportunidades llegaron las aprovechó. Un digno finalista y un primer opcionado al título. Su campaña lo dice todo. El Cali lo tuvo todo a su favor, pero fue consecuente con sus famosos 'minutos bobos´' de cada partido y casi siempre le pasaron factura por ventanilla.