15 de junio de 2021
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El sueño de una mujer con sensibilidad social

21 de junio de 2009
21 de junio de 2009

Le ofrece todos sus planes del día, y lo invoca para que sus proyectos en bien de los niños con problemas de corazón le salgan bien. “Dios ha sido mi guía en este proceso de estructurar una fundación que trabaje por los niños con congénitas del corazón”, dice con orgullo cuando el cronista le pregunta sobre esta obra social que le ha dado la oportunidad de vivir a 420 niños pertenecientes a familias de escasos recursos económicos.
Se llama Mónica Giraldo Mejía. Egresada de la facultad de medicina de la Universidad de Caldas en 1987, a temprana edad descubrió que estaba llamada a prestar su concurso para servirle a las clases más necesitadas. En su hogar recibió las primeras enseñanzas sobre el servicio al prójimo. Su padre, el médico Antonio J Giraldo, le inculcó el valor del trabajo desinteresado en bien de  la comunidad. Lo mismo hizo su señora madre, Teresita Mejía, actual presidenta de la Cruzada Social. Los dos le mostraron el camino para entregarse al servicio social comunitario. Pero lo que nunca se imagino esta mujer de figura menuda y una sonrisa siempre a flor de piel fue que ese sueño de salvar vidas se convirtiera en su proyecto de vida.

Deseos de servir

Este niño en vez de llorar, trata de sonreir, en el momento que le practican un examen en una de las jornadas que realiza por la ciudad Pequeño Corazón

ninoEl primer llamado para trabajar por los niños con enfermedades del corazón lo sintió Mónica Giraldo Mejía una noche del mes de abril año 1992, mientras prestaba sus servicios profesionales en el Hospital Universitario de Caldas. Cuando recibió el turno en el servicio de recién nacidos, el médico que le entregó le dijo, señalándole un  pacientico: “Y ahí está ese niño. No creo que pase de esta noche. Su cuadro clínico es delicado”. En ese instante sintió que algo debía hacer para salvarle la vida al bebé. Después de analizar su estado de salud, y al comprobar que en Manizales nada podía hacerse para salvarlo, tomó la decisión de agotar todos los recursos. Habló con su familia y, entre todos, decidieron remitirlo a Bogotá, a una institución cardiovascular para niños.
El desplazamiento del bebé hasta Bogotá, acompañado de su madre,  se realizó por cuenta de la familia Giraldo Mejía. En la capital fueron recibidos por otros miembros de la misma familia que se apersonaron del caso. Después de realizar los contactos necesarios desde Manizales, se logró que fuera recibido para su tratamiento. Alcanzaron a salvarle la vida. Esto le dio fuerzas a la hoy gerente de la Fundación Pequeño Corazón para comprometerse  en esta labor humanitaria. Se convenció entonces de que tocando puertas podría hacer realidad un sueño que la rondaba desde que empezó su año rural en el Hospital  Felipe Suárez de Salamina: atender, sin costo alguno, a los niños con cardiopatías congénitas.

Primeras acciones

Convencida de que en Manizales había un vacío para atender pacientes con enfermedades cardiovasculares empezó a trabajar en procura de brindar apoyo a familias necesitadas que tuvieran hijos con problemas de esta naturaleza. Su papá le ofreció su consultorio en el Edificio Esponsión para que atendiera allí a los niños que fuera encontrando con cardiopatías congénitas. Pero también empezó a hacer contactos con cardiólogos amigos en Pereira y Armenia para que le atendieran, en donación, a los niños. El transporte hasta esas ciudades lo conseguía con Expreso Palmira. Esta empresa transportadora se comprometió tanto con su causa que puso a su disposición una tiquetera para que ocupara sus servicios de transporte sin costo alguno cada que fuera necesario.
    Fue en el mismo mes de abril del año 1992 cuando Mónica Giraldo Mejía sintió el impulso de trabajar en esta causa.  Mientras cierra los ojos como recordando todo lo que ha hecho en este sentido, dice sobre el tema: “Como logramos salvar la vida de ese recién nacido que había llegado al Hospital de Caldas desde la Cuchilla de El Salado, me di cuenta que haciendo gestión podría ayudar a muchos niños en idéntica situación”. Entonces, por iniciativa propia, empezó a trabajar con los pacientes que llegaban al Hospital Infantil de la Cruz Roja. Se metió tanto en el cuento que en dos años y medio logró financiar 380 ecocardiogramas a igual número de niños pertenecientes a familias de escasos recursos económicos.  Pero también alcanzó a financiarle a 12 menores de edad las cirugías cardiovasculares que les permitirían seguir un ritmo de vida normal.

Nace Pequeño Corazón

El 5 de octubre de 1995 es una fecha que jamás olvida esta profesional de la medicina que ha entregado su capacidad de trabajo al servicio de una causa social. Ese día se constituyó la Fundación Pequeño Corazón. La experiencia que había adquirido en la búsqueda de recursos para atender a los niños enfermos la llevó a darle mayor consistencia a su labor. Fue así como logró obtener, con el respaldo del Club Rotario de Manizales, la Personería Jurídica 004770 que le dio vida a ese sueño que venía acariciando desde sus tiempos de estudiante universitaria. Recurriendo a sus amigos, exponiéndoles sus proyectos, comprometiéndolos con esta causa, logró dar los primeros pasos para consolidar su propósito. Para diciembre de ese mismo año ya había gestionado los dineros necesarios para adquirir el primer ecocardiógrafo que se tuvo en Manizales para atención de la población infantil.
    Pero la labor de esta mujer que contagia con su optimismo no se detuvo ahí. Al contrario, le dio nuevas fuerzas para continuar adelante con su tarea humanitaria. Como para esa época ya se tenían   80 niños en lista de espera para cirugía,  se dedicó a buscar con instituciones especializadas a nivel nacional e internacional apoyo para su proyecto. El primer sí lo obtuvo de la Clínica Shaio, de Bogotá. Con argumentos irrebatibles  sobre la necesidad de que las entidades del sector salud adquirieran un compromiso social convenció a su entonces gerente, el médico Gilberto Estrada, para que esa institución atendiera en forma gratuita a 10 niños oriundos de Caldas que requerían con urgencia de una intervención quirúrgica para sobrevivir.

Apoyo internacional

Sede de Pequeño Corazón en el sector de Belén, un barrio residencial localizado en el nor-occidente de Manizales

sedeLa consolidación del trabajo social de la Fundación Pequeño Corazón se alcanza casi un año después de haber sido fundada oficialmente la institución de servicio a la comunidad desprotegida. Ocurrió en junio de 1996. En calidad de presidente el Club Rotario de Manizales, entidad que desde 1994 le venía dando apoyo a su labor humanitaria, asiste en la ciudad de Calgary, en Canadá, a una convención mundial de rotarios. Una noche asiste a una reunión de la fundación “Corazón a Corazón”, en Nueva York, manejada por colombianos residentes en Estados Unidos. Les expone detalladamente sus proyectos. Y, para sorpresa suya, la invitan a una cena de gala, en esa ciudad, organizada por una entidad llamada “Regalo de Vida”, auspiciada por los rotarios de la gran manzana.
    La directora de Pequeño Corazón jamás pensó que allí, en esa cena, iba a encontrar el apoyo que necesitaba para continuar con su trabajo en beneficio de los niños enfermos del corazón. Los directivos de “Gift of Live”, en español “Regalo de vida”, entendieron lo que se proponía Mónica Giraldo Mejía. Y como su deseo era extender sus servicios a Suramérica, encontraron en Pequeño Corazón el vehículo perfecto para hacerlo. Después de ser recibida por Robert Donno, su director, regresó a Manizales con la oferta de atenderle en Nueva York, con todos los gastos pagos, a diez niños con cardiopatías congénitas. Además logró que esa entidad realizara una misión médica en Colombia, donde atendió 90 niños con problemas cardiovasculares. De esta misión fueron seleccionados 12 más para ser intervenidos quirúrgicamente en Nueva York,  sin costo alguno.

Alianzas para un buen servicio

Todo lo que hasta ahora ha logrado en beneficio de las clases sociales menos favorecidas por la fortuna la fundación Pequeño Corazón se debe, sobre todo, a la tenacidad de Mónica Giraldo Mejía. Para esta reconocida médica pediatra no existen obstáculos cuando de hacer gestión se trata. Tampoco horarios. Con su vocación de servicio a la comunidad ha logrado que  otras entidades del orden nacional se vinculen a su fundación para trabajar unidos en procura de alcanzar el bienestar para los niños con problemas cardiovasculares. La Clínica Shaio, de Bogotá, se ha convertido en su gran aliada. Pero además logró que la Fundación Cardioinfantil de Bogotá se vinculara a su proyecto de vida. Lo mismo la  Fundación Alejandrito Corazón, de esa misma ciudad. Estas alianzas le han permitido a Pequeño Corazón incrementar sus servicios de diagnóstico a la población y, al  mismo tiempo, mejorar los procesos para la detección temprana de enfermedades del corazón en la población infantil.
En 14 años de vida como institución con Personería Jurídica los beneficios de la Fundación Pequeño Corazón han llegado a más de cuatro mil familias que sin su apoyo no habrían podido atender a los hijos con problemas de esta naturaleza. Solamente en tres años, 1997-2000, atendió en diagnóstico a 1700 niños, y en cirugía a 170. Los costos de este programa fueron asumidos en su totalidad por la nación a través de los recursos obtenidos con el IVA social que funcionó por ley durante ese periodo. Pero las alianzas también han funcionado con el Comité Departamental de Cafeteros, con la Gobernación de Caldas y con el Municipio de Manizales. A ellos los ha convencido con el argumento de que invirtiendo en la prevención de enfermedades cardiovasculares en los niños se está asegurando un mejor futuro para las nuevas generaciones de caldenses.  
La consolidación de la Fundación Pequeño Corazón es el resultado del trabajo tesonero de un equipo humano que ha hecho realidad el sueño de una mujer con sensibilidad social: proyectarse a la comunidad a través del servicio desinteresado a las clases menos favorecidas. Hoy Mónica Giraldo Mejía exhibe una sonrisa radiante. Es la satisfacción de saber que su esfuerzo no ha sido en vano.  Y de poder contar que ha ayudado a salvar 420 vidas que, sin el concurso de Pequeño Corazón, no habrían tenido una segunda oportunidad sobre la tierra.