1 de agosto de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El rincón de la memoria

8 de junio de 2009
8 de junio de 2009

En la del 31 de mayo pasado menciona a un personaje que pasó por la Gobernación de Caldas en la época de la dictadura militar, de ingrata recordación para los caldenses; y especialmente para los manizaleños: Daniel Cuervo Aráoz, a quien Orlando en un pequeño lapsus llama Gustavo. Y cuenta el periodista el episodio de las culebras que el gobernador hizo soltar en la calle, para disolver una manifestación antigobiernista de señoras; y los disparos que les hizo a unos niños que jugaban con armas de mentiras en una terraza cercana al Palacio Amarillo. Le faltó mencionar la orden que les dio a los agentes del SIC de disparar contra una manifestación de estudiantes en la Plaza de Bolívar, el 10 de mayo, cuando cayó la dictadura, en la que murieron dos jóvenes, entre ellos Jorge “El Negro” Chica, hermano de nuestro amigo y contemporáneo Alberto.
A este cronista, sin reclamar un lugar en los anales históricos, también le pasó su cacho con Cuervo Aráoz. Los estudiantes, liderados por Gabriel Mejía Vélez, “Canasto”, de la Universidad de Caldas, y por Guillermo Ocampo Ospina, del Instituto Universitario, recorrimos en manifestación la carrera 22. Cuando llegamos a la Plaza de Bolívar nos estaban esperando la Policía y el Ejército. Entonces nos metimos a la Catedral y comenzamos a cantar la estrofa del Himno Nacional que dice “…pero este gran principio el rey no es soberano”; y comenzó la puja entre los militares por entrar a sacarnos y el Padre Hoyos por no permitirlo.
Finalmente acordaron dejarnos salir en pequeños grupos por diferentes puertas del templo, para evitar que nos reuniéramos de nuevo. Cuando yo fui a salir, vi que a un compañero le estaba pegando un soldado. Traté de devolverme y me encontré de manos a boca con el coronel Cuervo Aráoz, quien me pegó una trompada que me tiró al suelo. Donde caí había una piedra y, cuando amagué cogerla, oí que se desaseguraron varios fusiles. Desistí del intento y humildemente me levanté y me fui por donde los militares indicaron.
Del chafarote ese después se supo que se había radicado en San Andrés Islas, donde murió de cáncer. Cuando voy a la Gobernación de Caldas a cualquier diligencia y veo el retrato de Cuervo Aráoz en la galería de los ex gobernadores, me provoca desquitarme de la afrenta de 1957 dándole una trompada al cuadro, lo que me impide la presencia de los vigilantes. Algo es algo, dijo el bobo.