3 de agosto de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Crónica de un amor senil

22 de junio de 2009
22 de junio de 2009

No ha sido una constante estilística en el consagrado escritor la utilización de la primera persona. García Márquez ha recurrido,  siempre, al narrador omnisciente o en tercera persona para escribir ficciones. Solamente en “El otoño del patriarca” rompe con ese estilo para darle paso a un narrador colectivo. En “La hojarasca”, sin embargo, utilizó la primera persona. Pero es en este, su último libro, donde aparece más consistente en el manejo de este narrador.

Gabriel García Márquez recurre a la técnica narrativa que utilizó Ernesto Sábato en “El túnel” cuando narra la historia del pintor Juan Pablo Castel, sindicado de la muerte de María Iribarne. Con más maestría, desde luego. El tono mismo del relato adquiere en “Memoria de mis putas tristes” una connotación poética. Su lenguaje es más elaborado, con momentos de esplendidez lírica, manejado con una donosura que invita a sumergirse en su lectura. Los términos escatológicos no le restan belleza al relato. García Márquez mantiene al lector en vilo, concentrado en lo qué ocurre con la niña de 14 años que le es facilitada al nonagenario por Rosa Cabarcas.

En este libro se narra la historia de un anciano que el día de su cumpleaños quiere regalarse una noche de amor con una niña virgen. Hijo de Florina de Dios Cargamantos, una intérprete al piano de música culta, vive en una casa “con arcos de estuco y pisos ajedrezados de mosaicos florentinos”. Es la misma casa donde nació, y donde se propone morir, solo, un día que desea “lejano y sin dolor”. La misma casa donde la madre se sentaba en las noches de marzo en un balcón para cantar arias de amor acompañada por sus primas italianas. La misma, también, donde el personaje escribe durante 40 años  la columna semanal con destino al periódico.

Delgadina, el nombre que el anciano le coloca a la niña, es tomado de una canción compuesta en homenaje a la hija de un rey, encontrada muerta de sed en su cama, que había sido requerida en amores por su padre. El anciano  se la canta mientras coloca su ropa sobre una silla, en una pieza que le facilita en su casa Rosa Cabarcas. Pero el nonagenario personaje debe contentarse con contemplarla tirada sobre la cama, “de medio lado, de cara a la puerta, alumbrada desde el plafondo por una luz intensa que no perdonaba detalle”. Esa noche, mientras llegaba la hora de la cita, el corazón se le iba “llenando de una espuma ácida” que le estorbaba para respirar.

“Memoria de mis putas tristes” es la crónica de un amor senil. Un libro donde un personaje que no tiene nombre en el libro, pero que podría llamarse Mustio Collado por el apodo que le colocan los alumnos en su clase de gramática, vive sus últimos años obsesionado por el amor de una niña. En sus páginas trasciende la pasión de un hombre que hace lo que esté a su alcance para hacerla feliz. No sólo le brinda cariño, sino que se preocupa por su situación económica. Delgadina es una humilde pegadora de botones en una fábrica de confecciones. Pero el anciano le garantiza su seguridad dejándole lo poco que tiene.

“Memoria de mis putas tristes” deja en el lector la sensación de que en esta obra Gabriel García Márquez sacrificó la imaginación en aras de darle patetismo a la historia narrada. En este libro no aparece por ninguna parte esa fantasía desbordante que caracteriza su literatura. Es una historia lineal, donde no sucede nada raro, excepto el asesinato de un ejecutivo bancario, cometido en la casa de la Cabarcas. Pero tiene un hálito de poesía. Mírese, para corroborarlo, esta frase: “Le cambiaba el color de los ojos según mi estado de ánimo: color de agua al despertar, color de almíbar cuando reía, color de lumbre cuando la contrariaba”. 

Comentarios
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ANTONIO FRANCO BURGOS  – LEI EL LIBRO   |190.165.24.xxx |2009-06-14 09:18:13
Recién que salió a la luz pública tuve la oportunidad de leer el libro de García
Márquez que se comenta en esta columna. Y me identifico con el analista en el
sentido de que García Márquez sacrificó en esta novela la imaginación para darle
paso a una obra más realista. Ekl libro si tiene ese aire poético de que se
habla aquí. Un buen análisis

Alfonso Granados ospina  – Buen comentario   |190.165.24.xxx |2009-06-15 07:17:37
La verdad, este libro de García Márquez no
muestra al fabulista genial que es el
escritor de Aracataca. Aquí no hace ese derroche de fantasía a que nos tiene
acostumbrados. Pero es un libro que se deja leer. El tema es atractivo