23 de junio de 2026

Adiós a un incansable del periodismo y la docencia

20 de agosto de 2020
20 de agosto de 2020

Duván Marín Martínez

En las 200 páginas que escribió en ´Rostros y Rastros del Bicampeón´, Pedronel Meza Galeano dejó plasmada su pasión por el periodismo deportivo y por el Once Caldas del que habló, criticó y apoyó gracias a su afición por el fútbol.

Una insuficiencia hepática nos arrebató a Pedronel, el Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad de Caldas y el periodista que ganó los premios nacionales Postóbón y Federacafé que recibió con orgullo y dedicó a sus colegas y familiares.

Meza Galeano practicó el fútbol con lujo de detalles, enseñó a centenares de jóvenes en las aulas y brindó oportunidad a muchos que quisieron seguir el camino en los medios de información donde siempre fue titular desde 1975 en La Voz del Ruiz, Radio Reloj, La Voz de Los Fundadores, Radio Manizales y La Red de Los Andes.

Su Radar Deportivo, en sociedad con Wilmar Torres, sirvió de plataforma en la redacción, que luego extendió como editor en La Patria y jefe de redacción del afamado semanario, en su época, Nuevo Estadio.
Pedronel deja huella, porque cumplió fielmente la doble función en la vida profesional en condición de maestro y de comunicador. Y paralelamente acompañó a sus hermanos a ser buenos como él, en sus tareas, después de cruzar exitosamente por las universidades, lo mismo que hizo con sus hijos mellizos.

Lo recuerdo en sus entradas al Londoño Londoño con su señora madre, enamorada del fútbol y del Once Caldas. Igual lo vivió con sus colegas desde una cabina de prensa o de radio y con  allegados en la tribuna occidental. Vivió el deporte con intensidad; fue jefe de prensa de Coldeportes y participó como enviado a Vueltas a Colombia y Clásicos RCN, en los cuales se ganó el aprecio de sus amigos en la caravana.

Le prestó mucho servicio al deporte aficionado y escribió centenares de páginas para difundir los triunfos y las derrotas de nuestros atletas. Defensor de gremios como la Acord-Caldas y el magisterio caldense.

Vivía orgulloso por lo que hacía en las aulas o frente a la máquina de escribir y el computador. Le correspondió la transición del papel al digital, lo que tampoco extrañó.

Nunca olvidaré las noches dominicales en Nuevo Estadio cuando recibíamos el material informativo durante cuatro horas, desde todas las plazas con fútbol. Para él era como una fiesta a la que nunca faltó, porque rendía al máximo, con el propósito de cumplir con los horarios de diagramadores e impresores en los talleres del periódico de casa, donde era un personaje por su trato siempre amable, alegre y sencillo. Nunca lo olvidaremos.

Paz eterna para un buen hombre.