15 de noviembre de 2019
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Lombricompost ayudaría a degradar plaguicida en los suelos

8 de noviembre de 2019
8 de noviembre de 2019

En pruebas de laboratorio se estableció que un abono orgánico comercial, fruto de la degradación biológica de materia obtenida por deposiciones de lombrices, retiene en las primeras capas del suelo el insecticida clorpirifós –utilizado en Colombia para controlar plagas en cultivos– y además disminuye su tiempo de permanencia.

La aplicación de clorpirifós, un plaguicida clasificado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos como moderadamente tóxico (categoría II), se considera de alto riesgo para peces, pájaros y pequeños mamíferos. Así mismo, algunos estudios han demostrado que su uso excesivo provoca efectos nocivos sobre el medioambiente y el hombre, además de su permanencia prolongada en los suelos.

Ante este panorama, la investigadora Maricela Solarte Ordóñez, doctora en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, evaluó el uso de lombricompost en el proceso de recuperación del suelo después de la aplicación del clorpirifós, para determinar su beneficio.

Para eso, inicialmente escogió un suelo tomado aleatoriamente del corregimiento de Potrerillo, en el municipio de Palmira (Valle del Cauca), donde no se había aplicado el insecticida. La muestra se caracterizó física y químicamente, y los resultados arrojaron un suelo “franco”, caracterizado por ser ligero, de buen drenaje interno y baja capacidad retentiva de agua y abonos.

Después, el suelo se mezcló con el lombricompost en tres tratamientos diferentes: uno con 100 % suelo y 0 % abono; otro con 80 % suelo y 20 % abono; y el tercero, 50 % suelo y 50 % abono.

Posteriormente, a los tres tratamientos se les aplicó el insecticida; el experimento evaluó la capacidad de adsorción y desorción del químico, entendiendo la adsorción como el proceso por el cual las moléculas de gases, líquidos o sólidos disueltos son retenidas en una superficie sólida. El proceso inverso es la desorción. En esa medida, la adsorción se expresa como el porcentaje de sustancia adsorbida por el suelo respecto a la cantidad suministrada.

Para la medición se utilizaron modelos matemáticos, en los que el proceso se ajustó al isoterma de adsorción de Freundlich. Después de su aplicación se concluyó que el lombricompost incrementó la capacidad de adsorción del insecticida a medida que aumentaba el suministro del abono.

Con respecto a la desorción –que permite saber si la retención del plaguicida es reversible o irreversible en el suelo–, para el tratamiento con 50 % abono 50 % suelo, las concentraciones del insecticida fueron menores al límite de detección, por lo que se puede inferir que el proceso de adsorción fue irreversible, y por ende positivo para el suelo.

Pruebas en laboratorio

Otro aspecto fundamental de la investigación fue evaluar en condiciones de laboratorio cómo influye el abono orgánico procedente de lombrices en el tiempo de permanencia del insecticida en el suelo. Para ello, se emplearon los mismos tres tratamientos y se incubaron durante 0, 1, 7, 14, 21, 35 y 45 días.

Uno de los resultados fue que las concentraciones del clorpirifós van decayendo con el tiempo de forma exponencial, por lo que la adición de lombricompost en el suelo influye en menores tiempos de permanencia del plaguicida.

Además se estimó el impacto ambiental de este insecticida a través de los índices GUS y PBT, que miden tanto el nivel de movilidad del plaguicida en el suelo como su toxicidad. En las condiciones establecidas en este experimento, dichos índices predicen bajos riesgos de contaminación y baja agresividad del clorpirifós; sin embargo, estos indicadores solo son válidos en condiciones controladas de laboratorio y pueden variar considerablemente en campo.

“Por la variabilidad de los suelos y su manejo, la aplicación de clorpirifós en campo puede conllevar riesgos reales de contaminación ambiental, puesto que los productos de su degradación son más tóxicos que el producto original y se movilizan en el suelo”, observa la investigadora.

Por tal razón, este estudio se debe interpretar y valorar desde el punto de vista metodológico, aunque carece de validez como argumento de inocuidad del producto en los agroecosistemas, advierte.

El clorpirifós tiene usos agrícolas, urbanos, industriales, pecuarios y domésticos para el control de diversos insectos como coleóptera, díptera, homóptera y lepidóptera en suelo y follaje de las plantas, con nombres comerciales como Dursban, Brodan, Eradex, Lorsban o Pirinex. La exposición al clorpirifós se puede dar a través de ingestión de residuos en alimentos, inhalación de vapores y absorción dérmica, por su contacto.

Diferentes investigaciones, entre ellas las de las universidades de Nueva York y de Columbia, han demostrado que el clorpirifós está entre los factores que originan en los niños casos de autismo, trastornos de déficit de atención e hiperactividad, pérdida de puntos en el coeficiente intelectual u obesidad.

Con información de la Agencia de Noticias UN – Unimedios