13 de junio de 2026

El memorial de agravios de un desertor bogotano

11 de febrero de 2015
11 de febrero de 2015

 

En su párrafo de entrada va al grano: Me fui de Bogotá y quiero compartirles mis razones: Dejo en Bogotá una parte importante de mi vida, dos de mis hijos y dos de mis nietos. Dejo mi historia, mis hermanos, la tumba de mis padres, mi empresa, la casa que soñé, mis mejores recuerdos, y me duele.

Todo cuanto hizo el desertor

Y continúa: Aquí conocí al amor de mi vida, aquí me casé. Llegué a esta querida ciudad a los 7 años, y fui su defensor incondicional. A pesar del frío clima y del frío temperamento de sus habitantes, aprendí a amar lo mejor de sus gentes, de sus rincones, de su creciente y maravillosa gastronomía.

Durante años me sentí orgulloso de recorrerla y de mostrarla a mis amigos y colegas que venían del extranjero, provenientes de ciudades que sentíamos más «atrasadas», como Lima o Quito.

Pero en mis largas horas de espera en medio de sus interminables trancones, comprendí que ya era hora de partir.

Los alcaldes que le tocaron

Va otro segmento de las nostalgias de don Fernando: De aquella maravillosa y pujante ciudad, de aquellos trabajadores y visionarios alcaldes como Jaime Castro, Peñalosa y Mockus, que transformaron la ciudad y nos dieron la esperanza de una mejor calidad de vida, no queda nada.

No logro comprender cómo tres nefastos gobiernos de tres ineptos alcaldes, lograron acabar con nuestro sueño y destruyeron nuestra ciudad como si le hubiera caído una bomba atómica.

Tampoco logro entender a una ciudadanía resignada e indiferente, que vota sin pensar, una y otra vez, eligiendo a ineptos y corruptos políticos de un partido que no merece más oportunidades, luego de haber destruido la ciudad.

Las razones para largarse

He aquí los argumentos de Noriega para dejar a Bogotá: Me voy porque me indigna recibir un millonario cobro de valorización cuando las calles de mi barrio están destruidas. Al menos por decencia, deberían cambiarle el nombre a ese atraco disfrazado de impuesto.

Me voy porque el odómetro de mi carro marca escasos 12 kilómetros de mi casa a la oficina, y me demoro hora y media en recorrerlos, cuando bien me va.

Me voy porque es indignante una ciudad donde se venden apartamentos de 15 millones el metro cuadrado, y más, cuando acabo de comprar un apartamento de estrato 6 en Pereira, en 2.5 millones el m2!

Con la educación también

Me voy porque para estudiar en un colegio medianamente decente, mis nietos deben pagar bonos de 15, 20 y más millones de pesos que supuestamente, están prohibidos por la ley.

Pagando una pensión de 2 y 3 millones al mes, mientras mi nieta, en el mejor colegio de Pereira, bilingüe, paga 680 mil pesos con transporte y onces!

Me voy porque es un insulto a la razón que los restaurantes me cobren más que en París o Nueva York, los valet parking cobren 20 mil pesos por llevarse mi carro a dos cuadras, y adicionalmente le digan a uno que «la propina es voluntaria»!

Otros dolores de cabeza

Me voy porque he roto tres llantas de mi carro en los cráteres de las calles, y nadie me responde.

Me voy porque llevamos 20 años ( o más?) pagando una sobretasa a la gasolina, que supuestamente era para mantener la malla vial. Dònde está ese dinero?

Me voy porque los dueños de las calles, los blindados y sus escoltas, parquean donde les dá la gana, donde el común de los ciudadanos no podemos hacerlo.

Me voy porque los buses expiden sus torpedos de humo por sus exhostos, mientras los que tenemos un carro medianamente nuevo, debemos pagar por un examen de gases que a todas luces, un bus de Bogotá no pasaría.

Me voy porque los taxis me llevan solo donde ellos quieren, y porque conseguir uno en horas pico es tarea imposible.

Y cuando se ve una posible alternativa como la del UBER, digna y decente, el poderoso gremio aplasta la iniciativa con la anuencia del gobierno!

Me voy porque debo pagar el 100% de los impuestos de mi carro, pero solo lo puedo utilizar el 50% del tiempo.

Me voy porque cada entrada a un parqueadero implica descuadrar las finanzas familiares, nos hicieron creer a los incautos ciudadanos que la solución era cambiar el cobro de «hora o fracción», por minutos. Qué estúpidos nos creen, y qué estúpidos somos!

Me voy porque llevamos 50 años haciendo «estudios para el metro», mientras Santiago, Caracas, Lima, Quito, etc., construyeron el suyo. Y porque pasaràn otros tantos años discutiendo si deberá pasar por la Caracas o por la séptima.

Me voy porque los que se robaron la ciudad aún no reciben condena, y cuando la reciban será ínfima, y cuando la cumplan saldrán a disfrutar de lo robado.

Me voy porque afortunadamente vivo en un país libre (aún) y puedo escoger dónde vivir. Y escogí vivir en una ciudad intermedia donde todavía existe calidad de vida, como la tuvimos los bogotanos 20 años atrás.

Pero principalmente me voy por dignidad. Porque me cansé de que se roben mis impuestos y nada pase. Porque se me acabó la esperanza de cambio, porque no veo posibilidad alguna de que la ciudad progrese, aunque vengan los mejores alcaldes. Más bien la tendencia es a empeorar, porque los políticos siguen enfrascados en sus cuotas de poder, de corrupción, en una ciudad que no es de nadie, solo de ellos y de sus escoltas! Y si no hay esperanza de cambio, simplemente hay que emigrar.

La metrópoli que no verá

Dice que a sus 61 años de edad  ya no verá el metro. Y no se  quedará para ver la devastación que causará su construcción, mayor aún que la actual! Jamás verá las calles sin huecos, y no verá una mejora sustancial en su calidad de vida. Por eso se va!

Y señala: Cuando quiera comer en un buen restaurante, o cuando quiera ir a una obra de teatro, tomaré un avión y estaré aquí en 25 minutos. Veré a mis hijos y nietos, y regresaré a la tranquilidad de una ciudad digna, donde pagaré los impuestos que sean consecuentes con la calidad de vida que escogí! Triste realidad”. (Fernando Noriega A.)