Por Albeiro Valencia Llano 25 años sin Ernesto Gutiérrez Arango
El 23 de marzo de 1997 falleció este ilustre médico después de una hermosa vida al lado de su esposa, la señora Berta Botero, de sus hijos y de sus nietos. En Manizales y en el país se le recuerda como un ganadero de reses bravas, dueño de una excelente ganadería, con una gran cantidad de toros indultados, pero pasa a segundo plano el académico, el humanista y el hombre cívico, que luchó por la ciudad.
Por su vocación académica se vinculó a la docencia en la facultad de medicina de la Universidad de Caldas y luego, como decano, transformó este programa en una de las mejores escuelas formadoras de médicos del país. Cuando llegó a la rectoría de la Universidad se encontró con una pequeña institución de provincia, con pocos recursos y controlada por la clase política, pero cuando se retiró la había dejado bien consolidada especialmente por la nacionalización, blindada de la influencia de los grupos políticos y algunos programas con reconocimiento nacional.
Otro hecho de trascendental importancia que ocurrió durante su rectoría fue la creación del Festival Latinoamericano de Teatro Universitario, que contó con la presencia de dos eminentes hombres de letras, Pablo Neruda y Miguel Ángel Asturias, además de visitantes de muchos países de América y de Europa. La Universidad y Manizales alcanzaron reconocimiento internacional.
Su paso por la alcaldía es un capítulo aparte; llegó por sus propios méritos, sin apoyo político ni liberal ni conservador, solo por el interés de servir a la ciudad. En sus dos administraciones transformó a Manizales con sus obras de infraestructura, le cambió el rostro y fue un ejemplo por el ejercicio del cargo público, con transparencia y eficacia, sin clientelismo.
Cuando se decidió a participar en política lo hizo al lado de Carlos Lleras y luego de Luis Carlos Galán y el Nuevo Liberalismo, interesado en acabar con los “feudos podridos” o las maquinarias políticas del clientelismo. Al respecto escribió que “Mi trato con políticos renombrados y algunos muy ilustres, me sirvió para conocer a Colombia, a los políticos y en ellos a la humanidad y a nuestro pueblo. Hay muchos de buena fe, estudiosos, honestos y patriotas, pero hay otros que siempre traté de eludir y que no vale la pena recordarlos. Hay algunos que han hecho tanto daño, equivocando al pueblo, engañándolo y lo peor de todo, robando a troche y moche, para ellos mismos o para sus validos y compinches. El buen pueblo, el sano pueblo de Colombia, les cree: todo lo disculpa después de recibir de ellos dádivas insignificantes, vota por ellos y así se perpetúa el engaño, la burla y la triste situación de nuestra comunidad”.
Cansado y desilusionado de la política regresó a la academia, contribuyó a la fundación de la Universidad Autónoma de Manizales y fue su primer rector; cuando se retiró, 10 años después, la había dejado consolidada gracias a que tuvo un excelente equipo de colaboradores. En esta época luchó por convertir a Manizales en ciudad universitaria.
Desde los años ochenta se dedicó a escribir ensayos que publicaba en algunas revistas de la región, luego publicó dos libros de cuentos y tres de historia, sobre el proceso de construcción de la región y acerca de la fundación de Manizales. Ya brillaba como académico y como humanista.
Aunque le impusieron algunas condecoraciones y le hicieron muchos reconocimientos, los múltiples y merecidos honores jamás lo envanecieron. Sobre este asunto escribió que: “Todas estas zalemas de las condecoraciones y los honores, las menciones honoríficas y las vanas preseas deben sustituirse, cuando sea el caso, por sanciones a las personas que no cumplan con su deber y que desacreditan y hasta prostituyen los cargos que ejercen o las malas acciones que ejecuten”.
Pero el pasado 9 de marzo falleció su esposa, la señora Berta Botero, una encantadora mujer que se había convertido en una institución en la ciudad. Era sencilla, generosa, amable, respetuosa y poseedora de una amplia cultura. Estaba vinculada a numerosas obras públicas y sociales; amaba las plantas, las flores y fue una de las fundadoras del Club de Jardinería en 1955. Participó en la reorganización del Centro de Historia de Manizales en 1980, al lado del presbítero Gonzalo Sánchez Zuleta, de Merceditas Berrío de Mejía, del médico Hernando Alzate López y del maestro Guillermo Ceballos. Con frecuencia las reuniones se hacían en su casa y allí los contertulios podían disfrutar de la biblioteca, una colección con cerca de 8.000 volúmenes donde se destacaban los temas de historia del arte, literatura, libros costumbristas, textos de autores mexicanos y clásicos españoles. En este ambiente doña Berta se deleitaba ofreciendo charlas sobre su bisabuelo, Félix María Salazar Gómez, un salamineño que se inició como peón, pero luego fue arriero, comerciante y banquero. También hablaba con solvencia sobre historia del arte y literatura, era excelente conversadora y tenía buena memoria.
