«El Espectador» le negó refugio al columnista más leído que tuvo

Tras el asesinato de don Guillermo Cano y la quiebra de "El Espectador", Giraldo puso su pluma en remojo y muy poco volvimos a saber de él hasta el 28 de junio pasado cuando le escribió una carta al director de "La Patria", Nicolás Restrepo, para quejarse de que le había ofrecido al actual director de ese diario, Fidel Cano, escribirle cada quince días la Columna Libre y ni siquiera se tomó el trabajo de contestarle.
Como una manera de recordar a Giraldo y regresar a la lectura de sus escritos sutiles, ponzoñosos y muy paisas, reproducimos la carta que le envió a Nicolás Restrepo:
Hernando Giraldo nació en Neira, en el hogar formado por Camilo Giraldo Peláez y María Álvarez Jaramillo. Misiva.
LA PATRIA | MANIZALES
Finquita El Madrigal, vereda El Mirador
La Mesa de Juan Díaz Jaramillo (Cundinamarca)
junio 28 de 2011
Señor
Nicolás Restrepo Escobar
Director – Gerente del Diario LA PATRIA
Manizales
Muy distinguido amigo:
Creo que a los 13 años, cuando estudiaba para sacerdote misionero en la "Escuela Apostólica" de los padres Lazaristas o Vicentinos, en Santa Rosa de Cabal, me di cuenta de que mi verdadera vocación era el periodismo, cada tres meses escribía dos páginas a mano en mi periodiquito "El Misionero", en que me refería a la vida, obra y milagros de San Vicente de Paúl, fundador de la Comunidad Lazarista o Vicentina, bajo cuyo alero se despertaba mi vocación sacerdotal.
Tres años estuve en el inolvidable paraíso de la Escuela Apostólica, hasta el día en que misiá María Álvarez – Jaramillo – Robledo – Mejía me dijo: "Hernando, no se le olvide que yo quedé viuda de ese maravilloso esposo que era su papá Camilo, con cuatro hijos, de los cuales usted es el mayor, y aunque Camilo nos dejó con qué vivir bien, a usted le corresponde ayudarme a llevar "la carga". Usted no puede ser misionero. Si tiene vocación religiosa, sea cura pero de los que ganan plata.
En tales condiciones me tocó ingresar al Seminario Conciliar de Manizales, donde duré dos años y medio, hasta el día en que a misiá María le llegó una carta, firmada por el rector Pedro José Rivera Mejía, después Obispo de Socorro y San Gil, en que le manifestaba que "en vista de que su hijo no corregía su orgullo y mal genio, el Consejo Directivo del Seminario había decidido cancelarle la matrícula. Misiá María la lee, y con su mandona voz, me dice:
Hernando, lea esto. La leí en entré en ataque de furia, mis hermanitas Esneda y Lucía, al ver mi reacción, "se emperraron" a llorar.
Al momento aparece muy elegante, misiá María, y exclama: Esneda y Lucía, nos vamos ya para la iglesia a darle gracias a la Santísima Virgen, porque este hombre tan orgulloso, no hubiera sido cura". Así terminó mi frustrada "vocación sacerdotal". Se evaporaron mis deseos de llegar a ser cardenal.
En los colegios de Nuestra Señora y de Cristo me reconocían cuatro de los cinco años y medio de bachillerato. Pero me pudo el odio que sentía por todo lo que tuviera que ver con catolicismo, y me matriculé en el Instituto Universitario, donde no me validaban un solo año. Me tocó empezar nuevo bachillerato, en compañía de unos mocosos de once y doce años, que gozaban burlándose del pobre seminarista fracasado. En mi orgullo infinito, solo trataba como amigos al salamineño Alfonso Echeverri Jaramillo, y a los aguadeños René y Edgar Salazar Montoya, y a su primo hermano, el médico Josué Estrada Montoya (que en paz descanse).
Cansado
Al fin me cansé de tanta peleadera con la chusma del Universitario, y pasé a terminar el bachillerato en el colegio de "Nuestra Señora del Rosario", fundado por mi orgulloso pariente, el Obispo Baltazar Álvarez Restrepo, muy primo de José Restrepo Restrepo, y Restrepo dueño del diario "LA PATRIA".
Terminado el bachillerato, ¿qué podía estudiar? MI vocación iba por la arquitectura paisajística, pero siendo negado para las matemáticas, me tocó ingresar a la Universidad Javeriana, a estudiar "Derecho y Ciencias Políticas".
El decano de la facultad era el sacerdote jesuita Gabriel Giraldo Zuluaga Gómez, un marinillo mandón y poco simpático. De los profesores recuerdo al padre Jorge Noriega Rueda, natural de Barichara, al que mucho después el suscrito bautizara "el pueblito más lindo de Colombia", que nos enseñaba "Filosofía del Derecho". Al cansonsísimo Fray Wilches, encargado de dictar "Derecho Romano". Al famoso "Sapo" Gómez con su "Derecho Civil" recuerdo el rostro de otros profesores, pero a los 83 años, es lógico que la memoria se esfume. Fueron cinco años aburridísimos, salpicados con los frecuentes encontrones con el "dictador" Gabriel Giraldo. Se dice por aquí que el Giraldo es el apellido más bravo del paiserío. Entre los amigos recuerdo con especial afecto a Enrique Umaña de Brigard, el clásico cachaco de la aristocracia bogotana, gracioso, burlesco y jodón. Si algo me ha dolido en la vida, fue su muerte a los 74 años.
Por fortuna cuento con la amistad de su noble hijo Mauricio Umaña Blanco De Brigard. En aquel entonces, al terminar Universidad, tocaba hacer el "año rural", en algún pueblo.
El Tribunal me escogió para un pueblo muy lejano. Acudí a mi gran amigo y maestro el honradísimo político y excelente orador Silvio Villegas, director del diario ospinista "La República". Le puse la queja, y Silvio, riéndose me dijo: "tranquilo, Hernando, que voy a llamar a un amigo muy lagarto llamado Horacio Gómez Aristizábal, que él soluciona su problema. A la media hora apareció el abogado Gómez, a quien Silvio enteró de mi situación.
Al día siguiente, Horacio me contó que el Tribunal habría escogido a Bojacá, para mi año rural. Bojacá era un bello pueblito colonial, al que todos los días llegaban centenares de peregrinos a pedirle favores a la Virgen Milagrosa, que era la patrona del pueblo.
En bus
Tres veces a la semana, tomaba el bus a las 7 a.m. y a las 9:30 a.m. estaba en la oficina del juzgado, tuve la fortuna de que el secretario era don Florentino Tovar, un distinguido anciano que llevaba treinta años en su oficio. Como el suscrito no tenía idea de las tales "Ciencias jurídicas", don Florentino resolvía los problemas, y el juez Giraldo se limitaba a firmar. Ese "año rural" ha sido el más jarto de mi vida.
Y regresando al tema esencial de esta carta, el periodismo, gracias a la amistad de ese queridísimo amigo que fue José Restrepo Restrepo traza, tu noble abuelo, comencé a los veinte años, a escribir en su diario "LA PATRIA", con el seudónimo "Hegir". Recuerdo que el conde Ocampo, el más guasón del grupo "Los Azucenos", me decía con su cordial humor: "¿pero para qué ese seudónimo, si el verdadero es Hermando Giraldo?". Durante seis años escribí dos y hasta tres columnas semanales en LA PATRIA. Cuando viajé a Bogotá a estudiar en la Javeriana, mi primo hermano inolvidable Diego Giraldo Restrepo, (quien en paz descanse), conocedor de mi vocación periodística, me invitó a la oficina del director del diario "La República", su amigo Silvio Villegas Jaramillo, quien nos recibió con su habitual cordialidad, luego de charlar un buen rato, mi primo tercero (por lo Jaramillo), me invitó a escribir en "La República" todos los días. Este periódico era propiedad del ilustre expresidente de la república, doctor Mariano Ospina Pérez y de su familia.
Durante cinco años escribí columna diaria y los domingos, reportajes y crónicas. Alguna vez escribí una crónica burlándome del Partido Conservador y elogiando la candidatura presidencial de Belisario Betancur.
En vista de que "La República" apenas las leían los Ospinas y unos pocos suscriptores, le pedí el favor de que me la hiciera publicar en el suplemento dominical del muy leído diario "El Espectador", a mi noble amigo Fabio Lozano Simonelli.
La crónica la leyó el director don Gabriel Cano Isaza, "el Jefecito", y le gustó tanto, que llamó a Fabio a preguntarle por la "vida y milagros" del muy desconocido cronista.
Al conocer mis datos personales, "el jefecito" le pidió a Lozano que me llevara a su oficina, porque quería conocerme personalmente. Después de breve charla, don Gabrielito me dijo: "jefecito" su estilo me ha gustado bastante. ¿Podría escribir dos columnas semanales?
"Ehavemaría pues, don Gabrielito, es el mayor honor que me han hecho en la vida", le contesté.
Luego de un mes de escribir con estilo desabrochado y paisa, don Gabrielito me citó a su oficina para decirme: "Jefecito", como su estilo les ha gustado mucho a los lectores, ¿podría escribir su "Columna Libre" todos los días? Me puso colorado, y le repetí el "ehavemaría pues". Durante 32 ó 34 años, no recuerdo bien, escribí la "Columna Libre" y los grandes reportajes dominicales, así bautizados por el "Jefecito". Sucedió que todos los Cano Isaza se dedicaron a escribir, sin acordarse de que necesitaban un financista, estilo Luis Fernando Santos, de "El Tiempo", y llegó la irremediable quiebra.
Claro que a dicha quiebra contribuyó bastante su Gerente General Luis Gabriel Cano Isaza, el judeo paisa más avaro que he tratado en mi largo existir. Durante esos años, El Espectador fue herido de muerte dos veces.
La primera, el martirio de uno de los personajes más bondadosos, más inteligentes y más valientes que registra nuestra Historia: Guillermo Cano Isaza.
Y la segunda, la destrucción total del diario fundado por el egregio patricio don Fidel Cano y Gutiérrez de Lara, y durante muchos años dirigido por sus hijos Cano Villegas, y por sus nietos Cano Isaza.
Día fatal
Llegó el día fatal, en que una de las familias más honorables y respetables de Colombia, los Cano Isaza, hubo de afrontar la quiebra total. Su única salida fue vender su gran diario "El Espectador" al rey del capitalismo salvaje, Julio Mario Santodomingo Pumarejo.
Como gozo de un temperamento bastante acelerado, exclamé:
"Yo, a ese bandido no le colaboro ni pagándome en dólares". No niego que años después me he arrepentido de ese imbécil acelere. Hará dos meses cometí la pendejada de escribirle al actual director, un tal Cano Carrera y Rentería (apellido mulato como el de mi querido amigo Poncho Rentería y Mantilla de los Ríos, diciéndole que anhelaba volver a mi "Casa Espiritual" de tantísimos años, al escribir una "Columna Libre" cada quince días.
Al bisnieto del muy noble fundador de "El Espectador" ni siquiera se le ocurrió responder con un no. Mulato tenía que ser ese pobre diablo.
Y no te canso más mi querido amigo Nicolás, nieto del inolvidable amigo José Restrepo Restrepo, Restrepo y más Restrepo, el personaje que introdujo a este anónimo escritor, al gran periodismo, abriéndole un campito en su diario "LA PATRIA" del viejo Caldas.
Recibe un cordial y sincero abrazo de Hernando Giraldo de Estupiñán Álvarez del Pino – Guerra Peláez – Jaramillo de Andrade – Salazar del Castillo – Robledo – Guerra Peláez – Mejía de Tobar – Duque de Estrada – Jaramillo de Andrade – De Laserna Jaramillo de Andrade – Gómez de Castro – Gutiérrez de Lara – Gallón – Botero.
Copias para:
Martha Lucía y Cecilia Restrepo Restrepo. Leticia Mendoza Hoyos – Ximena Ospina Duque – Camilo Giraldo y Marthalucía Jaramillo. Aura María Meza- Héctor Abad y Alfredo Molano, los mejoers columnistas de El Espectador, Luis Fernando Mejía Navarro (Medellín), Poncho Rentería y Lula Arango, el ilustre abogado penalista Horacio Gómez Aristizábal Gómez y Giraldo, el muy querido y noble amigo Mauricio Umaña – Blanche De Brigard y Von Podenvils, y Cristina Pizano de Narváez. MI prima hermana Leticia Giraldo Londoño de López, residente en Manizales, mi primo hermano Alberto Estrada Álvarez, residente en Valledupar.
Mis mejores amigos en La Mesa de Juan Díaz Jaramillo: la hábil restaurantera Nelsy Salazar Urrea ex de Henao Mejía, el admirable pintor y escritor de 95 años Ángel Hernández y su esposa Luz Miriam Guzmán.
Mi taxista de confianza Nilson Virguez, quien se encarga de sacarme de mis constantes apuros económicos. Alejandro Valencia Morales, quien me acompaña en la finca, Noora Raquel y Silvia Cárdenas Giraldo, Jairo Cárdenas Giraldo y María Teresa Rengifo, Gustavo Cárdenas Giraldo y Claudia Samper Mejía, Aurelio Mora Posada y señora, David Puerta Zuluaga y señora, Hernán Arango Vélez y señora.