Alertan por el aumento de riesgos asociados al consumo de tusi entre adolescentes y jóvenes en Caldas

Manizales, 5 de junio de 2026 – EJE21. El aumento de tusi en Colombia y otros países de la región ha encendido las alarmas entre expertos en salud pública debido a las modificaciones que ha sufrido esta sustancia en los últimos años. Lo que inicialmente se conoció como una droga asociada a ambientes de fiesta y recreación se ha convertido en una mezcla de composición variable que puede incluir sustancias ilícitas y medicamentos de uso controlado, incrementando significativamente los riesgos para quienes la consumen.
Profesionales dedicados al estudio y prevención del consumo de sustancias psicoactivas advierten que uno de los mayores peligros radica precisamente en la falta de certeza sobre los componentes que contiene el producto que llega a manos de los consumidores. Diversos análisis realizados en diferentes regiones del país han evidenciado la presencia de benzodiacepinas, medicamentos utilizados para tratar trastornos psiquiátricos, cocaína, bazuco y otros compuestos depresores o estimulantes del sistema nervioso central.
La combinación de estas sustancias puede provocar reacciones impredecibles en el organismo. Los especialistas señalan que el consumo de mezclas elaboradas sin ningún tipo de control sanitario aumenta el riesgo de intoxicaciones, alteraciones del comportamiento, trastornos cardiovasculares, crisis de salud mental, pérdida de conciencia y otras complicaciones médicas que pueden requerir atención de urgencia.
El fenómeno ha despertado preocupación en la comunidad científica internacional. Organismos de salud han advertido que las nuevas formulaciones comercializadas bajo el nombre de tusi presentan riesgos superiores a los que originalmente se asociaban con esta droga. En distintos países se han reportado casos de afectaciones graves, hospitalizaciones e incluso muertes relacionadas con el consumo de sustancias adulteradas o mezcladas con compuestos altamente peligrosos.
Otro aspecto que genera inquietud es la edad de inicio en el consumo de sustancias psicoactivas. De acuerdo con reportes de entidades dedicadas a la prevención, los primeros acercamientos pueden registrarse desde los 12 años en niños y alrededor de los 13 años en niñas, una realidad que ha llevado a reforzar los procesos de sensibilización en instituciones educativas y comunidades.
Especialistas consideran que el inicio temprano del consumo representa un factor de riesgo adicional, ya que durante la adolescencia el cerebro continúa en desarrollo. La exposición a sustancias psicoactivas en estas etapas puede afectar procesos relacionados con el aprendizaje, la toma de decisiones, el control emocional y la salud mental a largo plazo.
En respuesta a esta situación, diferentes sectores vinculados a la salud pública, la educación y la protección de la infancia vienen promoviendo estrategias orientadas a fortalecer la detección temprana de posibles casos de consumo, mejorar los mecanismos de acompañamiento y facilitar el acceso a servicios de atención cuando se requieran.
Las autoridades sanitarias también insisten en la importancia de que padres, cuidadores y docentes mantengan una comunicación permanente con niños y adolescentes sobre los riesgos asociados al consumo de drogas sintéticas y sustancias de composición desconocida. La información basada en evidencia, afirman los expertos, sigue siendo una de las principales herramientas para prevenir el consumo y reducir los daños asociados.
La preocupación por el tusi se enmarca dentro de un contexto más amplio de transformación de los mercados ilegales de drogas, donde cada vez son más frecuentes las mezclas de sustancias químicas y medicamentos que modifican los efectos originales de los estupefacientes y aumentan los riesgos para la salud pública.
Frente a este panorama, especialistas coinciden en que el desafío no solo pasa por las acciones de control, sino también por fortalecer la prevención, la educación y la atención integral en salud mental, especialmente entre niños, adolescentes y jóvenes, considerados los grupos más vulnerables frente a este fenómeno.