11 de junio de 2026

Carta al Presidente Petro “Palestina fue, es y será”

4 de enero de 2024
4 de enero de 2024
Crédito: Pixabay.

 

Bogotá, 4 de enero de 2024. Un grupo de amigos de Palestina en Colombia, ciudadanos de la comunidad árabe y asociaciones de palestinos tanto locales como internacionales, han enviado una carta al Presidente Petro Urrego. En esta carta, expresan su gratitud por las declaraciones y acciones de apoyo a Palestina realizadas por el Presidente.

La misiva incluye un resumen de la historia y la realidad actual de Palestina, así como de las relaciones entre los dos países. Se hace especial énfasis en la difícil situación que enfrenta actualmente el pueblo palestino y en las acciones que la ONU debe emprender para defender los derechos de este pueblo, tal como lo expresó el Presidente ante dicho organismo.

La carta al Presidente cuenta con el respaldo de numerosas firmas de destacados profesionales de diversas disciplinas y de ciudadanos que defienden la causa palestina. Se entregaron copias de la carta a Juan David Correa Ulloa, Ministro de las Culturas, las Artes y los Saberes, quien también se ha pronunciado sobre Palestina; a Susana Muhamad González, Ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, de ascendencia palestina; y al Embajador de Palestina en Colombia, Raouf Almalki.

“Palestina fue, es y será”

Señor Presidente:

Reciba nuestro respetuoso saludo. Nosotros, los abajo firmantes, miembros de la comunidad colombo-palestina y colombo-árabe, colombianos solidarios con Palestina, y amigos de Colombia y de la causa palestina de otros países, queremos expresar nuestro agradecimiento por el interés y apoyo que ha mostrado hacia la justa causa palestina, sus pronunciamientos a nivel internacional y su acercamiento a nivel binacional. Consideramos de gran importancia el encuentro que sostuvo con el Señor Raid Malki, Canciller de Palestina, durante su reciente visita a Colombia. Cabe mencionar que el Señor Malki asistió a su posesión, en un claro gesto de amistad con el país. Posteriormente, en su discurso ante la ONU y en otras declaraciones, que abordaremos más adelante, y en la entrevista con el Señor Embajador de Palestina, Raouf Almalki, demostró su compromiso en medio de estos hechos que enlutan al pueblo palestino.

Al igual que usted, creemos en la paz y en la resolución pacífica y legal de los conflictos, a la luz del Derecho. Entendemos que no se trata de apoyar a Hamas en su actuar reciente, ni de concebir la violencia o el terrorismo como camino. Más bien, buscamos ir más allá de los hechos inmediatos para tratar de dar a conocer y comprender la injusticia histórica que se ha cometido con Palestina, tal como lo afirmó el Señor Embajador de Palestina en una reciente entrevista en El País, de España.

Permítanos hacer un recuento de la historia palestina y de las relaciones de Colombia con Palestina. Como usted bien sabe, desde principios de siglo, después de la Primera Guerra Mundial y el fin del Imperio Otomano, la región del Medio Oriente fue el botín que se repartieron países vencedores como Inglaterra y Francia, quienes ya habían pedido la región como premio si ganaban. Así se crearon Siria, Líbano y Palestina, generando una enorme migración de árabes, muchos de los cuales llegaron a Colombia y se han adherido a nuestra cultura sin perder la noción de sus raíces, enriqueciendo nuestra historia con todo lo bueno de ese legado.

La solidaridad que usted ha mostrado con Palestina ha sido muy importante para nosotros y ha sido escasa en los gobiernos de Colombia. Para muchos, esta historia comienza cuando la ONU propone la partición de Palestina y Colombia, representada por el doctor Alfonso López Pumarejo, decide abstenerse en la votación, a pesar de la presión que ejerció EEUU sobre los países latinoamericanos.

En la violencia desatada en esta partición, en 1948 comienza la Nabka, la catástrofe, y llegan nuevas migraciones palestinas y árabes a Suramérica. De las 700.000 personas que tuvieron que dejarlo todo para salvar su vida, muchos sólo traían la llave de su casa, como símbolo de un retorno a su tierra algún día y como un acto de unión indisoluble con sus raíces.

Colombia se manifestó sobre las víctimas del conflicto y abogó por los refugiados árabes y su derecho de retorno a su hogar, con el pleno reconocimiento de los demás derechos. También propuso a la Asamblea el Estatuto Especial de Jerusalén en dicha partición, lo que fue acogido y aprobado. Jerusalén, como bien sabe, a pesar de que la ONU intentara protegerla, fue ocupada y dividida poco después de la partición, por Jordania e Israel. Esta ocupación originó un gran rechazo de la comunidad internacional y el Consejo de Seguridad de la ONU emitió la resolución 478, que la consideraba contraria al Derecho Internacional y pedía el traslado de las Embajadas de los países miembros que se encontraran allí, a Tel Aviv, la capital oficial de Israel. A partir de 1967 y la guerra de los seis días, Israel ocupó nuevas áreas intentando quedarse con ella por completo.

Entonces comenzó lo que se denomina la guerra del desgaste, manteniendo la ocupación militar, la ley marcial e incentivando los asentamientos judíos en los territorios ocupados, violando sin reparos la Cuarta Convención de Ginebra, que en su artículo 49 prohíbe el traslado de población civil de la potencia ocupante al territorio ocupado. Así comenzaron los asentamientos de los que todavía es víctima Palestina, una forma de certificar la apropiación, y con el argumento de la seguridad que siempre ha esgrimido, estos asentamientos se empezaron a proteger bloqueando caminos con puestos de control militares y luego con la construcción de vallas y muros en tierra palestina. Esta guerra ocasionó una segunda oleada de unos 500.000 refugiados palestinos, de los que casi un tercio se convirtieron en refugiados por segunda vez. Y a pesar de que ese mismo año la ONU emitiera una resolución pidiendo acatar los principios de la Carta de Naciones y el abandono de Israel de los territorios ocupados, este país no la acató, perpetuando y acrecentando una ocupación ilegal que no termina. Para los palestinos de la Jerusalén ocupada, sus habitantes originarios, inició la expulsión de su tierra, la enajenación de sus propiedades y la demolición de sus barrios.
Retomando el relato de las relaciones de Colombia y Palestina, desde 1969 no se volvió a hablar en Colombia de Palestina y todo el interés se enfocó en Israel. Aunque Colombia reprobó las pretensiones israelíes de anexar Jerusalén Oriental, en 1974 no aprobó la participación de la OLP como miembro observador de la ONU, y en 1975 no aprobó la resolución que asoció el sionismo al racismo. En 1996 se constituyó la Misión Permanente de Palestina en Bogotá, y pasando por alto otros sucesos, en 2012 cuando se votaba en la Asamblea de la ONU la aceptación de Palestina como miembro observador, y el cual fue aprobado por 138 países, Colombia fue uno de los 41 países que se abstuvo de votar.

Colombia y sus cancilleres guardaron silencio muchas veces ante la situación palestina y las muchas operaciones militares, que han causado la muerte de miles de palestinos a través de los años. Por eso fue bueno leer dos artículos donde se les confronta, ante esa carta que le enviaron a usted muchos de ellos, en protesta por su apoyo a Palestina, y que evidencia el doble rasero con que se habían manejado las relaciones internacionales. Por fortuna usted dio la instrucción hace unos meses de alinear una nueva política exterior hacia Palestina y de que Colombia deje de abstenerse en votaciones claves sobre el tema, en Organismos Internacionales.

Israel había fortalecido su relación comercial con Colombia sobre todo en la compra de armas, la que todos los gobiernos privilegiaron. Sabemos que a usted le tocó recibir la herencia del anterior gobierno, de una compra multimillonaria de armas a Israel, y también que algunas serán entregadas el año entrante. Este gobierno que se denomina de paz y de vida, debe seguir favoreciendo, como usted lo ha hecho en el presupuesto de la Nación, la educación por encima de las armas, educación que deseamos tenga presente en Historia y Geografía a Palestina. Creemos que debe analizarse la real necesidad de invertir tanto en armas. Consideramos muy pertinente su propuesta e invitación a otros países suramericanos de congelar la compra de armas, a los países que no apoyaron el cese el fuego, tan urgente. Y esa unión que usted convoca, debe dar un ejemplo de una Suramérica que quiere paz y progreso social.

En marzo de 2012, se empezó a negociar un TLC con Israel que terminó aprobando y reconociendo a empresas ubicadas en territorios ocupados, con muchos productos palestinos, que perdieron su origen y que esperamos que, en defensa de lo justo, usted vuelva a revisar. En su momento se tuvieron argumentos tan simplistas, como que lo económico no tenía que ver con lo político.
En mayo de 2018, Donald Trump decidió, en contravía de la ONU, trasladar su Embajada a Jerusalén. Este estatuto especial de la ciudad, condicionado a la solución del conflicto, impedía que fuera espacio para representaciones diplomáticas, aunque se hubiera permitido que Israel se quedara con territorios que había ocupado en la guerra y que, según las normas internacionales, debía abandonar. Así, ocupó Cisjordania, Gaza y dividió Jerusalén. Esto fue un gran apoyo para Israel, que siempre ha actuado al margen de las leyes y normas, pues su declaración de Estado Nación del pueblo judío requería fortalecer su ocupación de Jerusalén y la posibilidad de declararla capital, cuando para Palestina siempre ha sido considerada como su futura capital. Así fue como en 1980, Israel declaró a Jerusalén como su capital “eterna e indivisible”, por encima de las resoluciones y el Derecho Internacional.

Ese mismo año, el Parlamento israelí aprobó la ley que define oficialmente a Israel como el “Estado Nación del pueblo judío”, reafirmando su política de apartheid, pues consideraba por fuera de esta noción a habitantes de otras religiones e idiomas, ya que, según la misma ley, el idioma oficial era el hebreo. Desconoció que el 20% de su población habla el idioma árabe, en una clara discriminación a las minorías, que terminan siendo ciudadanos de segunda clase.

En 2018, Colombia dio reconocimiento pleno a Palestina como Estado y se estableció la Embajada, al finalizar su gobierno el expresidente Juan Manuel Santos. Palestina había tenido hasta entonces una presencia como Misión Diplomática. Esta Embajada ha sido enaltecida por su Embajador Raouf Almalki, persona muy ligada a nuestro país desde su juventud, cuando estudió en una universidad colombiana y años después regresó para dar presencia diplomática de Palestina en Colombia. Por méritos propios, su calidad humana y su intelecto, ha recibido el aprecio de la comunidad palestina y árabe, y en general de la sociedad colombiana. La Embajada ha emprendido además una excelente tarea académica a través del Centro de Estudios Árabes, acercándonos a una historia y cultura de gran importancia para la humanidad y que la cultura de occidente tanto desconoció.

Pero el inicio de este proceso de la Embajada fue complejo a nivel político, pues el gobierno posterior trató de deshacer este reconocimiento y siempre mostró total menosprecio por Palestina y su comunidad. El presidente de entonces no respondió cartas ni aceptó una invitación de Palestina cuando estuvo en Israel, y actuó como un judío en el Muro de los Lamentos. Una de las cartas fue enviada por la Confederación Palestina Latinoamericana y del Caribe, COPLAC, y otra de iniciativa ciudadana, que fue firmada por cientos de reconocidas personas, solicitando ambas reconsiderar la instalación de una oficina comercial de Colombia en Jerusalén. Una forma de legitimar lo ilegal, lo que había iniciado el presidente norteamericano. Las cartas no tuvieron respuesta y la oficina fue instalada. Nos detenemos para solicitarle que revise la supuesta necesidad de tener allá esa oficina y si en verdad ha cumplido algún propósito o simplemente benefició la burocracia. Entendemos que se deben tener relaciones diplomáticas y comerciales con todos los países, pero ello no implica dar un ejemplo de irrespeto a normas internacionales ubicándola en Jerusalén, en contra de lo estipulado por la ONU.

El número de la población palestina que ha tenido que salir de su tierra o estar en calidad de refugiado en ella para salvar su vida, continúa sin detenerse. Se calcula que además de los más de 700.000 migrantes de la nabka, la guerra del 67 hizo emigrar a 500.000 palestinos más. Y ahora, cuando vemos el forzado éxodo sin salida de los civiles de Gaza, población de 2.3 millones de habitantes, que cada día se disminuye con los bombardeos o asesinatos directos, y cerca de 2 millones, 1.9, han sido desplazados y están presos en 360Km2, se empieza a vivir otra nabka sin lugar de destino ni retorno y con la mínima posibilidad de vida. La catástrofe que se vive es inhumana, viendo a un pueblo lanzado de un lado a otro para poder destruir lo existente, todo lo que tuvo, pero sin garantías de vida en el sur de Gaza, donde también ya ha habido muchos muertos y donde es casi imposible poder salir hacia Egipto. En lo corrido de este mes el ataque se acrecentó en el sur, a donde se le obligó a desplazarse a la población. Mientras tanto Israel ya prepara su dominio futuro en la zona, cuando termine de asesinar o de hacer huir sus gentes.

A la fecha ya se habla de un número de muertes que se acerca o supera los 20.000 y se informa que el 70% de esa cifra es de mujeres y niños. 8.000 niños y 6.200 mujeres han sido asesinados. Se denuncian más de 7.800 desaparecidos, entre ellos 4.700 niños y alrededor de 50.000 palestinos heridos, aunque sabemos que cada día se acrecientan las dolorosas cifras.

Se informa de alrededor de 100 periodistas asesinados y hemos visto como aún heridos siguen tratando de cumplir con su misión. No se sabe aún cúantos palestinos están sepultados bajo los grandes escombros que dejan los bombardeos constantes. La intención, lo sabemos Señor Presidente, es exterminar del todo a los palestinos y apoderarse de lo que queda del territorio palestino. Lo que pasa no puede tener otro nombre que un genocidio como usted bien expresa, y queremos como usted lo dijo, que se recuerde en el futuro, que Colombia defiende los derechos y no podrá jamás apoyar genocidios. En los hechos de ahora se evidencia que, contrariando el DI y el DIH, no ha habido ningún intento de protección a la población y parece que solo existe la intención de aniquilarla y quedarse con Gaza, donde ya va ser imposible algún retorno ante la devastación total o la muerte a la que parece están condenados todos los gazatíes.

En Cisjordania, la que desde que está ocupada ha dado su valiente resistencia, a pesar de los crímenes que se comenten en ella contra los palestinos a diario, hace tantos años, se ha recrudecido la violencia aunque hay distancia geográfica con Gaza. Desde el 7 de octubre han sido asesinados allá 278 palestinos, por militares o colonos, y han sido arrestados 4.500 palestinos. Afirmaba la ONU hace pocos meses, que este año ha sido el más mortífero en Cisjordania desde hace 15 años y ahora sufre este otro violento embate.

Allá como en Gaza, los niños hace mucho tiempo, han sido considerados objetivo de guerra, quizás con la misma teoría de quien fuera ministro de defensa, al afirmar que los niños eran “máquinas de guerra”. Los niños palestinos sin consideración alguna y a través de muchos años, se han convertido en objetivo de muerte o destrucción emocional. Israel encarcela niños palestinos de manera continua, y a veces son juzgados por tribunales militares y torturados física y sicológicamente. La detención administrativa permite arrestar niños y adultos sin que se les impute ningún delito. Israel siempre ha visto los niños como posibles terroristas y al negarles el futuro, niega también el futuro del pueblo palestino y da el argumento de que los menores que detiene son amenaza para la “seguridad nacional”, negándose a escuchar los múltiples llamados de las organizaciones de Derechos Humanos y de las defensoras de los niños.

Como usted bien sabe, con relación a la privación de la libertad de los niños, la normatividad internacional sostiene, en el artículo 37 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, que ninguno de ellos puede ser privado de su libertad ilegal o arbitrariamente. Pero para Israel ya es una práctica común y hay cientos de testimonios de la forma como los forajidos soldados arrestan violentamente a estos niños y se burlan de ellos antes de llevarlos a prisión. En junio de este año la ONU daba la cifra de 5000 palestinos presos y entre ellos 160 niños. Y entre los detenidos recientes hay más de 200 niños.
En la resolución de la partición de Palestina en 1947, se hablaba de la creación de dos Estados, algo que no se cumplió para Palestina después de esa partición que ni siquiera fue equitativa en porcentaje y en calidad del territorio, a pesar de que era un mínimo de población judía, frente a la que siempre había habitado Palestina. Con la ocupación continuada y aún vigente, Palestina ahora es sólo dos pequeñas franjas de territorio y muchos punticos en un mapa que fue suyo. El precio de muertes, y de desplazamientos forzados, se puede deducir mirando el mapa. Un mapa que se pretende quede de un solo color y trate de borrar la historia de un pueblo de historia milenaria. Por eso resaltamos la gran importancia de sus pronunciamientos donde reclama que Palestina debe ser reconocido como Estado pleno.

En ese propósito colonialista de expandir su territorio, Israel ha recurrido a los asentamientos que además de tomar la tierra cortan la movilización de los palestinos y los alejan de sus familias, sitios religiosos, o de sus cultivos. El muro que ha partido la vida de los palestinos ha sido construido para legitimar esta apropiación y en favor de los asentamientos ilegales. Ahora se calcula una población de unos 700.000 colonos, a los que con pocos requisitos se les facilitó vivir en tierra ocupada.

Lo que se denominó la barrera israelí de Cisjordania generó críticas de las Naciones Unidas y en 2004 una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, declaró su ilegalidad y pidió su desmantelamiento. Pero esto no frenó la ejecución de un proyecto que contemplaba 721 kilómetros. El muro se adentró en Cisjordania de tal forma que algunas casas de palestinos quedan cercadas o sus ventanas se encuentran frente al muro. Sus familias y cultivos ahora están separados. No pueden acudir siquiera a muchos lugares sagrados. Frente a ellos muros y militares que les recuerdan su negación de libertad y el dominio de sus vidas por los ocupantes. Y en los asentamientos los palestinos son atacados a menudo por los colonos quienes llegan hasta quemar sus cultivos de olivo. Y donde no hay muro hay vallas y alambradas custodiadas siempre con ejército dispuesto a matar.

Para Palestina no ha habido derechos. Ni siquiera el Derecho Internacional ha tenido logros en la defensa de su justa causa. Con miles de resoluciones no vinculantes que de nada han servido, la ONU no ha podido hacer más nada. El Consejo de Seguridad de este organismo, que pudiera hacer algo con una votación total de sus miembros, ha tenido siempre a países poderosos como EEUU, que lo conforman desde su inicio, y han bloqueado este actuar, colocando sus intereses por encima de los principios sobre los que deberían hacerlo y que contempla la Carta de Naciones desde su preámbulo. EEUU, gran aliado de Israel, declara ante el mundo esa unión y sigue apoyando con todo a su socio de guerras en estos ataques, y favoreciendo el negocio tan productivo de las armas, que requiere guerras. El pedido del mundo al cese el fuego, ha recibido respuesta negativa y radical por parte de ese país, que quizás podría ser el único que lograra frenar a Israel en esta barbarie, y al tiempo el gobierno israelí insiste que solo será hasta la victoria, lo que significa la muerte de todos. Hasta una congresista norteamericana republicana expresó en reciente entrevista, cuando le preguntaban cúantos palestinos más tendrían que morir, esta amoral sentencia: “Hasta que mueran todos”. Lo acaecido va contra todas las normas, pues a la población total de Gaza se le ha negado desde el inicio el derecho a la vida.

El mundo ha sido testigo de que ese genocidio largo y continuado, ha llegado sin ningún reparo moral o legal a las más atroces acciones. Con sevicia se atacan hospitales, los campos más grandes de refugiados, escuelas, caravanas de ambulancias. Y desconociendo el DIH, a Gaza se le cortaron los servicios de luz, agua, y se restringieron los ingresos posibles de combustible o comida. No existió ningún respeto o protección para la población civil. Usted citó al hospital de Al Shifa en su asedio, el cual ya fue atacado abriendo fuego contra médicos y bombardeando un almacén con los medicamentos y dispositivos médicos que les quedaban. Su director fue apresado. Al Shifa es el más grande complejo hospitalario de Gaza, cuyos médicos declaraban antes del último ataque, que tuvieron que hacer fosas comunes con 180 cadáveres. Un alto funcionario de la ONU afirmaba algo obvio: “Los hospitales no pueden ser campo de batalla”. Y por lo visto los médicos son objetivo donde estén, pues hace unos días un reconocido médico que no quiso huir, fue bombardeado en su casa con su familia. En Al Shifa dijeron que en forma selectiva buscaban cómplices de Hamas, mientras estos héroes de la medicina, tratan con lo poco que tienen, asediados por bombardeos que los cercan y tropas que ingresan, jugándose su vida, de seguir cumpliendo con su misión e intentar de salvar vidas.

En este horrible escenario, los recién nacidos prematuros sin incubadoras quedan abandonados a su suerte y ya muchos han muerto por falta de oxígeno. Cientos de palestinos heridos mueren también. No es posible realizar cirugías. Nadie se escapa de esta condena a muerte. Y como afirman las organizaciones de salud se requiere un cese al fuego para restablecer servicios básicos y urgentes e ingresar suministros. Pero escasamente, como excepción, se dan pocas horas o días de tregua y no se alcanza a resolver nada. En el absurdo de sus peticiones, el gobierno israelí continuamente da ultimátums para abandonar en horas hospitales de cientos de pacientes, lo que ha indignado a las Organizaciones mundiales de salud, pues es una condena a muerte hacerlos salir en graves condiciones y en las circunstancias de destrucción y carencia de mínimos recursos. Y ahora quedan muy pocos hospitales, en los que el hacinamiento de heridos es inmenso y muchos deben estar en el piso. A esta situación se suma el invierno que llegó, y la OMS asegura que puede haber más muertes por hipotermia, sed y hambre, que los que se han tenido por bombardeos.

Sin mencionar todos los hospitales atacados, se informa esta semana del asedio de varios días al hospital Kaman Adwan, uno de los últimos funcionales de Gaza, y el ataque directo a los desplazados que se encontraban en tiendas frente a él. Como bien lo afirman representantes de las ONG, y lo vemos a diario en noticias, el ejército israelí destruye edificios y casas con familias enteras y no hay un sitio que pueda ser seguro para ningún civil, mientras dice atacar objetivos de Hamas. Después de unos días de tregua para los intercambios de rehenes por prisioneros, y mientras el mundo entero pedía un cese el fuego definitivo, Israel actuó con mayor ferocidad, realizando más de 400 ataques al siguiente día, matando a centenares de civiles. Sea el momento de agradecerle Señor Presidente, el envío de un avión de la FAC, con ayuda humanitaria para Gaza.
En esta historia de ocupación que lleva ya 75 años se ha vivido un genocidio continuo frente al que el mundo ha callado. Un genocidio que ahora corrobora el mundo entero. Un genocidio que se ha ensañado con los niños. La causa palestina es una causa de la humanidad, lo hemos dicho siempre y lo ratificamos ahora, cuando a pesar de la ceguera de los líderes políticos, vemos grandes movilizaciones por todo el mundo en un solo grito que equivale a un “No Más” a esta barbarie y a la urgencia de una Palestina libre.

Por último, Señor Presidente, para nosotros fue una excelente noticia, su anuncio de abrir una Embajada de Colombia en Palestina, en la ciudad de Ramallah, su capital administrativa, anuncio concordante con la calidad de Estado que Colombia reconoce a Palestina. Esta decisión que usted afirma se hará efectiva en 2024, sin duda afianzará las relaciones de los dos países y ayudará mucho a la comunidad colombiana residente en Palestina, que tiene que desplazarse a Tel Avid, con todos los obstáculos, para buscar atención consular. No olvidamos que en 2015, cuando usted fue Alcalde de Bogotá, firmó el acuerdo que declaraba a Bogotá y Ramallah como ciudades hermanas. Y esa hermandad con la capital se consolida este año con la calle del barrio La Cabrera, que recibió el nombre de Estado de Palestina, por Acuerdo del Consejo Distrital.

En la defensa de la vida, de la justicia, de la libertad, de los derechos que fundamentan la dignidad humana, y de la paz anhelada para todos los pueblos, sabemos que en este momento es imposible guardar silencio. Por eso es tan importante su pronunciamiento sobre apoyar a nivel internacional y ante la ONU el reconocimiento total de Palestina y denunciar el genocidio que impunemente se realiza con el pueblo palestino. Destacamos también sus pronunciamientos sobre los niños asesinados en Palestina y el hacer recordar en escenarios internacionales como la Feria del libro de Venezuela o la COP 28, lo que ha vivido y vive ahora Palestina. Por encima de todas las críticas que ha recibido, usted se ha mantenido firme en la defensa de Palestina. El encuentro reciente con el reconocido músico Roger Waters, defensor de derechos, después de llamarlo desde su concierto a unir fuerzas contra el genocidio del pueblo palestino, fue muy significativo al sellarse portando entre los dos la bandera de Palestina. Extendemos nuestra gratitud al Ministro de Culturas, Artes y Saberes, Dr. Juan David Correa, quien también ha tenido elocuentes pronunciamientos en defensa de esta causa que nos une.

Agradecemos su voz Señor Presidente y lo acompañaremos en todo lo que emprenda, por la querida tierra palestina. Reciba nuestra gratitud inmensa por su consecuencia con sus principios, con su defensa de la vida y su definida y clara posición frente a Palestina, en esta lucha de resistencia, que nos enseñara el pueblo palestino, y que no podemos abandonar. Como decía a menudo el Maestro Eduardo Kronfly, “Palestina fue, es y será”.