31 de enero de 2023
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«Somos líderes de Vida», el grito de los líderes sociales en Colombia

29 de noviembre de 2022
29 de noviembre de 2022
Foto: Cortesía Juan Acosta
Ovidio Castro Medina

Bogotá, 30 nov (EFE).- «Darles voz a los sin voz» en asuntos que pasan por la defensa del medioambiente, los derechos humanos, la diversidad sexual o el empoderamiento de la mujer son las tareas que desarrollan los líderes sociales en Colombia y por las cuales han sido asesinados este año más de 160.

Justamente esas voces son las que recoge el libro «Somos Líderes de Vida», un trabajo de investigación del periodista Eccehomo Cetina y del escritor Juan Manuel Roca, que hoy se presentó en el Teatro Colón de Bogotá en una ceremonia a la que concurrieron los protagonistas de las 24 historias.

El libro lo financió la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (Usaid, por sus siglas en inglés) y la Fundación Panamericana para el Desarrollo (Fupad).

LO MICRO TAMBIÉN CUENTA

Sandra Quiñones, de 30 años de edad, vive en Tumaco, ciudad que tiene el segundo puerto más importante de Colombia en el Pacífico -el primero es Buenaventura- pero en la que la violencia originada en el narcotráfico dicta el día a día de sus gentes.

«Nosotros vivimos en una zona de conflicto y considero que una forma de ayudar a la comunidad es educando a los niños en la conservación del medioambiente», cuenta Quiñones a EFE.

Ella se aventuró en 2010 a dejar su ciudad para irse a estudiar tecnología del medioambiente en el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) en Medellín, capital del departamento de Antioquia, y regresó a su terruño donde se reúne al menos dos veces por semana con niños y jóvenes para ahondar en la forma en que pueden ayudar el medio ambiente y, de paso, alejarse de la violencia.

Su foco de trabajo han sido los caseríos Candelillas y de Julián Bucheli Ayerbe -en honor del primer Gobernador de Nariño, en 1904- para lo cual fundó Ecomira, organización dedicada a la recuperación de materiales aprovechables.

«En un día, a veces, se logran recuperar hasta siete toneladas de materiales que pueden ser plástico, cartón, aluminio y la chatarra que, de otra manera, terminarían en los ríos y cañadas» de la región en la que dicen que hace frío cuando el termómetro marca menos de 25 grados Celsius.

De esa actividad derivan su sustento familias de la región en la que hay fuerte presencia de las disidencias de las FARC, el Clan del Golfo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y bandas dedicadas al narcotráfico que se asocian con carteles mexicanos de las drogas.

«Mi liderazgo lo desarrollo formando niños y jóvenes para que multipliquen las tareas que sirven para cuidar el medio ambiente y eso está relacionado con la paz que tanto necesita Colombia”, asegura.

EN EL OTRO EXTREMO

En la otra frontera está Carlos Jiménez Moncada, que vive y desarrolla su actividad en Sardinata, población de la convulsa región del Catatumbo, fronteriza con Venezuela.

Su punta de lanza ha sido una plataforma Irradiarte, en donde un grupo de jóvenes pone a la comunidad al día con toda la información de la región.

La transformación del territorio es su mayor compromiso, por eso, desde que regresó a su tierra natal luego de estudiar comunicación social, se ha dedicado a buscar darle visibilidad «a los que no tienen visibilidad», como es el caso de la comunidad LGTBIQ+ y las mujeres.

Para él desde la diversidad se rompen los paradigmas que existen en su región y que tiene que ver con las costumbres machistas y «tan homofóbicas del Catatumbo».

Pero su lucha no para ahí. También busca darle más realce al papel de la mujer para lo cual organizó a un grupo de ellas que desarrollan actividades de reciclaje y también actividades artísticas realizando murales.

«Nosotros en conjunto, la sociedad en general, podemos dar pasos agigantados y pasar de manera pacífica a lo que todos buscamos que es una Colombia que busca la tranquilidad total en medio de algunas complejidades», concluye. EFE