15 de junio de 2026

El ideario político de Gaitán a los 70 años de “El Bogotazo

9 de abril de 2018
9 de abril de 2018

 

Jorge Eliécer Gaitán. Imagen Senado de la República.

Al cumplirse hoy, 9 de abril, setenta años de “El Bogotazo”, cuando fue asesinado el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, publicamos un informe especial sobre su ideario político, cuyas tesis centrales aún son debatidas en la actual campaña electoral, confirmando su vigencia.

Su autor es el escritor y periodista Jorge Emilio Sierra Montoya, columnista de EJE 21, quien en los próximos días dictará una conferencia en tal sentido ante la Academia Santanderista de Colombia, basado en su libro “El pensamiento político de Gaitán”.

“Yo no soy un hombre; soy un pueblo”, es el tema que se aborda a continuación.

“Yo no soy un hombre; soy un pueblo”: Gaitán 

Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

Jorge Eliécer Gaitán se presentó siempre como un hijo del pueblo y solía recurrir a ese hecho para explicar la persecución de que era víctima, aún en su propio partido liberal.

“La oligarquía, el país político -respondía en 1946 al defender su candidatura presidencial-, no comprenden que pueda ser candidato a la Presidencia de la República uno de vosotros, los del país nacional, sin el previo permiso o asentimiento de ellos, aun cuando lo sea en nombre de la República y por autoridad del pueblo”.

“No pueden ni quieren entender -agregaba- que la Presidencia de Colombia pueda ser ocupada por gente distinta del oligarca en persona, del secretario o de aquel que sincera o insinceramente se le someta”.

La identificación de Gaitán con el país nacional era, pues, absoluta y se sentía orgulloso de ello. De lo cual se concluye que rendía culto especial a los sectores populares, los mismos que precisamente lo seguían con devoción.

Algunos aspectos políticos

Pero, ese culto al pueblo no era gratuito, ni fruto de un simple arrebato demagógico, ni se reducía a una cuestión personal, dado su muy conocido origen humilde. No. El asunto tenía también profundas connotaciones políticas, según veremos a continuación.

Así, en 1947, en la Plataforma del Colón, sentenciaba que “el partido liberal de Colombia es el partido del pueblo”. Su culto al pueblo, en consecuencia, tenía causas políticas a la luz tanto de los principios de la democracia como de aquellos que fundamentan al liberalismo.

De ahí que entonces cuestionara los estatutos de su partido y el hecho de que en éste se escogieran sus candidatos sin acudir directamente a la voluntad popular e imponiéndolos, en cambio, desde arriba, desde las altas esferas del país político que ejercía su voluntad sobre una convención de delegados escogidos por él mismo.

Gaitán proponía, por tanto, modificar los estatutos, la estructura de su partido e incluso de los dos partidos tradicionales (liberalismo y conservatismo) o, en una palabra, la política colombiana, para orientarla hacia el país nacional, hacia las mayorías populares, hacia el pueblo.

Naturalmente confiaba que en esta forma desaparecería la violencia política, restringiéndose la lucha política, partidista, al debate ideológico, con el propósito conjunto, en ambas colectividades, del bien común, del bienestar colectivo.

“El pueblo es superior a sus dirigentes”

A pesar de lo anterior, Gaitán tenía una posición realista, bastante crítica, frente al pueblo colombiano. “Pueblo alejado -llegó a decir- de las grandes corrientes intelectuales, por naturaleza perezoso, con una economía rudimentaria y casi feudal”.

Tan duro concepto justificaría, en principio, pensar cómo el mencionado culto al pueblo no era sincero, cuando no en la soberbia del líder que proclamaba su superioridad personal frente al resto de sus compatriotas.

O al menos confirmaría que no idealizaba la imagen del pueblo sino que, por el contrario, lo miraba con sano realismo, poniendo a prueba su reconocida capacidad sociológica y de la propia naturaleza de las masas populares, sumidas por lo general en la ignorancia.

No es válido, sin embargo, exagerar tales interpretaciones. Al fin y al cabo a lo largo de su obra aparecen múltiples opiniones contrarias, las cuales resaltan las virtudes del pueblo colombiano y cuya máxima expresión no es otra que ésta, pilar de su pensamiento político: “El pueblo es superior a sus dirigentes”.

Tan generosa apreciación, por cierto, la generalizaba a todos los países latinoamericanos, deducción obvia de tener igualmente conciencia de que en nuestras naciones existen regímenes oligárquicos, fruto de la falta de una auténtica democracia.

Su identidad con el pueblo, además, fue formulada en su más célebre sentencia, a modo de confesión: “Yo no soy un hombre; soy un pueblo”.

“Por la democracia, ¡a la carga!”

Dentro de ese realismo que acabamos de mencionar, tenemos que Gaitán reconocía la inmadurez política, material, cultural y moral de las masas, pues “decir lo contrario -afirmaba- es formular hipócritas elogios”, para agregar sin rodeos: “Por eso la obra en Colombia es más difícil que en pueblos avanzados”.

En este sentido, la educación del pueblo era prioritaria en su concepto. Así, como ministro de Educación fueron muchas las veces que repitió dicho argumento, mientras intentaba sentar las bases de una política educativa amplia que apenas logró esbozar desde el gobierno.

Terminemos diciendo que Gaitán tenía fe ciega en el apoyo del pueblo, del país nacional, a sus tesis. En efecto, aunque aceptaba las dificultades y los numerosos obstáculos que se levantaban en contra de sus esfuerzos, esperaba finalmente derrotar al país político, a la oligarquía.

Baste repetir de nuevo sus consignas, pronunciadas al concluir sus últimos discursos:

“Pueblo: Por la restauración moral de la República, ¡a la carga!”

“Pueblo: Por la democracia, ¡a la carga!”

“Pueblo: Por la victoria, ¡a la carga!”

(*) Magister en Ciencia Política de la Universidad Javeriana y autor del libro “El pensamiento político de Gaitán”.