1 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La Lámpara de Aladino

Por Tomás Nieto
23 de junio de 2015
Por Tomás Nieto
23 de junio de 2015

Hombre de chispa adelantada,  el gran amigo caldense Jairo Arcila Arbeláez suele ponerle buenas dosis de sal y pimienta a la vida.

Tras aconsejarles a las mujeres que se cuiden de lo que piden, suelta es simpatiquísimo rollo que está como para mandar a enmarcar o mantener al alcance de la mano:

Una mujer se encuentra una Lámpara de Aladino.

Inmediatamente la frota y, como es lo usual, sale un Genio provisto de gran turbante.

La mujer mira al Genio y le pide un deseo:

– Quiero que mi marido me mire solo a mí,

– Que Yo sea la única,

– Que desayune, coma y duerma siempre a mi lado,

– Que cuando se levante sea lo primero que agarre.

– Que no me deje ni para ir al baño,

– Que viaje siempre conmigo,

– Que me cuide, me contemple,

– Que si me pierdo un segundo, se desespere, y me diga la falta que le hago.

– Que nunca me deje sola y me lleve a todas partes con él….

…y… …¡zuasssss!….

¡La convirtió en un Celular!

UN PAR DE APORTES GARDELIANOS

El historiador musical Jaime Rico Salazar, hijo muy ilustre de Anserma, La Abuela de Caldas, le acaba de dirigir este mensaje a Orlando Cadavid Correa:

“Yo recuerdo haber leído una entrevista que le hicieron a Antonio Henao Gaviria en la que decía que él estaba en un programa en una emisora de Medellin cuando le avisaron lo  del accidente de Gardel y que inmediatamente se fue para el aeropuerto y estuvo trasmitiendo lo que alli estaba pasando. El no presenció el accidente.

En relación con la guitarra quemada de Gardel, hay algo muy simpático. En un pasaje comercial que da salida a la avenida Palace había un almacén que vendía instrumentos musicales,  propiedad de un señor Rogelio Vélez, (el almacén todavía existe pero ya es de otro dueño) y en la ventana de exhibición que da a la calle mantenía una guitarra quemada, chamuscada que decía era la guitarra de Gardel. Y la vendía por pedacitos. No sé cuantas guitarras vendió en esta forma.  Yo lo vi con mis propios ojos. Cordial saludo, Jaime Rico Salazar”.

¿USTED NO SABE QUIÉN SOY YO?

El periodista José Portaccio Fontalvo reveló, en esta carta dirigida a El Espectador, el mal momento que pasó alguna vez, en Cartagena, el maestro Agustín Lara:

“Ahora que está en boga la célebre frase de “¿usted no sabe quién soy yo?”, viene a colación un incidente que sucedió hace 60 años con ocasión de la visita que por primera vez hizo el gran pianista y compositor mejicano Agustín Lara, invitado con su orquesta para amenizar el acto solemne de la coronación de la señorita Colombia 1955, Esperanza Gallón Domínguez, en el Teatro Cartagena.

Según el investigador musical Álvaro Ruiz H., cuando el maestro intentó ingresar al teatro, un portero arrogante, que no tenía idea de quién era el personaje, impidió en principio su entrada. El maestro seriamente enfadado lo increpó tratando de entrar sin resultado. Fue entonces cuando lo gritó diciéndole “¿Usted no sabe quién soy yo?, Yo soy Agustín Lara”.

Eso no le bastó al vigilante quien insistió en no dejarlo entrar. Afortunadamente, uno de los directivos del evento terció en dicho impase, le presentó excusas invitándolo a entrar y de esa forma se dio por concluido ese difícil momento.

Al terminar el acto de coronación, amenizado con los violines de su orquesta, la reina muy contenta lo invitó a los festejos, pero el maestro, que siguió resentido, rechazó amablemente el gesto de Esperanza Gallón.

De esa forma, Agustín Lara se convirtió 60 años atrás en el pionero de la hoy  popular frase “¿Usted no sabe quién soy yo?”. Finalmente, el maestro jamás nos volvió a visitar”.(José Portaccio Fontalvo. Bogotá).

Un incidente parecido

Cuando el inmortal “jibarito” Rafael Hernández estuvo en Medellín con su glorioso Grupo “Victoria”, en la década de los 50,  tenía proyectada una serie de presentaciones en los sitios más encopetados de la Bella Villa.

Al tratar de hacer su ingreso, con su conjunto, a la sede del Club Campestre, se le negó la entrada al célebre compositor portorriqueño porque –léase bien—era de color negro, como la mayoría de los integrantes de su agrupación.

La repugnante medida racista no la tomó el portero del club sino uno de los miembros principales de la junta directiva y dio al traste con el show del elenco musical.

La detestable actitud desencadenó una serie de protestas en los medios de comunicación de Antioquia y la suspensión de la gira del “Victoria” por otras ciudades colombianas.

¡Qué vergüenza!