20 de octubre de 2021
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Réquiem por María Bonita, la de la ceja de lujo

13 de abril de 2013
13 de abril de 2013

Enrique Krauze, el mexicano que escribió la autobiografía de la  Doña, diría en el prólogo de Todas mis guerras, que ese corazón era el de Pablo su hermano, a quien suicidaron en su espléndida  primavera.

“El perfume del incesto no lo tiene otro amor”, corroboró María en una frase que habría podido firmar don José Asunción Silva, el suicida poeta colombiano que todos los días se mira con su amante y hermana Elvira en las paredes de la Casa de Poesía Silva, en el bogotano barrio de La Candelaria.

Se ponía a 12 años del centenario

María Félix se abstuvo de morir de cualquier forma. Escogió el día de sus 88 cumpleaños para abrir el paraguas y partir. Decidió irse del todo en el momento del sueño, esa “obra de ficción” como lo definió Borges.

Como a la Félix no le figuró una bella voz, para desquitarse de este lapsus, incluyó en su menú de hombres al charro Jorge Negrete, le admitió una guitarra a Pedro Infante y le alcahuetió piano, boleros y matrimonio al flaco Agustín Lara, a quien lucía como un paraguas debajo del brazo, según el chiste que les hacían sus paisanos. Tal vez su desnutrido marido le inspiró aquella metáfora: “El sexy es el hombre con el que una tiene ganas de hacer el amor cuando lo ve vestido”.

Un piloto colombiano de Avianca al que nunca identificó por discreta coquetería, alebrestó el erotismo de algunos de sus días y sus noches. Pero “le metí un poco de coco al asunto y me distancié de él”. El piloto, Ricardo Fajardo, diría que  la “separancia” se originó en incompatibilidad de mundos. Y convirtió en libro su bolero con María Bonita.

Sus legiones de admiradores

Con la venia de la sala, me declaro el más extraño de los “mariafelixólogos”. Apenas he visto alguna  de sus películas. Pero leí su autobiografía y quedé flechado, como quedó el rey Faruk, de Arabia, que le regaló durante un viaje privado a las pirámides, la diadema de Nefertari, la mujer que le mejoraba el prontuario erótico al río Nilo bañándose desnuda en él. “Yo me entrego gratis a un hombre cuando me gusta, pero no es tu caso…”. Y María Bonita le devolvió la diadema convertida en chatarra con su desplante.

La lectura del libro autobiográfico de María debería ser obligatorio para todo católico, ateo, escéptico, troglodita. Es una Biblia que les enseña a las mujeres sobre sus derechos y a los hombres nos ayuda a amarlas y respetarlas más. Fue una feminista las 24 horas del día.

Siempre le dijo al pan-pan y al vino-vino.

“Yo no estoy acostumbrada a mentir, ni siquiera en defensa propia”.

No le temía al envejecimiento

“No le temo a las canas ni la vejez sino a la falta de interés por la vida. No le tengo miedo a que me caigan los años encima, sino a caerme yo misma. Evitarlo depende de mí”.

“El amor es voz, el amor es puerta cerrada, el amor es tantas cosas, pero sobre todo es protocolo y misterio. Y eso se pierde con el trato, con la rutina diaria”, decía para cuestionar a las parejas que se atosigan. O que no se dan sus espacios, como se estila decir ahora.

Hizo de la vida un espectáculo de todas las horas. Vivió y dejó vivir. Todo con una cierta sonrisa, mezclada con goticas amargas del sarcasmo y la ironía.  Si no fuera porque tengo programadas mis  encarnaciones hasta el año 5906, me gustaría reencarnar en Ceja de Lujo, “tan bella que hace daño”, como le dijo Jean Cocteau, uno de los que disfrutó de ese casi 50% de francesa que llevaba por dentro la Doña.

Felicidades por su nacimiento y un responso por su muerte el mismo día de abril. El día de gastar se gasta. Hasta en este azar de coincidencias decidió ser original.

¿YA SABE QUE ES LA ANOSOGNOSIA?

(Autor anónimo)

Desde hace un tiempo me estaba preocupando porque: 1. No recordaba los nombres propios. 2. No encuentro nunca donde dejé algunas cosas. 3. Cuando estoy hablando, de pronto me paro y no sigo,  porque no recuerdo a veces lo que voy a decir o cómo continuar.

En fin, creía que había comenzado a tener un enemigo en mi cabeza que el nombre empezaba con A.

Esta semana, leyendo un artículo, quedé mucho más tranquilo, por eso se los quiero compartir:

«Si uno tiene conciencia de los problemas de memoria es que en realidad no los tiene»

Hay un término ANOSOGNOSIA, que indica el no darse cuenta de lo que ocurre.

La mitad de los mayores de 50 años presenta alguna falla, pero es más por la edad que de una enfermedad.

Quejarse sobre fallas de la memoria es un hecho muy frecuente en

personas de 50 años de edad para arriba. Se traduce en no poder

recordar el nombre propio de un individuo, de entrar a una habitación sin saber qué se iba a buscar, olvidar el título de una película, dónde se dejaron los anteojos o las llaves.

En estas edades, más de la mitad de los adultos presenta esta dificultad lo cual indica que más que una enfermedad es una característica de los años que se tienen.

Otras consideraciones

Muchas personas se preocupan (a veces en exceso) por estos olvidos. De aquí una afirmación importante: – «Quien es consciente de padecer de estos olvidos es quien no tiene problemas serios de memoria»

Ya que quien padece una enfermedad de la memoria «Con el inevitable fantasma del Alzheimer » no tiene registro de lo que efectivamente le pasa, ya que presenta ANOSOGNOSIA,  una palabra médica que indica, precisamente el no darse cuenta de lo que le ocurre».

TOLON  TILIN

El científico  B. Dubois, profesor de neurología de CHU Pitié-Salpêtrière, acuñó esta paradójica pero didáctica explicación válida para la mayoría de los casos de personas preocupadas por sus olvidos: «Cuanto más se quejan los sujetos de su memoria, menos probabilidades tienen de sufrir una enfermedad de la memoria».