3 de octubre de 2022
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Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Subespecialista; rosear-rociar; sería-habría sido

10 de noviembre de 2010
10 de noviembre de 2010

Extrañeza, mucha extrañeza, me causó la lectura de la siguiente nota de LA PATRIA: “En el hospital Santa Sofía gestionan la vinculación del subespecialista en hemato-oncología, Jorge Eduardo Duque Arbeláez” (Revista, Vincularán a oncólogo, X-20-10). El desconcierto me lo produjo el sustantivo ‘subespecialista’, puesto que el prefijo ‘sub-’ (“bajo o debajo de”) le da a la palabra a la cual se antepone la característica de inferioridad de alguna clase o categoría (subsuelo, subalterno, subprefecto, subclase), o de subordinación. Y aunque los diccionarios le dan otra acepción, me parece que ella no cobija al sustantivo de marras. Como muestra, ésta de El Diccionario: “2. En acepciones traslaticias puede indicar inferioridad, acción secundaria, atenuación, disminución: Subdelegado, subarrendar, soasar, sonreír”. Analizando sesudamente esta definición, se podría aceptar que la ‘subespecialización’ es una “acción secundaria”, no en importancia sino en tiempo (subsecuente), porque, de acuerdo con los que saben, sólo pueden adquirir una ‘subespecialización’ los que ya son ‘especialistas’. Por esto, Aliseda Pérez de Madrid D. afirma: “La subespecialidad está regulada en Estados Unidos con una formación específica que se realiza tras la obtención de la especialidad”. Y añade: “La subespecialidad (…) ha de constituir el profundo conocimiento y desarrollo de una serie de técnicas diagnósticas y terapéuticas centradas en una patología” (Información tomada de Google). A pesar de todo esto, no me parece que sea adecuado el uso del prefijo ‘sub-’ en dicho sustantivo. ¿Ultra, tal vez, con el sentido de ‘más allá’? Lo único que me queda claro, como dicen las doctoras Marcela Aristizábal García y Sandra Corrales Suárez, es que para ser ‘subespecialista’ hay que estudiar mucho después de haber recibido el diploma de médico general. **

El verbo ‘rosear’ existe en castellano, es intransitivo, y significa: “Mostrar color parecido al de la rosa”, como lo definen los diccionarios. El de María Moliner lo asienta, pero señala que en la actualidad su uso es muy raro, razón por la cual algunos diccionarios lo omiten. Desusado o poco usado, este verbo no es sinónimo de ‘rociar’, propiedad que le confirió Carolina Martínez Bretón en su artículo “Que las hay…”. Así redactó: “Procedió a enterrar los clavos en los tabacos, roseó estos con el aguardiente…” (LA PATRIA, X-23-10). “Roció éstos con el aguardiente…”, Carolina, porque el verbo ‘rociar’, en su segunda acepción, significa “Esparcir agua u otro líquido sobre el suelo o sobre otra cosa”, que es lo que en su narración había que hacer con el aguardiente, rociarlo, en lugar de bebérselo. ¡A propósito!, los verbos ‘rociar’ y ‘vaciar’ se conjugan como ‘enviar’. Para que vea cómo le serían de útiles los seis meses que le aconsejamos el profesor Luis López de Mesa y yo. **

Los tiempos y los modos verbales existen, no por un capricho de la gramática, sino por la necesidad de expresar adecuadamente cuándo y cómo suceden los hechos que los verbos expresan. El redactor de Primer Plano, de LA PATRIA, en lugar de escribir ‘habría sido’, escribió ‘sería’ en la siguiente oración: “Incendio de anoche en San José sería provocado” (X-11-10). El hecho sucedió, y no quedaron sino las cenizas de lo que el fuego consumió: de ahí hay que partir. Como la calamidad ocurrió, hay que echar mano del modo indicativo. Si su causa se conoce con certeza, se emplea el pasado compuesto: “El incendio fue provocado…”. Pero, como se desconoce la causa que lo produjo, hay que emplear el antepospretérito (potencial compuesto), así: “El incendio habría sido provocado…”. Porque el pospretérito (potencial simple), ‘sería’ en la oración glosada, expresa un hecho futuro con relación a un momento pasado, por ejemplo: “En un edificio construido así, cualquier incendio sería provocado”. **

Los autores de libros de autoayuda, los conferencistas que la promueven y los psicólogos dizque ‘transpersonales’ son unas hachas para inventar las que yo llamo ‘voces disparatadas’. El padre Gallo, por ejemplo, empleó el adjetivo ‘egoico-a’ (y, para colmo de males, le puso tilde), inventado no sé por quién, pues ya ocupa espacio en la Internet, y, parece, deambula libremente por muchos textos de psicología y hasta de esoterismo.  Hablan, verbigracia, del Loto egoico con sus doce pétalos. Así se despachó el autor de Oasis: “El deseo egóico de ser el más grande, puede llevar a personas y grupos a sufrir reveses y graves problemas” (LAPATRIA, X-15-10). Es muy posible que tenga razón. Pero yo creo, después de leídos superficialmente algunos textos sobre filosofías transpersonales y lotos egoicos, que el adjetivo ‘egocéntrico-a’ reemplaza con creces a este vocablo espurio, puesto que todo gira alrededor del ‘ego’ (el ‘yo’). En efecto, el egocentrismo tiene esta única acepción: “Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales”. ‘Egoísta’ y ‘ególatra’ también servirían, pero tienen un muy marcado sentido peyorativo. Quedémonos, pues, con ‘egocéntrico’, olvidémonos de ‘egoico’, y volvamos a nuestros diarios quehaceres.