27 de octubre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Gerente; sartén; resiliencia

4 de noviembre de 2010
4 de noviembre de 2010

¿Qué relación tienen los vocablos ‘estudiante, comerciante, participante, presidente, sirviente, ayudante’ y quién sabe cuántos más? Que todos son el ‘participio presente o activo’ (derivado verbal) de los respectivos verbos (estudiar, comerciar, participar, presidir, servir y ayudar). De ‘gerente’ podemos afirmar lo mismo, pues fue tomado directamente del participio presente del verbo latino ‘gérere’ (llevar algo a alguna parte, ejecutar, cumplir, etc.), gerens-gerentis (el que ejecuta). Como tales, estas palabras son variables sólo en número (estudiantes, presidentes, sirvientes, etc.). No obstante, el uso, las circunstancias o los responsables de nuestras costumbres gramaticales los despojaron de su carácter de derivados verbales y los convirtieron en sustantivos (presidente) o adjetivos (obediente). Muestra patente de esto es ‘gerente’, voz de la cual dice El Diccionario: “Gerente-ta. Masculino y femenino. Persona que lleva la gestión administrativa de una empresa o institución. Morf. Úsase también la forma en masculino para designar el femenino. ‘Ana es gerente’ ”. No hay, por lo tanto, uniformidad, fenómeno que hace castizo este titular de LA PATRIA: “Gerenta de la ILC, de vacaciones” (Economía, X-15-10). Sea como fuere, pero desoyendo las recomendaciones de la Academia para casos especiales, es más castiza e, inclusive, suena mejor la oración así: “La gerente de la ILC, de vacaciones”. Y lo mismo se debe aplicar, en el lenguaje culto, a todos los participios presentes (sustantivos o adjetivos): ‘la presidente, la estudiante, la oyente, la doliente’, etc. Y, de esta manera, habrá uniformidad en la construcción de las oraciones concernientes (no ‘concernientas’), y se disiparán las dudas que nacen de esas disparidades o ‘alternancias’, como las llama ahora la Academia de la Lengua. Porque, si se puede decir ‘la presidenta’, ¿por qué no, también, la oyenta, la dolienta o la sonrienta? Femeninos gramaticales que hasta Florence Thomas rechazaría. **

En notas anteriores, hablé de un gazapo nacional, aceptado por muchos, vapuleado por otros tantos, y bendecido por el diario bogotano El Tiempo. Me refería a ‘mugre’, sustantivo femenino (‘la mugre’), usado como masculino (‘el mugre’) por el pueblo colombiano. El mismo periódico consagró otro gazapo nacional en esta afirmación: “La diplomacia del sartén está al alza” (El Tiempo, X-17-10). ‘Sartén’, como ‘mugre’, es un sustantivo femenino, definido así por El Diccionario: “Del latín ‘sartágo-satáginis). F. Recipiente de cocina, generalmente de metal, de forma circular, poco hondo y con mango largo, que sirve para guisar”. Añade la misma fuente que en algunos lugares de América se usa también como masculino. Y es lo que asienta Alario di Filippo en su Lexicón de Colombianismos: “Se usa en Colombia como masculino por el vulgo”. En el lenguaje culto debe conservársele su naturaleza de femenino, como en el siguiente pasaje de la parte II del capítulo LXVII de Don Quijote de la Mancha:   “Paréceme -respondió Sancho- que vuesa merced es como lo que dicen: “Dijo la sartén a la caldera: Quítate allá, ojinegra”. Estame reprehendiendo que no diga refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos”. El siguiente dicho respeta también el género femenino de la palabra que le dio origen: “Tener uno la sartén por el mango”, que, llanamente, significa “ser uno dueño de la situación”. Don Rufino, sí, el señor Cuervo, tiene una teoría que podría explicar el porqué de nuestro gazapo: “Sin duda que el ser masculinos todos los sustantivos agudos en –én es la causa de que los bogotanos (y muchísimos americanos) digamos que “limpien el sartén”, “lleven un sartén”. En los libros castellanos se halla ‘la sartén’ ” (Apuntaciones, 228). Por esto, el académico don Roberto Restrepo enseña: “Sartén. Tiene género femenino, lo que muchos ignoran, por lo que llegan a deleitarse diciendo ‘el sartén’. Para usar bien el género de esta palabra bastaría recordar el adagio: “El golpe de la sartén, si no duele, tizna bien” ” (Apuntaciones Idiomáticas). O este refrán: “Saltar de la sartén y caer en las brasas”, que es lo mismo que “salir de Guatemala y caer en Guatepeor”. **

En columna anterior, esto escribí sobre ‘resiliencia’: “Entre nosotros, algunos escritores han empezado a usar ‘resiliencia’, vocablo legítimo (…), pero que la Academia aún no ha acogido en su diccionario”. De acuerdo con el cibernauta Rafaelantonio, en la próxima edición (XXIII) del Diccionario de la Real Academia Española estará asentado el sustantivo ‘resiliencia’ (¡ojalá esté también el adjetivo ‘resiliente’!). Éste fue su mensaje: “…en la edición electrónica del DRAE        aparece el vocablo en mención como avance de la vigésima tercera edición”. Incluye en su información la respectiva definición: “1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. 2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”.  Gracias al señor Rafael Antonio estamos todos enterados. Y desde esta tribuna se lo agradecemos.