17 de mayo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Ex, enredo, preposición a

24 de noviembre de 2010
24 de noviembre de 2010

Para los latinos, la partícula ‘ex’, aunque entraba en la composición de muchísimas palabras, era principalmente una preposición de ablativo, cuyo “sentido fundamental indica: el punto de partida del movimiento, la salida del interior de un objeto (por oposición a ‘in’, que indica la entrada); expresa relaciones de procedencia, origen, distancia, lugar, patria o de donde uno procede, o de donde viene o sale una cosa, etc.” (Martín Blánquez Fraile). Para nosotros, y de acuerdo con lo que asienta el diccionario de la Academia de la Lengua de 1970, es una preposición inseparable, que, “por regla general, denota más ordinariamente fuera o más allá de cierto espacio o límite de lugar o tiempo, como ‘extender, extraer, excéntrico, extemporáneo’; negación o privación, como en ‘exheredar’; encarecimiento, como en ‘exclamar’ ”. Actualmente, no le decimos ‘preposición inseparable’, sino, simplemente, ‘prefijo’, elemento que no puede utilizarse solo. El mismo diccionario añade: “2. Antepuesta a nombres de dignidades o cargos, denota que los tuvo y ya no los tiene la persona de quien se habla; v. gr.: ‘ex provincial, ex ministro’ ”. Con esta función, hoy se considera ‘adjetivo’, no sólo para los ‘ex presidentes’, sino también para los ‘ex maridos’. Circula por la Internet una información titulada “El español tiene nuevas reglas ortográficas”. En uno de sus apartes dice: “Antes los prefijos ‘ex’, ‘anti’ y ‘pro’ eran considerados como preposiciones, y por ello debían escribirse separados de la palabra a la que acompañaban. Ahora, en cambio, la RAE los considera prefijos y, como tales, deberán escribirse unidos a la base léxica si afectan a una sola palabra. ‘Antisocial’ y ‘exmarido’ son apenas dos ejemplos”  (XI-5-10). Ignoro quién escribió esto, pero hay en ello tantas imprecisiones, que parece espurio. Por ejemplo, desde hace mucho tiempo, ‘antisocial’ se ha escrito así, puesto que ‘anti-‘, ahí, es un prefijo. Y “La nueva gramática de la lengua española” (2010) le dedica unos cuantos párrafos a la partícula en estudio. El primero de ellos reza: “El prefijo ex- se integra morfológicamente a la palabra, como los demás miembros de este grupo (excarcelar, excavar). Se distingue de la variante ex. Esta otra forma, una de las más productivas entre todas las que expresan significados temporales, constituye un prefijo autónomo o separable cercano a la categoría de los adjetivos. La separabilidad no afecta, en lo fundamental, a su significado ni tampoco a la grafía que hoy se prefiere (‘ex ministro’, antiguo ministro)” (10.4g). Lo que despistó a quien escribió la nota motivo de esta glosa fue, quizás, la frase con que la Nueva Gramática cierra este párrafo: “El prefijo separable ex se registra en los textos unido a la palabra sobre la que incide (exministro), seguido de un guión (ex-ministro) o separado por un espacio blanco”. Sin lugar a dudas, los dos primeros (exministro y ex-ministro) son un error ortográfico. Descartables, aunque sea sólo para beneficio de la uniformidad. Hay más: la frase “constituye un prefijo autónomo o separable cercano a la categoría de los adjetivos” es un contrasentido, puesto que el ‘prefijo’, por naturaleza, va inseparablemente unido a una palabra, al principio de ella. No hay excepciones. Ello es que ‘ex’, cuando precede a un sustantivo, le confiere a éste la característica de algo que fue y ya no lo es. Por esto, se llama ‘adjetivo’. Elemental. **

Alrededor del 4 de noviembre, encontré en el periódico de Manizales y Caldas, en tres oportunidades,  el verbo ‘enredar’ escrito con la consonante doble ‘erre’. Documenté únicamente esta muestra: “Se enrreda entrega del cuerpo de ‘Jojoy’ ”. Cuando empecé a estudiar los fundamentos de nuestro idioma, hace ya de ello 14 lustros, en el abecedario enunciábamos la ‘ere’ y la ‘erre’. Actualmente, sólo figura la ‘ere’, que tiene dos sonidos: uno suave, que siempre se representa con ‘ere’, como en “mariposa vagarosa”; otro, fuerte, como en “que vuelas de rosa en rosa”, que se representa con ‘ere’ al comienzo del vocablo, y con ‘erre’ cuando va en medio de palabra (‘parra, gorra’), norma que no se aplica si la preceden las consonantes ‘ele’, ‘ene’ y ‘ese’, verbigracia, ‘Enrique, israelí, malrotador’. ‘Enredar’, por lo tanto, entra en este grupo, lo mismo que ‘enrumbar’, ‘enrielar’, ‘enriscado’, etc. Cuando a una palabra que empiece por ‘ere’ se le antepone un prefijo u otro componente, cambia la ‘ere’ por la ‘erre’, por ejemplo, ‘antirreligioso’, ‘autorregulación’, ‘prerrequisito’, ‘hazmerreir’, etc. Espero que el reportero culpable del ‘enredo’ lea esta nota y la aplique de aquí en adelante. Así sea. **

De El Tiempo tomé este titular: “Investigan a vacuna” (Salud, VIII-29-10). Y es el mismo diario que admite y promueve construcciones gramaticales, que, aunque bendecidas por la Academia de la Lengua y muy en boga hoy en día, no son castizas, como éstas: “Conocí Manizales”; “visité Bogotá”. Estas dos oraciones piden a gritos la preposición ‘a’ para determinar el complemento; sobra, en cambio, en el titular mencionado, pues se trata de algo indeterminado (“investigan vacuna” o “investigan una vacuna”). Ahora bien, si ‘Vacuna’ es el alias de un facineroso conocido, entonces, sí, póngale la preposición (“investigan a ‘Vacuna’”), tan necesaria en esta oración como en las de Manizales y Bogotá. ¡Sí, señor!