28 de julio de 2021
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Escritores de Calarcá

12 de noviembre de 2010
12 de noviembre de 2010

Por: Gustavo Páez Escobar
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gustavo paezCon el título “Calarcá para leer”, Álvaro López Cortés compila en un libro de 362 páginas diversos textos de escritores calarqueños, oriundos de la ciudad o que por su vinculación a ella adquirieron el carácter de hijos adoptivos. La obra fue editada por Optigraf y está embellecida con fotografías de Olga Lucía Jordán y Álvaro Jaime Ospina.

Entre estos autores están reconocidas figuras de los viejos tiempos, como Baudilio Montoya, Luis Vidales, los hermanos Humberto y Rodolfo Jaramillo Ángel; y de los tiempos actuales, Juan Manuel Roca, Esperanza Jaramillo, Jaime Lopera, Elías Alberto Mejía, José Nodier Solórzano, Umberto Senegal, Carlos Alberto Villegas… La lista es larga.

Me causa extrañeza el hecho de que no aparezcan nombres reconocidos como el de Antonio Cardona Jaramillo –Antocar–, uno de los mejores cuentistas que tuvo el país; o el de Héctor Ocampo Marín, cuyo inicio literario se produjo en Calarcá, y se trata de uno de los promotores más constantes de la literatura quindiana (fallecido en agosto pasado); o el de Javier Huérfano, el poeta del dolor, cuyas cenizas fueron inhumadas hace poco en la Casa de la Cultura de Calarcá, su ciudad nativa, al lado de las de su maestro Luis Vidales.

De todas maneras, la muestra que se ofrece presenta un panorama nítido, y muy enaltecedor para la Villa del Cacique, sobre la presencia de destacados escritores en el desarrollo espiritual de la ciudad. El libro se convierte, además, en ocasión para rememorar historias y costumbres locales, en la pluma de acuciosos reconstructores del pasado.

Y recoge páginas memorables, como el poema “Yo digo Calarcá”, escrito en 1958 por Luis Vidales, en Santiago de Chile; o “El entierro”, poema de Baudilio Montoya; o “Fugaz memoria sin retorno”, de Orlando Montoya; o “Antes que se vuelva hielo la palabra”, de Esperanza Jaramillo García; o “Las virtudes del regreso”, de Jaime Lopera Gutiérrez; o “Calarcá en la imaginación histórica de Jaramillo Ángel”, excelente pintura del urticante y famoso escritor de la comarca; o “Agente de Avianca”, de Óscar Jiménez Leal, simpática evocación de un hecho local, en la cual dice lo siguiente: “Es que el alcalde del municipio cree  que es lo mismo ser Duque en Inglaterra que ser Duque en Calarcá”.

Hay que ponderar nobles empeños como el logrado en estas páginas, que buscan recuperar la memoria regional a través de la pluma de sus escritores.  Calarcá ha tenido siempre una selecta nómina de trabajadores de la palabra. Su afán cultural es evidente. El principal motor de dicha actividad es su espléndida Casa de la Cultura, donde a lo largo del año se realizan eventos de enorme trascendencia. 

Unido al suceso que comento está el libro “Postigos: asomos y presencias literarias”, de Jaime Lopera Gutiérrez, una coedición de la Gobernación y la Universidad del Quindío. En admirable brevedad, el autor reúne una serie de reflexivos ensayos sobre el arte de escribir. Hace manifiesta su pasión por la escritura, con juiciosas divagaciones sobre el arte en general, sobre la política y la sociedad, sobre las letras quindianas, sobre la novela histórica, y sobre otros temas tratados con gran destreza conceptual. Entre ellos, debo destacar el espacio que le dedica a Vladimir Nabokov, de quien se declara devoto lector y sobre quien presenta novedosas interpretaciones.