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La interminable crisis de la Unión Europea

27 de octubre de 2010
27 de octubre de 2010

Por: Albeiro Valencia Llano

albeiroLas naciones más poderosas del mundo siguen sumergidas en su prolongada crisis. Cuando los políticos y dirigentes de la vieja Europa crearon la Unión Europea (UE), soñaban con un poderoso bloque de países, orgullosos de su pasado y con brillante futuro. Eran 27 naciones con moneda fuerte (el euro), economías aparentemente sólidas, bellas ciudades y rica tradición cultural. Un paraíso para el disfrute de la envejecida población y de los turistas.

Pero rápidamente  aparecieron los escollos: no había madurez para la moneda única, algunos países estaban muy endeudados, y existía el enfrentamiento entre naciones ricas y pobres. Como consecuencia la empobrecida Europa fue duramente golpeada por la interconexión de los mercados y por las políticas neoliberales. Querían apartarse de los mandatos de Washington, pero fueron arrastrados por la caída de Wall Street.

El modelo europeo nació prematuro

De la actual crisis está surgiendo una Europa fragmentada y dividida. La tremenda catástrofe económica golpeó a toda la población, acostumbrada a un fuerte capitalismo de Estado y al sistema paternalista, que desarrolló un sistema social envidiable: buenos salarios, atractivas vacaciones, adecuado sistema de salud y jubilación temprana. Es difícil apretarse el cinturón, pero es escabroso aproximarse, en la caída, a las condiciones de vida del tercer mundo y de los países emergentes; y observar cómo el poderío económico se desplaza hacia el oriente, empujado por la poderosa china.

En la prolongada recesión los países más golpeados son los que llegaron débiles a la UE: Grecia, Portugal, Rumania, Bulgaria, Italia, España e Irlanda; pero también están sufriendo las economías fuertes –Alemania y Francia- por el estancamiento del PIB y por la dependencia del comercio mundial. En Alemania el gobierno anunció que subirá impuestos y recortará gastos; en Polonia e Italia se congelaron los salarios y en Lituania se está aplicando una drástica política de austeridad, que incluye aumento de impuestos, reducción de los salarios públicos y recorte a las pensiones. En toda Europa la austeridad fiscal sigue frenando el crecimiento, el desempleo se aproxima al 10 por ciento, disminuyen las exportaciones, aumenta la deuda pública y privada y el sistema bancario y financiero no ha podido tapar el déficit.

El futuro es incierto por la desaceleración del crecimiento mundial y por los riesgos de una recesión con doble caída en los Estados Unidos y en Japón. Y para completar el feo panorama se les escapa el turismo, por la posibilidad de actos terroristas en Europa. El Departamento de Estado de los Estados  Unidos advirtió a sus turistas sobre la eventualidad de atentados, por parte de Al-Qaeda y otros grupos terroristas, en Europa. Al respecto el gobierno británico también aconsejó a su ciudadanos, que piensan viajar a Francia y Alemania, tomar medidas de precaución por el “alto riesgo de atentados” en dichos países. Los medios europeos informaron que los terroristas islámicos intentan secuestrar a ciudadanos occidentales y asesinarlos, en ataques parecidos a los realizados contra dos hoteles de Bombay, en noviembre de 2008.

Por último, el desplome financiero puso a prueba el euro y lo metió en una encrucijada. La UE creó un fondo con 750 mil millones de euros para prevenir moratorias de sus países débiles y proteger la moneda, pero después de la crisis griega hacen cola varias economías sospechosas. Al respecto el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, planteó sus reservas sobre el futuro del euro y afirma que se necesita mayor cooperación económica de la UE para ayudar a los países en crisis: puso como ejemplo la espiral de la muerte que puede arrastrar a España, por el aumento del desempleo como consecuencia de los ajustes que viene haciendo el Gobierno.

El chivo expiatorio

Todos los gobiernos de Europa vienen despidiendo a miles de empleados del sector público, mientras apuntalan al sector financiero para salvarlo. Los estamentos políticos, los empresarios y el sistema financiero, causantes del derrumbe económico, pretenden que los trabajadores los saquen del embrollo. Pero el pueblo y las capas medias no están dispuestos a asumir todo el peso de la crisis; un ejemplo de lo anterior es la huelga general que se desató en Grecia, como protesta por las duras medidas impuestas por el gobierno de Yorgos Papandreu y contra el mandato del FMI.

Frente a la crisis económica la ultraderecha culpa a los inmigrantes de todos los males. Hoy se busca el chivo expiatorio en todo el mundo: en Estados Unidos se señala al inmigrante latino, y en Francia a los gitanos. El caso más patético lo viene protagonizando Nicolás Sarkozy quien, ante los fracasos de su gobierno, desató la xenofobia y la cruzada anti gitana, para ganar el apoyo de la derecha. Como consecuencia el 55 por ciento de los franceses desea el regreso de la izquierda al poder, para 2012. Además, su política contra los inmigrantes recibió el rechazo internacional, por la repatriación de aproximadamente mil gitanos rumanos y búlgaros, en los últimos días.

Según la comisionada europea de Justicia y Derechos Fundamentales, Viviane Reding, las repatriaciones violan la legislación de la Comunidad Europea, que prohíbe discriminar y protege la libre circulación de sus ciudadanos en todo el territorio. El único que ha respaldado a Sarkozy, en la persecución contra los gitanos, es el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.

 

La empobrecida Europa en pie de lucha

Hoy arde Europa. El descontento se viene apoderando de la UE y crecen las protestas, pues el número de desempleados alcanza la cifra de 23 millones. Los sindicatos se tomaron las calles de las principales ciudades y desataron el caos en España, Francia, Grecia y Bélgica. En España los trabajadores inundaron las calles con mensajes pidiendo no utilizar el transporte público, no asistir a clases, ni comprar en los supermercados. No podemos olvidar que en este país hay 4,5 millones de desempleados (el 21 por ciento de la población).

Un fuerte movimiento huelguístico se está haciendo sentir en Lisboa, Roma, Atenas y París. Nicolás Sarkozy observa, espantado, la cuarta huelga de trabajadores del presente año. El 7 de septiembre dos millones de personas paralizaron las principales ciudades para protestar contra la reforma pensional, que aumenta la edad mínima de jubilación de 60 a 62 años.

Los trabajadores entienden que la crisis se apoderó de toda Europa y que es necesario unir fuerzas para enfrentarla. La lucha es contra la derecha recalcitrante y contra los reformistas de la social democracia. Los trabajadores no quieren asumir  el peso de la recesión mientras los monopolios aumentan las ganancias.

La crisis muestra el fracaso de la Unión Europea como vía hacia una sola Europa y deja al desnudo la diferencia entre los países ricos y los países pobres. Va emergiendo una Europa “tercermundista”. Los diferentes gobiernos aseguran que continuarán con las reformas; mientras tanto la catástrofe financiera va mostrando la crisis social. Lo peor está por llegar.