27 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Intriga por los zaguanes

28 de octubre de 2010
28 de octubre de 2010

OTRAPARTE
Por Óscar Domínguez G. (*)  

oscar dominguez

Ignoro si los estatutos de la reencarnación lo permiten, pero me gustaría reencarnar en arquitecto para construir casas con zaguanes. Me ahorraría el resto de la construcción.

Rompiéndole el pescuezo a la lógica, aventuro un paralelo entre zaguán y Angelina Jolie: La actriz es una boca con mujer. Podría quedarse con la boca y prescindir del resto. (Con la venia de Brad Pitt, marido y mártir).

Aprovecho que hay quórum de arquitectos en la Bella Villa, para abogar por esa tierra de nadie que separa-une el "mundanal ruido" callejero, de la intimidad doméstica.

Los arquitectos hacen magia, prestidigitación, con el aire. De un lote de engorde sacan una babel-edificio. Ven un predio baldío y se les ponen los ojos como un dos de oros de felicidad.

Lástima que ningún arquitecto tenga en su agenda construir zaguanes. Veo difícil mi campaña: no riman apartamentos, pequeños como salarios ínfimos, con zaguanes. Serían tan exóticos como la i o la jota huérfanos del puntico.

De pequeñín entraba a una casa con zaguán y de inmediato quedaba flechado por esa abrumadora nada arquitectónica. Era como llegar a ninguna parte. Y a todas, porque enseguida se abrían múltiples posibilidades arquitectónicas.

El nombre vino en el camello de algún sultán polígamo: ustuwan (pórtico).

Los he vuelto a ver en ese desafío arquitectónico donde el tiempo no usa reloj: Barichara, Santander. De inmediato se me alborotó la "zaguanería". Tengo la fundada sospecha de que fui zaguán en alguna vida olvidada.

Supongo que en las viejas construcciones era de lo más difícil de hacer. Nadie crea así no más un espacio sin nada adentro. Ignoro cuántos bocetos hacían arquitectos y máistros de obra, antes de redondear semejante silencio de ladrillo, cemento o bahareque, encargado de ponerle suspenso a lo Hitchcock a las casonas.

El zaguán fue siempre el eslabón encontrado entre el afuera y el adentro. Se necesitaban como el hueco a la cerradura, como el voyerista precisa de la complicidad de la ventana para coleccionar intimidades femeninas.

Gracias, señores arquitectos, colonizadores del espacio, colegas de mi centenario tocayo Óscar Niemeyer, por construir ventanas que permiten una mirada doble, incluyente: la casa observa lo que pasa en la calle, la calle mira, curiosa, hacia adentro.

Parejas de enamorados hacían la primaria erótico-sentimental en los zaguanes, después de consumir portón durante una buena temporada. Solo después llegarían a la tierra prometida de la sala.

Allí quedaban bajo la tutela cómplice del Corazón de Jesús, y la mirada sin alma y sin sonrisa de la suegra. Coronaban sala cuando había rumor cercano de epístola matrimonial. Claro, algunas parejas aprovechaban la soledad del zaguán para convertir besos en bebés.

Cierro el portón y me evaporo después de repetir la sencilla receta de vida del brasileño Niemeyer: "Trabajar, tener amigos, ser correctos". Cambio esa trinidad por un zaguán. O por una buena biblioteca.