19 de octubre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El rapidísimo

27 de octubre de 2010
27 de octubre de 2010

Juanma.., un pequeño adolescente que cuenta solo quince años, vivía en el altiplano cundiboyacense, una etapa pletórica de cariño derivado de sus consentidores abuelos y un excepcional amor de sus padres por tener el privilegio que se da a los primogénitos en las familias tradicionales. Su vida transcurre normalmente entre las acacias, los pinos y los cauchos que sobreabundan en la pradera capitalina del país macondiano.
En el interior de un apartamento se haya a una encendida discusión entre una mujer de 22 años, Milena, y  su novio, Heriberto, la cual obliga a la separación de los enamorados.
La desconsolada mujer, intempestivamente acude a contarlo todo a el joven imberbe, Juanma, quien está asombrado ante los reveladores hechos que provocaron la separación. Ella sutilmente, después del abrazo de Consolación, descarga sobre el pecho del infante su atribulada cabeza, provocándose un alivio intempestivo. Juanma, no sabe que hacer, empero, la hábil mujer, termina acariciándolo, y luego con audacia logra seducirlo, presuntamente para calmar aún más su pena y, sin duda, para vengarse de su enamorado que ha partido a quitar la sed de su desdén, bebiendo sin parar en la taberna del centro de la Atenas Suramericana. Una canita al aire, y todo quedó  atrás.
22 meses después, Juanma, viajó con sus padres a un municipio de clima templado al occidente de Bogotá. La tierra cundinamarquesa lo recibe con un sol radiante. En la esquina del pueblo mientras almuerza aprecia con detenimiento que una pequeña niña de solo un año, es el fiel retrato suyo, más aún cuando caminada asido a la mano de sus abuelos. "Esa niñita es igual a mi", exclamó, frente a la mirada atónita de su familia. "Como se le ocurre", le advierten sus padres. Juanma, empieza a detallar los pasos de la pequeña mujer y determina claramente que existen condiciones similares a su infancia y parecidos asombrosos cuando el gozaba de corta edad. Sus padres, comienzan a darle la razón, aunque perplejos están con el acontecimiento.
 
Juanma, apresura sus pasos, dialoga con el adulto que lleva la niña y es conducido a la casa donde mora la mamá, quien para sorpresa, al encuentro, inmediatamente, le revela que tiene una sociedad de hecho con el padre de su menor y que pronto aspiran a casarse. Le reitera hasta la saciedad que la niña no  es hija suya y que por el contrario ha sido reconocida, con el registro civil correspondiente, como descendencia de su futuro conyugue.
Las cosas no se quedarán así. Después de ires y venires todo cambia. Jaunma provoca una reunión familiar a todo nivel. Dice a sus abuelos que son bisabuelos, a sus padres que son abuelos y a sus cuatro hermanos menores que ya son tíos. En el pleno de la reunión familiar, sentencia aduciendo el honor y carácter de la familia, que por ningún motivo va a dejar que la sangre de su familia ruede sin ningún sentido por las calles de la ignominia. "Le haré frente a la situación pase lo que pase", puntualiza.
Logra su cometido de manera franca y contundente. La prueba de ADN, infalible le acalla la negación permanente de la madre. Los jueces le dan la oportunidad a Juanma de visitar la niña los fines de semana y en tiempos de vacaciones. Su familia está feliz, pues solo poseen varones de todas las edades y la hija de Juanma, se entroniza ahora como una verdadera reina, haciendo el gozo inefable en toda su extensión.
Juanma con mucho esfuerzo viaja en bus desde las cinco de la mañana y regresa al medio día, los fines de semana, para poder reencontrarse con su menor hija en el seno de su hogar paterno.
Acude a su primer año a la Universidad cuando apenas atisba los 17 años. El camino de superación por él y por su hija que le espera, es una macro responsabilidad, pero él la asume con entereza, denuedo y firmeza.
La despechada madre ha sido abandonada por quien le prometió casarse con ella. Su familia la repudia totalmente pues la ha deshonrado. Llora inconsolablemente todos los días de su vida. No come y está anoréxica. Abandonó sus estudios. Su vida en mar de lagrimas está a la deriva.
Juanma, el pequeño consolador de la tusa de aquella mujer de 22 años, ruega a Dios que le ayude para salir adelante. Recuerda con sentimientos encontrados que por un simple "rapidísimo" detrás de la nevera, su vida cambió del cielo a la tierra. Reconoce que los errores de juventud se pagan toda la vida.