18 de octubre de 2021
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Roza-rocería; gazapo de tres yemas; sublevar

8 de septiembre de 2010
8 de septiembre de 2010

El vate antioqueño, Gregorio Gutiérrez González, comienza su poema “Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquia” con esta estrofa: “Buscando en donde comenzar la Roza, / de un bosque primitivo la espesura, / treinta peones y un patrón por jefe / van recorriendo en silenciosa turba”. Con la palabra ‘roza’, los montañeros de aquellos y de estos lares designaban “la tierra rozada y limpia de las matas que naturalmente cría, para sembrar en ellas”. Llamaban también así la operación de “limpiar las tierras de malezas y matas inútiles (desyerbar) antes de la siembra”. Con esta palabra designaban, pues, no sólo el terreno para sembrar sino también la acción de ‘rozar’. Y con ellos están de acuerdo los diccionarios. Sin embargo, el redactor de “Al correr de las horas” echó mano del vocablo ‘rocería’ en lugar de aquél, al referirse al estado de abandono en que se encuentran los parques de la ciudad: “No se trata de que les falte rocería” (LA PATRIA, VIII-19-10). Aunque la mayoría de los diccionarios hace caso omiso de esta palabra, la Academia la bendijo, y lo hizo bien, porque es un vocablo bien construido, pues a su raíz (‘roc-’) le agrega la desinencia ‘–ería’, que le da su significado de acción de ‘rozar’, como ‘cacería’ (acción de ‘cazar’), formada de igual manera. Además, este redactor me dio la oportunidad de hablar del poema arriba mencionado, comparado en ocasiones con “Las Geórgicas”, de Virgilio, obra esta dedicada al amor al trabajo y a la agricultura. El poema de GGG consta de 158 estrofas de cuatro versos endecasílabos cada una; y está dividido en cuatro capítulos: Dedica el primero al terreno para el cultivo, y a la manera de hacerse los barbechos, que llaman ‘rozas’; el segundo, a la limpia de los terrenos, muy especialmente por el método de la quema, y a la siembra; el tercero, al cuidado de la sementera; y el cuarto, a la recolección y a la forma como deben alimentarse los peones. En éste, precisamente, está la estrofa, muy conocida, que dice así: “¡Salve, segunda trinidad bendita! / ¡Salve, frisoles, mazamorra, arepa! Con nombraros no más se siente hambre. ¡No muera yo sin que otra vez os vea!”. En la presentación de su trabajo a lo socios de la Escuela de Ciencias y Artes, para justificar regionalismos, dice el autor: “No estarán subrayadas las palabras / poco españolas que en mi escrito empleo, / pues como sólo para Antioquia escribo, / yo no escribo español sino antioqueño”. ¡Vale la pena leerlo todo!**

A Jacinto Cruz de Elejalde le gustan los gazapos de tres yemas. Por esto, cuando se tropieza con uno, alborozado me llama, y me dice dónde y cuándo lo encontró, sin darme más detalles. No obstante esto, lo hallé sin mucha dificultad, pues estaba, patentísimo, en el primer párrafo de un artículo de Pedro Felipe Hoyos, quien de esta manera se expresó: “También las armas del Estado de Cundinamarca lograron una victoria contra el gobernador Tacón, infringida en el Bajo Palacé por el general Baraya” (LA PATRIA, En Domingo, VIII-22-10). Es frecuente el uso de ‘infringir’ (transgredir, violar) por ‘infligir’ (ocasionar, causar, propinar), como lo hizo el redactor. Además, las victorias, don Pedro Felipe, se logran (como usted bien lo dice en la oración principal), se obtienen, se consiguen, etc., pero no se infligen. Finalmente, las preposiciones apropiadas para construir las oraciones con ‘victoria’ son ‘sobre’ y ‘frente a’. La preposición ‘contra’ se emplea más adecuadamente con ‘batalla’, por ejemplo, “San Agustín salió vencedor de su batalla contra el pecado”. El buen escritor debe escoger meticulosamente las palabras con las que va a expresar sus ideas y sus conocimientos, y ordenarlas sesudamente. De lo contrario, es mejor que les ofrezca a sus lectores una sopa de letras, que ésta, por lo menos, los alimenta.**

También el señor Plinio Apuleyo Mendoza, autor consagrado, usó equivocadamente el verbo ‘sublevar’ en la siguiente frase: “La más reciente y escandalosa detención, que ha sublevado protestas en el ámbito internacional…” (El Tiempo, Venezuela hoy, VIII-20-10). Este verbo, ‘sublevar’, valga la verdad, es transitivo (por lo que la frase podría considerarse castiza); y, por su etimología latina, significa “alzar, levantar del suelo”. No obstante esto, El Diccionario le da sólo dos acepciones: “Tr. Alzar en sedición o motín. ‘Sublevar a los soldados, al pueblo’. Se usa también como pronominal. // 2. Excitar indignación, promover sentimiento de protesta”, por ejemplo, “me sublevó (me indignó) el abrazo que Armando Benedetti le dio a Chávez”. Cuando decimos “el pueblo se sublevó” o, figuradamente, “las pasiones se sublevaron”, el verbo tratado es pronominal. En la oración del señor Apuleyo, es transitivo, puesto que tiene como complemento directo a “protestas”. Pero, como dije, no está en ella adecuadamente empleado. Debió echar mano de ‘levantar’ o de uno de sus muchos sinónimos, a saber, ‘alentar, animar, impulsar, provocar, causar, suscitar’, etc. Como siempre he dicho, el que mejor se acomode al contexto. Y todos felices.