3 de octubre de 2022
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

«Señor presidente….»

21 de septiembre de 2010
21 de septiembre de 2010

El buen recibo de que ha sido objeto por mandatarios europeos antes de su posesión y la reciente visita que hizo al Brasil en su calidad de Jefe de Estado, permiten ver un futuro prominente para el presidente Santos.

Y qué decir del gabinete nombrado para acompañarle durante su gestión (al menos en su comienzo).  Todos sus ministros expertos en los temas encomendados y con ganas de trabajar apostándole al futuro de la nación.

Eso está muy bien señor Presidente, pero así como las cosas van “viento en popa”, también se le pueden dañar fácilmente, si no le pone freno adecuado e inmediato a la violencia urbana y a lo que parece ser un fortalecimiento de la guerrilla que en menos de un mes ha perpetrado varios atentados con un sin número de víctimas de las Fuerzas Armadas.

En menos de un mes han sido asesinados e incinerados 14 policías cerca de El Doncello (Caquetá), 4 militares de la Brigada XI del Ejército que adelantaban labores de control en El Bagre (Antioquia), 2 policías muertos cerca de Tumaco (Nariño), cuando fueron sorprendidos por un campo minado de la guerrilla de las FARC, etc.

Estas acciones recurrentes de la subversión con víctimas fatales para los nuestros, dejan una mala impresión entre los colombianos que seguimos a diario las noticias, porque pareciera que la guardia se ha bajado en la lucha contra los terroristas. Ojalá yo esté equivocado.

Aquí señor Presidente, urge la necesidad de “apretar las clavijas” con la exigencia de resultados y replantear al interior de los cuarteles el trabajo de inteligencia militar, antes de que nos vuelvan a sorprender con actos nefastos que contribuyen a agrandar el dolor y el luto de centenares de familias colombianas.

LA VIOLENCIA URBANA

Pero si  las dificultades en los campos son tan grandes y la guerrilla arremete, los problemas en materia de seguridad en todas las ciudades no lo son menos.

No quiero referirme solo a Bogotá sino a todas las ciudades, donde la violencia se ha convertido en el pan de cada día.

Resulta inconcebible que los niños de algunas comunas de Medellín tengan que ir escoltados por la policía para poder asistir a sus clases en escuelas y colegios para evitar que sean víctimas de las balaceras protagonizadas por bandas rivales de esos sectores.

Según las estadísticas en el sector llamado Juan XXIII y sus alrededores existen al menos 140 bandas integradas por jóvenes de esos sectores que resuelven a balazos sus diferencias, sin importar que haya transeúntes en las vías.

En Cali, en Ibagué, en Cúcuta y en Bogotá especialmente hay sectores donde los automovilistas no se pueden detener porque mientras lo hacen, porque el semáforo encendió la luz roja,  bandas de delincuentes arrancan los espejos, las farolas, las luces de parqueo y los accesorios de los automotores ante la mirada horrorizada del conductor, que nada puede hacer para evitar el robo de las partes.

El robo de teléfonos portátiles y celulares en todas las ciudades del país, se ha convertido según las encuestas en uno de los objetivos principales de los ladrones callejeros que armados de cuchillos, obligan a sus víctimas a entregarles su teléfono para luego venderlos a precios irrisorios en el mercado negro de las principales ciudades.

Una reciente encuesta de la compañía Napoleón Franco, llamada “Bogotá, cómo vamos”, presenta unas estadísticas sencillamente aterradoras.

El 49 por ciento de los bogotanos piensa que el gobierno local debe prestar más atención a la inseguridad por encima de temas tan sensibles como la educación, el empleo y la movilidad.

Ocho de cada diez ciudadanos, según la encuesta, se sienten inseguros en las calles y no perciben que la Policía realice acciones orientadas a brindar seguridad a sus habitantes.

Para concluir, fui por desgracia, testigo del accionar de una horda de jóvenes compuesta por unos 40 muchachos entre los 15 y los 17 años, que al grito “Somos la Amenaza del Norte”, asaltaron una pequeña cigarrería de esta ciudad para proveerse de licor. Como el dependiente no les quiso regalar el licor, simplemente lo atacaron con cuchillos y procedieron a robar.

Estos pocos ejemplos generan desconfianza en la gestión del gobierno por parte de los ciudadanos.

Si los alcaldes no son capaces de poner orden en su casa, le pido como ciudadano al presidente Santos que acuda a fórmulas extremas para combatir la inseguridad urbana, antes que sea demasiado tarde. Igual para cumplir con el deber constitucional de "defender la vida, honra y bienes de los ciudadanos".

Sé de antemano que esa no es función del Presidente de la República, pero las circunstancias obligan a ello antes que se descuaderne el país, ante la débil actitud de las autoridades de las principales ciudades en la aplicación de normas severas para combatir el crimen.