16 de octubre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Merejo-metátesis; importante; Quemar las naves; adinerado

16 de septiembre de 2010
16 de septiembre de 2010

El señor Luis Guillermo Márquez Buitrago quiere saber quién fue Merejo. Según la Enciclopedia Uteha, tal es el nombre de una “aldea del mun. español de Mugía, La Coruña, de 165 h.”. Y es también apellido de algunas familias. Pero no es esto lo que el corresponsal desea saber. Para hablar de Merejo hay que tener en cuenta, antes de poner el punto sobre la i, la ‘metátesis’, que, de acuerdo con cualquier fuente, consiste en cambiarle de lugar, dentro de una palabra, a una letra o a una sílaba. Ésa, que fue figura de dicción, la empleó todo un pueblo con el verbo ‘magullar’, que escribía y pronunciaba ‘mallugar’. Y, así, decíamos: “Ese aguacate está mallugado”. Aunque El Diccionario lo asienta como venezolanismo, el académico Roberto Restrepo dice de él: “Mallugar. Así dicen los necios en lugar de magullar”. Sea como fuere, ‘magullar’ es el vocablo castizo. De regreso al punto de partida, y si le creemos al señor Alario di Filippo, ‘Merejo’ es el resultado de una ‘metátesis’, que explica así: “Merejo. Diminutivo familiar de Hermenegildo, derivado de Meregildo, como se dice por metátesis vulgar” (Lexicón de Colombianismos). No creo que ‘Merejo’ haya sido un personaje importante, como lo fueron Alfonso López Pumarejo o Laureano Gómez Castro; pero sí pudo ser uno proverbial (conocido de todo el mundo), posiblemente de Manzanares, Supía, Apía, Neira, Salento o quién sabe de dónde, puesto que dejó su legado en aquella exageración que dice “Come más que la llaga de Merejo”, a la que le agregan “que se comió una pata de palo”. En los pueblos de Caldas, Antioquia, y, seguramente, de muchos otros departamentos colombianos, hubo proliferación de pordioseros, cuya tarjeta comercial era una llaga en una de sus piernas, de varios centímetros de diámetro, viscosa, purulenta y multicolor, que movía a la gente a “mandarse la mano al dril”. Se decía que la tal llaga era artificial en muchos casos. Natural o hechiza, la costumbre de exhibirla produjo la expresión “pelar la llaga”, cuyo significado literal es evidente, pero que figuradamente, como lo explica Jacinto Cruz de Elejalde, quiere decir “mostrarles a los demás las miserias que nos humillan, los defectos que nos avergüenzan, las enfermedades que sufrimos, y, en general, las desgracias que nos afligen, para conmoverlos y aprovecharnos de sus buenos sentimientos”. De todo esto se deduce la ‘importancia’ de llamarse Merejo, hipocorístico de Meregildo, metátesis de Hermenegildo.**

De acuerdo con la definición de ‘importancia’, el adjetivo ‘importante’ es esencialmente positivo. En efecto, ‘importancia’ es la “Cualidad de lo que es muy conveniente o interesante,  o de mucha entidad o consecuencia”, como la define una institución antiquísima y muy venerable. Razón por la cual es un contrasentido hablar de un delito o de una desgracia  importantes. Para calificarlos existen otros adjetivos, como ‘atroz, inhumano, el primero; desoladora, aterradora’, la segunda. Por lo mismo, es inapropiado el uso de ‘importante’ en las siguientes oraciones del editorial de LA PATRIA: “…y la dinámica de la ciudad se paralizó de manera importante”; “…y las actividades económicas descendieron en forma importante” (VIII-29-10). En la primera, el adjetivo justo pudo ser ‘preocupante’. O ‘alarmante’. Y en la segunda, ‘estrepitosa’. O ‘peligrosa’. ‘Alarmante’, como la situación en que se encuentra el cuidado de la salud en el Departamento.**

Aunque tuve que invadir predios ajenos, el cibernauta Fernando Henao me dio la oportunidad de disfrutar de un inmerecido reposo. Él quiere saber si Hernán Cortés en realidad “quemó las naves”, hecho que fue negado en el programa de televisión “Saber y ganar” (VIII-31-10). “Quemar las naves” significa “tomar una decisión extrema”. La respuesta a la pregunta de don Fernando la dio el autor Luis Junceda de esta manera: “Quemar las naves. Se dice así en alusión al osado rasgo de Hernán Cortés, quien, temeroso de que algunos de sus capitanes llegasen a abandonarle regresando subrepticiamente a la isla de Cuba, ordenó secretamente que los navíos expedicionarios fondeados en aguas de Veracruz fuesen barrenados y dados de través. Así se hizo, en efecto, aunque luego la leyenda, conforme al dicho, haya venido a afirmar que (las naves) fueron ‘quemadas’ ” (Diccionario de refranes, dichos y proverbios). Pero, si aún no sabemos dónde nació Cristóbal Colón…

“La gente adinerada suele cuidar con esmero sus propiedades”. En esta oración hay dos aspectos que merecen atención: El primero, que el adjetivo es ‘adinerado’, no ‘dinerado’, porque es, prácticamente, el participio pasivo de ‘adinerarse’ (“hacerse rico”); el segundo, que en ella no hay ningún verbo auxiliar, ya que éstos (‘ser’ y ‘haber’) se emplean sólo para la formación de los tiempos compuestos y para algunas inflexiones verbales de la conjugación pasiva. La oración citada consta sólo de sujeto (gente), verbo (suele) y predicado (cuidar)  -o, si lo prefiere, sujeto y predicado, incluido en éste el verbo-; acompañado, el sujeto, por un adjetivo calificativo; y el predicado, por un complemento circunstancial de modo. Tampoco hay adverbios, don Víctor R. Ramírez. Podemos, sí, ponerle uno, sustituyendo el complemento “con esmero” por “esmeradamente”, adverbio de modo. ¡Quisquillas gramaticales!