20 de octubre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La investigación no se puede dejar morir.

8 de septiembre de 2010
8 de septiembre de 2010

Esta teoría  fue confirmada por las declaraciones que a un medio radial hizo el Fiscal General de la Nación (e), Guillermo Mendoza Diago, quien al referirse al caso del carro bomba detonado el 12 de Agosto en Bogotá, manifestó su desconcierto porque aunque hay varias personas detenidas, no se ha podido precisar si su autoría fue de origen guerrillero, político  o de simples terroristas urbanos.

Mendoza Diago quien reemplazó en ese cargo a Mario Iguarán, asumió que aunque hay varios detenidos, no se puede decir con exactitud hasta el momento de dónde provino el atentado, si fueron guerrilleros o fracciones políticas de extrema derecha o de extrema izquierda.

Y peor aún, no se conoce si la activación del carro bomba de la calle 67 con carrera 7ª, frente a las instalaciones de la cadena radial Caracol, fue un mensaje de “saludo” al recién posesionado presidente Juan Manuel Santos por parte de la subversión o un “recorderis” al nuevo Jefe del Estado de que los “carros bomba” existen como medio de presión para lograr insospechados y proclives resultados.

Lo único cierto es que los colombianos no podemos, al costo que sea, regresar la historia y volver a ser víctimas de estos atentados terroristas que durante los años 90 dejaron sangre, luto y un amargo recuerdo en el corazón de miles de familias inocentes, independientemente del origen que hayan tenido esas acciones.

Quienes no han tenido la desgracia de sufrir las consecuencias o ser testigos de esas pavorosas andanadas, no saben exactamente la dimensión  que tiene un acto de estas características, cuyas víctimas generalmente son personas inocentes, totalmente ajenas a los conflictos que originaron la arremetida.

Quienes vivimos en Bogotá y por razones estrictamente profesionales (periodistas), no podemos olvidar las sobrecogedoras escenas de los ataques perpetrados contra las instalaciones del Club el Nogal hace 8 años, el Centro Comercial de la calle 93, el de la calle 26 con carrera 7ª donde fueron incinerados al menos 30 automotores, o el de la zona comercial del Barrio Quirigua donde fue activado un “carro bomba” durante la celebración del Día de la Madre, en el que perecieron personas inocentes que buscaban en ese comercio un regalo para su progenitora en su día.

Esto para no hacer referencia solo al caso de Bogotá, sin olvidar el ocurrido en el Centro Comercial El Tesoro de Medellín, el atentado dinamitero contra el avión de Avianca en Soacha y los cometidos en otras ciudades de Colombia que con el ánimo perverso de destruir, nada distinto le aportaron a nuestras sociedad, que no fuera terror, luto y dolor.

Hoy más que nunca es necesario que todos nos unamos alrededor del gobierno del presidente Santos y de nuestro país, convirtiéndonos en vigilantes de nuestra propia seguridad y la de nuestras familias.