25 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Comparendo; concordancia; sigo-mismo

21 de septiembre de 2010
21 de septiembre de 2010

Palabra bien estructurada,  ‘comparendo’. Sin embargo, la Academia de la Lengua aún no le ha dado el “nihil obstat”, y el animador del programa matutino de RCN, Muy buenos días (IX-1-10), Jotamario, afirmó que es un exabrupto y, según mi consueta, la confundió con la infracción, información que puse en tela de juicio, porque no creo que el presentador esté así de embolatado. Es, además, un vocablo que ya pertenece –y, como digo, con méritos suficientes- a nuestro léxico. Este sustantivo viene del participio futuro pasivo (‘comparendus-a-um’) del verbo latino ‘comparére’ (“Aparecer, comparecer, dejarse ver, manifestarse”), acción que tratan de evitar por todos los medios los infractores de las leyes de tránsito, y de otras, por descontado. Por esto, y aunque la pone en letra cursiva para indicar que es una palabra poco usada o anticuada, el diccionario de María Moliner da de ella esta definición: “Comparendo. (Del latín ‘comparendus’, el que debe comparecer). m. Der. Comunicación en que se ordena comparecer a alguien”. Sería, pues, muy oportuno advertirles a los responsables de la próxima edición del Diccionario de la Lengua Española que entre ‘compareciente’ y ‘comparente’ hay un espacio para ‘comparendo’. Sin embargo, no se pueden confundir la ‘multa’ y el ‘comparendo’, como lo hizo El Tiempo en esta oración: “Ahora, los comparendos se pagan por Internet” (IX-2-10). Y esto, creo yo, pudo ser lo que criticó el periodista.**

En la obra más importante del castellano, se encuentran estas dos oraciones: “Don Quijote soy –replicó don Quijote-, el que profeso socorrer y ayudar en sus necesidades a los vivos y a los muertos” (II-LV); “-Sí soy –respondió Sancho-, y soy quien la merece tan bien como otro cualquiera…” (II-XXXII). A la señora Isabel Jaramillo le fastidió esta oración de LA PATRIA: “Somos la entidad que ejercemos la potestad sancionatoria del estado en materia sancionatoria” (“Cuenta regresiva para investigados por chuzadas”, VIII-22-10). En esta oración es manifiesta la falta de concordancia, puesto que en ella el antecedente del relativo ‘que’ es un sustantivo singular femenino (aunque aquí no importa el género), por lo que debió construirse de esta manera: “Somos la entidad que ejerce…”. En las dos citas de Cervantes, el asunto es más complicado, puesto que en la primera el verbo concuerda con el sujeto (como en la definición de Dios “Yo soy el que soy”); y en la segunda, con el pronombre relativo ‘quien’, que puede ser reemplazado por ‘el que’. Considerada la lógica gramatical, como lo expuse en otra oportunidad, lo castizo sería que el verbo concordara con el sujeto, como en la definición de Dios, pero no se pueden tildar de equivocadas las frases en las que el verbo concuerda con el pronombre personal, antecedente del relativo ‘que’, por ejemplo, “fui yo el que (quien) dijo lo que dijo”, en lugar de “fui yo el que dije lo que dije”. Esta incertidumbre se presenta sólo con los pronombres de primera y segunda personas, singular y plural. Con este número, es más fácil disipar dicha incertidumbre, verbigracia, “Fuimos nosotros los que cometimos esa imprudencia”, que suena mejor que “fuimos nosotros los que cometieron…”. Un oído atento y un análisis completo pueden ayudarle al redactor a escoger la construcción más apropiada.**

¡Hay que vivir para leerlo, y hay que leerlo para creerlo! Esto escribió el sacerdote Luis Felipe Gómez Restrepo, S.J.: “Espiritualmente, hoy se habla de la necesidad de una reconciliación de sigo-mismo con los demás, con la naturaleza, con Dios…”. ¿En dónde quedaron, padre, el migo-mismo y el tigo-mismo? ¿Olvidó usted, señor, que la partícula ‘go’ no es más que un recurso semántico para darle eufonía a los complementos circunstanciales ‘conmigo’, ‘contigo’ y ‘consigo’? Supuse, después de reponerme del ahogo que me causó semejante necedad, que no podía ser otra cosa que un lapsus. Pero, luego, pensé que se trataba quizás de una ‘innovación’ de sicólogos o consejeros despistados. Y, en efecto, encontré el terminacho en ese fenomenal buscador de Internet, que todos conocemos y al que acudimos todos. Parece que son muchos los miembros de esa cofradía o clan o sociedad o familia o hermandad de sus cultores. Del sinnúmero de entradas que hay, escogí al azar estas dos: “Promover la interacción con ‘sigo mismo’ y con la naturaleza…”; “Competencias laborales con ‘sigomismo’ con la naturaleza, con los demás…”. En estas frases, por lo menos, aparece la preposición ‘con’. Pero el engendro está expresado de tres maneras diferentes en las respectivas citas, así: “Sigo-mismo, sigo mismo, y sigomismo”. Estas ideas, si yo (no ‘migo-mismo’) entendí bien, se pueden expresar en castellano, como siempre se ha hecho, de esta manera: “Espiritualmente, hoy se habla de la necesidad de una reconciliación de uno mismo (o de nosotros mismos) con los demás, con la naturaleza, con Dios…”. El padre Félix Restrepo, S.J., debe de estar en el Más allá esperando, con un réspice preparado, al padre Luis Felipe, su cohermano, por el abuso que éste cometió contra el idioma que él con devoción cultivó, y defendió con ahínco y mucha autoridad. ¡Sí, señor!